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jueves, 15 de julio de 2010
A ver si entendemos... "écrasez l'infâme"
martes, 11 de mayo de 2010
Verdades
lunes, 22 de junio de 2009
Sobre un moro inglés
“Moro se ha hecho una casa en Chelsea. Allí, él conversa con su esposa, su hijo, su nuera, sus tres hijas y sus esposos, con once nietos. No existe hombre vivo tan afectuoso como él; ama a su anciana esposa como si fuera una joven doncella.
“Diría que su casa es la Academia de Platón, si no fuese una injusticia compararla con una academia donde las disputas sobre números y cifras era rara vez interrumpidas por disquisiciones acerca de las virtudes morales. Prefiero llamar su casa una Escuela de Cristiandad; pues no hay ni uno allí que no estudie las ciencias liberales, cuyo especial cuidado no sean la piedad y la virtud. Ni peleas ni palabras intemperadas se escuchan; la vagancia nunca se ve.
“No tuvo que sufrir que ninguno de sus sirvientes se diera a las cartas o los dados; sino que permitió que algunos de ellos cuidaran del jardín, asignando a cada uno su terreno; algunos, también, les enseñó a cantar, a algunos a tocar el órgano. Los hombres habitaban un ala de la casa; las mujeres la otra. Solía, antes de ir a dormir, reunirlos a todos y decir algunas oraciones con ellos. No tuvo que sufrir que ninguno de ellos faltase a Misa los domingos o días santos; y en las grandes festividades les ordenaba velar hasta los maitines. Solía tener a alguien que leyera durante la comida, y al terminar, solía preguntar a los demás qué habían entendido de tal o cual pasaje; y así se aseguraba una amistosa comunicación, recreando a todos los hombres allí presentes con alguna broma u otra cosa."
jueves, 18 de junio de 2009
La familia como "bloque edilicio fundamental de la sociedad medieval"
La Edad Media sigue siendo en muchos sentidos un misterio para los hombres de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Tantos son los prejuicios, los preconceptos, las leyendas, derivadas de la ideología progresista que pretende que el desarrollo de la humanidad ha seguido una línea recta de desarrollo desde las cavernas hasta los viajes interestelares.
Uno de estos prejuicios está asociado a la consideración de la niñez en tiempos medievales. Suponemos que, como todos hemos escuchado historias de nuestros padres o abuelos acerca de cómo los castigaban físicamente o del excesivo temor reverencial que tenían hacia sus mayores, extrapolando unos cuantos cientos de años en forma recta, los medievales deben haber sido terribles con sus hijos.
Bueno, nada más lejos de la realidad. Ya en el caso de la mujer, en el trabajo de Mme. Pernoud al que nos referimos antes, la insigne medievalista señalaba cómo mucho de la denigración de la mujer (que dio por reacción el feminismo) tenía su origen en la Ilustración y, posteriormente, en la moralidad victoriana (extendida en todo el mundo hacia fines del siglo XIX).
En el caso de los niños pasó algo similar durante la llamada Revolución Industrial. Ya Dickens denunciaba la situación de la niñez en el medio urbano, contrapuesta con la misma situación en el medio rural. Pero en el caso británico, el campo también se encontraba “revolucionado”, tras años de un proceso bastante largo de apropiación de tierras comunales y consuetudinarias, de colocación de alambrados, tranqueras y pircas divisorias, de hambrunas y de explotación tecnológica y química del suelo. Ejemplos paradigmáticos de esto pueden encontrarse en Inglaterra durante la discusión de las “leyes de pobres”, en Irlanda con la “hambruna de la papa” y en Escocia con la “limpieza de las Tierras Altas”. De hecho, estudios arqueológicos y forenses que fueron divulgados en su momento por la revista The Economist hace varios años demostraban que los niños del Antiguo Régimen tenían un nivel de vida muchísimo mejor que el de los niños entre el siglo XVIII y mediados del XX, sólo comparable al de los niños ingleses de la actualidad.
[A quien le interese profundizar en el tema de los niños y adolescentes en la Edad Media, recomiendo el hilo “The Medieval Child” en el sitio Medieval History, de Melissa Snell, una historiadora de la Universidad de Texas, que elabora sobre la base de sus propias in de las investigaciones de célebres medievalistas como Barbara Hanawalt (Oxford), Frances y Joseph Gies (Michigan), Edith Rickert (Chicago), Eileen Power (Cambridge), Marjorie Rowling, Compton Reeves (Oxford), etc., etc.]
El prestigioso “Journal of Medieval History”, editado en Holanda en inglés, trae en su nueva edición de junio un muy interesante artículo sobre la “familia ampliada” en la Edad Media: “Family and familiars: The concentric household in late medieval penitentiary petitions”.
El autor es el Dr. Philip Grace, profesor de la Universidad de Minnesota, medievalista especializado en cuestiones sociológicas en general y familiares en particular. Comienza el profesor Grace haciendo un relevamiento de los pocos estudios que se han presentado acerca de las relaciones dentro de las familias ampliadas (uso este término por no encontrar en castellano un equivalente exacto al inglés household) no-nucleares en el medioevo. Este artículo demuestra que los lazos afectivos que existían entre los miembros de la familia nuclear a fines de la Edad Media se extendían a los miembros de la familia ampliada, aunque en menor grado. Se esperaba que los “familiares” se dieran lazos de lealtad que incluso iban más allá de los límites de los estratos sociales. Gracias a una serie de peticiones a la Penitenciaría Papal desde países germano parlantes durante el siglo XV, el autor demuestra los lazos afectivos profundos que existían entre individuos de distintas clases, no sólo en situaciones violentas, sino también en un amplio abanico de circunstancias. El estudio de este profesor norteamericano indica la importancia de la familia ampliada en la Edad Media como un “bloque edilicio fundamental de la sociedad medieval tanto en términos relacionales como logísticos”.
