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jueves, 15 de julio de 2010

A ver si entendemos... "écrasez l'infâme"


“...Destaco... la importancia de la fecha, 14 de julio, la primera revolución laica en el mundo. Una revolución impresionante que modifica las estructuras de un país, Francia; que plantea fuertemente la visión de un Estado... Tiene que ver con este debate... Esa Revolución avanzó mucho más, a cosas que nosotros no nos planteamos, como fue la expropiación de los bienes de la Iglesia, en realidad no vamos a llegar a tanto.

“Todo el mundo sabe que hubo un debate en el conjunto de obispos en Argentina... Y ganó la línea dura, ganó la línea de Ratzinger, ganó la línea del Papa, ganó la línea de la derecha vaticana más dura... Realmente es increíble este pensamiento retrógrado que viene construyéndose como una concepción, como una doctrina que ha nutrido a todo el cardenalato vaticano y al Papa actual.

“Siguen sosteniendo cosas que el tiempo y la realidad social, la vida, va determinando la necesidad de adaptarse y las instituciones que no se adaptan corren el riesgo de morir, de hecho están perdiendo la batalla en la calle con muchas religiones evangélicas, yo veo eso casi con preocupación a veces, como católico, como católico que tiene su postura, sus contradicciones, no profesa… pero son dudas existenciales.

“Me preocupa el futuro de la Iglesia, en torno a esas visiones tan trogloditas que sostiene en los debates sociales, que es lo que ha complejizado este debate.

"Es la Iglesia argentina la que ha llevado a extremos este debate."

"La objeción de conciencia... es más propio de la Alemania nazi que de un Estado democrático".

-- Miguel Angel Pichetto, presidente del bloque de senadores del Frente para la Victoria (kirchnerismo).






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martes, 11 de mayo de 2010

Verdades


¿Vas a tener relaciones sexuales?
El Gobierno te facilita los preservativos.

¿Ya las tuviste?
El Gobierno te ofrece la píldora del día después.

¿Quedaste embarazada?
El Gobierno te garantiza el aborto.

¿Pero tuviste el chico?
El Gobierno te regala $ 180 por hijo.

¿Estás desempleado?
El Gobierno te paga por estarlo.

¿Sos vago y no te gusta trabajar?
El Gobierno te concede algún plan a cambio de asistir a alguna manifestación.

¿No tenés vivienda por indolente, vago o piquetero?
Usurpá, usurpá y usurpá, que ¡¡¡NO PASA NADA!!!

AHORA... PROBA con ESTUDIAR, TRABAJAR, PRODUCIR... ¿¡A VER QUÉ OCURRE!?

EL GOBIERNO TE SUBE LOS IMPUESTOS PARA PAGAR TODO LO ANTERIOR.



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lunes, 22 de junio de 2009

Sobre un moro inglés

Muchos aspectos de la vida de Tomás Moro son bastante conocidos, su profesión de abogado, su erudición, su ejercicio en el servicio civil inglés, su amistad con el rey Enrique VIII, su enfrentamiento a propósito del Acta de Supremacía y, finalmente, su controvertido martirio. Pero hay uno que se suele subestimar, aunque nuestro santo jamás lo hizo.
Nos cuenta Erasmo:
“Moro se ha hecho una casa en Chelsea. Allí, él conversa con su esposa, su hijo, su nuera, sus tres hijas y sus esposos, con once nietos. No existe hombre vivo tan afectuoso como él; ama a su anciana esposa como si fuera una joven doncella.
“Diría que su casa es la Academia de Platón, si no fuese una injusticia compararla con una academia donde las disputas sobre números y cifras era rara vez interrumpidas por disquisiciones acerca de las virtudes morales. Prefiero llamar su casa una Escuela de Cristiandad; pues no hay ni uno allí que no estudie las ciencias liberales, cuyo especial cuidado no sean la piedad y la virtud. Ni peleas ni palabras intemperadas se escuchan; la vagancia nunca se ve.
“No tuvo que sufrir que ninguno de sus sirvientes se diera a las cartas o los dados; sino que permitió que algunos de ellos cuidaran del jardín, asignando a cada uno su terreno; algunos, también, les enseñó a cantar, a algunos a tocar el órgano. Los hombres habitaban un ala de la casa; las mujeres la otra. Solía, antes de ir a dormir, reunirlos a todos y decir algunas oraciones con ellos. No tuvo que sufrir que ninguno de ellos faltase a Misa los domingos o días santos; y en las grandes festividades les ordenaba velar hasta los maitines. Solía tener a alguien que leyera durante la comida, y al terminar, solía preguntar a los demás qué habían entendido de tal o cual pasaje; y así se aseguraba una amistosa comunicación, recreando a todos los hombres allí presentes con alguna broma u otra cosa."
Thomas había nacido en 1480 en Londres, en la casa que su padre, Sir John More, tenía sobre la calle de la leche (Milk Street). Sir John era uno de los jueces de la Corte Suprema y mandó a su hijo a la escuela elemental de la calle de los sastres (Threadneedle Street) y, más tarde, a la escuela de la Casa del Cardenal Morton, por ese entonces arzobispo de Canterbury, primado de Inglaterra y Lord Canciller. El Cardenal tomó mucho aprecio por el niño al que auguraba un futuro extraordinario, no sólo por su inteligencia, sino por su buen humor. Una de las actividades que más gustaba al pequeño Thomas era el teatro y se destacaba especialmente en la comedia.
A los 16 años, el Cardenal envió a su pupilo a Oxford. A pesar de los buenos ingresos de su padre, sólo pagaba por el alojamiento y la comida del joven Thomas que, así, se dedicaba únicamente al estudio con toda su atención. Al principio pareció que su vocación sería la religión, pero pronto comprendió que lo suyo era el Derecho.
Graduado con honores, estuvo primero con los abogados que se reunían en una taberna nueva (New Inn) y rápidamente fue requerido a la taberna de Lincoln, una de los cuatro colegios de profesionales del derecho tradicionales de Londres. Allí se hizo reconocido por su disciplina, honestidad y valentía, pero también por su religiosidad. Trabajaba muchas horas y dormía sólo cuatro o cinco horas. Frecuentaba la capilla de la escuela St. Paul, de donde era director su confesor, el Deán Colet. Algunos de los casos más difíciles recayeron en él y los sacó adelante con éxito.
Algunos de los abogados más prestigiosos y el mismo pueblo común se agolpaban para escuchar sus intervenciones en la corte. Incluso su propio maestro de Oxford quiso ver en acción al joven prodigio. Siendo aún muy chico para las convenciones de la época, casó con Joan Colt, la hija mayor de los Colt de New Hall (Essex), quienes no opusieron reparos ante las perspectivas y reputación del abogadito. Con ella, se estableció cerca de la casa de su familia en Bucklerbury. Y aquí comienza a cambiar la historia.
Poco antes de cumplir 23 años, fue electo miembro de la Cámara de los Comunes en representación de su distrito. Allí se opuso a la dote que el rey Enrique VII exigía por su hija, la princesa Margarita. Por esta “ofensa”, fue a parar a prisión, junto con su padre, hasta que pagaran una inmensa multa que les fue impuesta. Además, se lo amenazó para que abandonase su práctica.
En el sexto año de su matrimonio, Thomas perdió a su mujer. Viudo y con un hijo y tres hijas —Margaret, Elizabeth y Cecily— y sin poder ejercer, no obstante, encontró tiempo de conocer a la viuda Alice Middleton, de quien se enamoró y casó a los tres años. Alice tenía una hija —llamada Margaret como la primera de Thomas— a la que quiso como una más de las suyas. Lo mismo que a Margaret Giggs, una dulce niña huérfana que los More adoptaron. La familia More era ahora grande y se mudaron primero a Crosby y, poco tiempo después adquiere un terreno en Chelsea, junto al río Támesis que en esa época era la principal vía de comunicación, donde comenzará a construir su casa.
Mientras tanto, More había seguido dando consejos legales y su nombre era pronunciado por todos. Fue así que cuando decide retomar su práctica, los ingresos de la familia se vieron muy mejorados. Aproximadamente en este tiempo fue que Thomas conoce personalmente a Erasmo, de quien ya era corresponsal, alrededor de una mesa con cerveza y ostras que el alcalde de Londres ofrecía a su ilustre huésped. Dicen que More preguntó a Erasmo, desconociendo de quién se trataba, “¿De dónde venís?” “— De las tierras bajas.” “— ¿Y qué hacéis allí?” “— Beber de botas y comer ostras vivas.” “O sois Erasmo o el mismo diablo.” “O sois More o nadie.” Rieron a carcajadas.
Erasmo se alojó en lo de los More, una casa “ni magnificente ni provocadora de envidia, sino austera y lo suficientemente cómoda”. Los modales alegres y simpáticos de la familia sorprendieron y gustaron al célebre holandés. Pero sobretodo, la erudición de los hijos de Thomas.
John, Margaret, Elizabeth y Cecily, junto a hermana adoptiva Margaret Giggs y su hermanastra Margaret Middleton, aprendían todos juntos latín, griego, lógica, matemática, filosofía y astronomía. Margaret Moore y Margaret Giggs, incluso, estudiaron medicina y, su padre, las alentó a proseguir estos estudios, y también la teología, aún después de casadas. Sabemos que More hacía competir a sus hijos en las traducciones y en la composición de poesía. De entre todos, se destacó la primera Margaret, “Meg”, casada con William Roper —quien habiéndose pasado al luteranismo, para sufrimiento de su suegro, retornaría a Roma poco antes del martirio de éste—.
Otro humanista como Vives se referirá a las “hijas de More”, notables por su educación y su castidad. De hecho, Hyrde, el traductor del “De Institutione” al inglés, por encargo de la reina María Tudor (que había sido tutelada de Vives), pondrá a las “chicas More” como ejemplo de la necesidad de una buena educación para las mujeres.
Thomas hizo circular entre sus amigos las excelentes —a su juicio— traducciones de su hija Margaret del latín y el griego clásico. Tampoco eran malas sus poesías, según nos dicen las cartas desde la Torre. El mismo Erasmo quiso que la traducción de 1524 de sus Comentarios a la Oración del Señor fuese realizada por Margaret.
La conducta pública de Thomas como canciller es bastante conocida. Tras la muerte de su padre, heredó la casa de los More en Gubbins, Hertfordshire, donde vivirán la viuda y los hijos del mártir, pues les serían retiradas las rentas que le correspondían por su cargo y todas sus propiedades.
Tomás Moro, abogado, humanista, estadista, mártir… y hombre de familia.
Ora pro nobis.



Retrato de la familia More, realizado por Rowland Lockey, 1593/4, sobre la base del retrato pintado "en vivo" por Hans Holbein el Joven en la década de 1520 y que se ha extraviado. De izquierda a derecha: John More (padre de Tomás), Anne Cresacre (nuera), Santo Tomás Moro, John More II (hijo), Cecily Heron (hija), Henry Patenson (criado), Elizabeth Dauncy (hija), Margaret Roper (hija), John More III (nieto), Thomas More II (nieto), Creasacre More (bisnieto), Maria More (esposa de su nieto).

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jueves, 18 de junio de 2009

La familia como "bloque edilicio fundamental de la sociedad medieval"


La Edad Media sigue siendo en muchos sentidos un misterio para los hombres de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Tantos son los prejuicios, los preconceptos, las leyendas, derivadas de la ideología progresista que pretende que el desarrollo de la humanidad ha seguido una línea recta de desarrollo desde las cavernas hasta los viajes interestelares.

Uno de estos prejuicios está asociado a la consideración de la niñez en tiempos medievales. Suponemos que, como todos hemos escuchado historias de nuestros padres o abuelos acerca de cómo los castigaban físicamente o del excesivo temor reverencial que tenían hacia sus mayores, extrapolando unos cuantos cientos de años en forma recta, los medievales deben haber sido terribles con sus hijos.

Bueno, nada más lejos de la realidad. Ya en el caso de la mujer, en el trabajo de Mme. Pernoud al que nos referimos antes, la insigne medievalista señalaba cómo mucho de la denigración de la mujer (que dio por reacción el feminismo) tenía su origen en la Ilustración y, posteriormente, en la moralidad victoriana (extendida en todo el mundo hacia fines del siglo XIX).

En el caso de los niños pasó algo similar durante la llamada Revolución Industrial. Ya Dickens denunciaba la situación de la niñez en el medio urbano, contrapuesta con la misma situación en el medio rural. Pero en el caso británico, el campo también se encontraba “revolucionado”, tras años de un proceso bastante largo de apropiación de tierras comunales y consuetudinarias, de colocación de alambrados, tranqueras y pircas divisorias, de hambrunas y de explotación tecnológica y química del suelo. Ejemplos paradigmáticos de esto pueden encontrarse en Inglaterra durante la discusión de las “leyes de pobres”, en Irlanda con la “hambruna de la papa” y en Escocia con la “limpieza de las Tierras Altas”. De hecho, estudios arqueológicos y forenses que fueron divulgados en su momento por la revista The Economist hace varios años demostraban que los niños del Antiguo Régimen tenían un nivel de vida muchísimo mejor que el de los niños entre el siglo XVIII y mediados del XX, sólo comparable al de los niños ingleses de la actualidad.

[A quien le interese profundizar en el tema de los niños y adolescentes en la Edad Media, recomiendo el hilo “The Medieval Child” en el sitio Medieval History, de Melissa Snell, una historiadora de la Universidad de Texas, que elabora sobre la base de sus propias in de las investigaciones de célebres medievalistas como Barbara Hanawalt (Oxford), Frances y Joseph Gies (Michigan), Edith Rickert (Chicago), Eileen Power (Cambridge), Marjorie Rowling, Compton Reeves (Oxford), etc., etc.]

El prestigioso “Journal of Medieval History”, editado en Holanda en inglés, trae en su nueva edición de junio un muy interesante artículo sobre la “familia ampliada” en la Edad Media: “Family and familiars: The concentric household in late medieval penitentiary petitions”.

El autor es el Dr. Philip Grace, profesor de la Universidad de Minnesota, medievalista especializado en cuestiones sociológicas en general y familiares en particular. Comienza el profesor Grace haciendo un relevamiento de los pocos estudios que se han presentado acerca de las relaciones dentro de las familias ampliadas (uso este término por no encontrar en castellano un equivalente exacto al inglés household) no-nucleares en el medioevo. Este artículo demuestra que los lazos afectivos que existían entre los miembros de la familia nuclear a fines de la Edad Media se extendían a los miembros de la familia ampliada, aunque en menor grado. Se esperaba que los “familiares” se dieran lazos de lealtad que incluso iban más allá de los límites de los estratos sociales. Gracias a una serie de peticiones a la Penitenciaría Papal desde países germano parlantes durante el siglo XV, el autor demuestra los lazos afectivos profundos que existían entre individuos de distintas clases, no sólo en situaciones violentas, sino también en un amplio abanico de circunstancias. El estudio de este profesor norteamericano indica la importancia de la familia ampliada en la Edad Media como un “bloque edilicio fundamental de la sociedad medieval tanto en términos relacionales como logísticos”.




Imagen gentileza Tradition In Action.
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