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lunes, 25 de abril de 2011

De series y procesos

Hace unas semanas terminamos de ver la serie histórica novelada “The Tudors”. En general solemos rehuir a las series por temor a “engancharnos”. Cosa que, tras caer en la tentación, sucedió en este caso.

“The Tudors” no es la historia de la dinastía de ese nombre como podría parecer, sino que se limita, más bien, al reinado de Enrique VIII de Inglaterra. Por supuesto que, como suele suceder con la novela histórica, los autores se toman muchas libertades necesarias —como ciertas fusiones de personas reales en un único personaje y algunas alteraciones cronológicas— e innecesarias —como la obsesión con el sexo y la personalidad hipócrita de casi todo individuo que era “alguien”, excepto algunos “mártires” tanto protestantes como católicos que salen, en general, bien parados—.

Sin embargo, hay muchos temas históricos que están muy bien tratados: la mundanización del alto clero renacentista, las motivaciones políticas y económicas detrás de la Reforma, la recepción apática de la misma por el pueblo inglés y, al mismo tiempo, la furiosa reacción de éste ante la supresión de los monasterios, el ateísmo práctico de gran parte de los funcionarios y la nobleza, la mayoritaria confusión dogmática tanto en católicos como en anglicanos, luteranos y calvinistas, la popularidad de la reina Catalina y de su hija María y los sufrimientos a que ambas fueron sometidas, el maquiavelismo de los príncipes renacentistas dispuestos a pactar con el mismo diablo para lograr sus objetivos, el despotismo creciente de Enrique VIII derribando una tras otra las antiguas leyes medievales, la calidad moral del cripto-luterano arzobispo Cranmer y del cripto-católico obispo Gardiner, entre algunos que recordamos. Incluso, hechos que en los libros de historia sólo han merecido un párrafo, como la “Peregrinación de la Gracia”, tienen aquí su lugar.

Estéticamente es notable. La reconstrucción por computadora de la Londres renacentista está muy lograda; en algunas otras ocasiones la animación no logra pasar desapercibida (por ejemplo, las viejas murallas medievales de Boulogne-sur-Mer). Algunas panorámicas no tienen nada que envidiar a las grandes súper producciones de Hollywood. Los vestuarios son, en general, impecables, aunque se suele exagerar con lo vistoso como si la ropa de gala fuese la de todos los días. En cuanto a los actores, se ha preferido apelar a los gustos estéticos contemporáneos por sobre los de la época; pero esto es entendible en la mayoría de los casos.

En fin, para quien tenga estómago para algunas imágenes subidas de tono, ya sea por su morbo o por su erotismo, es una buena serie para adentrarse un poco más en la pérdida de la Merry Old England (como se lamenta uno de los personajes principales), eso que llamamos aquí “proceso revolucionario inglés”.



Gerard McSorley como Robert Aske, líder de la “Peregrinación de la Gracia” y uno de los mártires praetermissi de Inglaterra.
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viernes, 18 de marzo de 2011

Antes del fin

Copio a continuación un comentario enviado a Wanderer pero que nos quedó demasiado largo.



Efectivamente, no sé si los primeros cristianos nos envidiarían, como dice W., pero sí que ansiarían estar con nosotros —aunque más no sea porque cronológicamente estamos más cercas de los Últimos Tiempos—. Mientras difundían el Evangelio por todo el mundo conocido arriesgando (literalmente) la vida, anhelaban el pronto regreso del Cristo. Esto es evidentísimo en las Actas de los Mártires, especialmente en la historia de santas Perpetua y Felicitas, donde los paralelismos con el Apocalipsis son evidentes. Como bien, pronosticó Castellani el principal problema de nuestro cristianismo de hoy es pensar o vivir como si Cristo no fuera a volver. Vale decir que lo mismo (con otras palabras) pronosticaron los peritos de un reciente congreso sobre el Apocalipsis que tuvo lugar en el Vaticano.


Como ya comentamos en alguna oportunidad, y creo que en esto coincido con algunos comentaristas y (si no recuerdo mal) con el mismo W., esa inversión del orden natural de que habla W. (que incluye en primer lugar el falseamiento del principio de autoridad, empezando por la autoridad paterna que recuerda un anónimo), siendo elevada a la categoría de ley, es el katejón siendo retirado —de una forma que nuestros antepasados no pudieron prever puesto que atenta contra la misma evidencia de la razón y los sentidos—, es la destrucción de los últimos vestigios de Romanidad.
En cuanto a la persecución creo pueden darse las dos posibilidades: la de un martirio incruento en la forma de una marginación social creciente de los fieles (Castellani en algún lado [¿Cristo y los fariseos?] sostiene que ésta es la verdadera persecución), o la de un martirio cruento similar a lo ocurrido con los cristianos de los primeros tres siglos. Pero tal vez, este último sea en realidad el “typo” nomás.
En cuanto al Anticristo, es cierto, aun no lo “vemos”, pero eso no quiere decir que su espíritu no esté ya actuando en el mundo. ¿Será una persona de carne y hueso? Aun entre los teólogos de la historia de nuestro tiempo, como Castellani o Canals Vidal, para citar sólo dos, el asunto no está claro. Y si no es una persona física, tampoco es necesario que sea una nación, una etnia, un grupo… tal vez sea el espíritu de una época, un “ethos” particular. Tal vez sea todo lo anterior…
En cuanto a lo que dice Atilio, es probable que la persecución venga por ese lado. El último año, cuando se dio todo el escándalo de los curas pedófilos, numerosas voces salieron a acusar al cristianismo de ser “inhumano”, “bestial”, “anti-natural”, etc., incluso “dentro de la Iglesia”, entre curas y monjas que abogan porque se “libere” la doctrina moral. Creo que es genial lo que dice René Girard acerca de los “chivos expiatorios” y su función en la sociedad pagana, y qué es lo que puede suceder en el actual presente neopagano, donde se acusa al cristianismo justamente de aquello que ha ingresado al mundo gracias a él (la protección de los débiles, la eliminación de los linchamientos públicos, la conmiseración por las victimas, etc.). En la sociedad pagana, los sacrificios tenían como fin traer el equilibrio a la sociedad. Y vivimos en una sociedad mundial neopagana en busca de su equilibrio… y en busca de una victima que sacrificar.
También concuerdo con Atilio en que hay que observar lo que sucede en Medio Oriente. Tras la Revolución Francesa apareció un Napoleón, tras la Comunista, un Stalin. Estas supuestas revoluciones democratizadoras, al mismo tiempo, pueden que nos traigan a un nuevo Saladino (quien para los cristianos de Tierra Santa fue un verdadero anticristo menor). Estas “revoluciones” en países musulmanes, con apoyo de la ONU e, incluso, de parte de la jerarquía católica (L’Osservatore Romano, es un ejemplo no menor.), son algo para tener en cuenta. “¿Qué papel juega o jugará Israel en todo esto?” no es una pregunta menor.
En cuanto a lo que plantea Pippin, pienso que la apostasía profetizada quizás no sea un “pecado social”, sino más bien una “estructura de pecado” —al menos, si se entiende como una situación donde ya no tenemos posibilidad de elegir “el bien”, sino donde lo que predominan son opciones malas, donde quizá elegir “el bien”, conlleve el martirio social. Pienso en el ejemplo que ponen muchos. Imaginemos si criar a los hijos “a la manera tradicional”, llega a ser considerado una especie de conducta depravada (equivalente a lo que no hace mucho era no cumplir con la enseñanza primaria obligatoria) que habilita al Estado a retirar la patria potestad a los padres. ¿Qué elegiríamos? ¿Cómo actuaríamos? Quizá la jerarquía haga alguna pirueta para que los católicos nos mezclemos con “el mundo” (recordemos “Su Majestad Dulcinea” y como los obispos autorizaron el uso de la insignia que antes habían prohibido sobre la base de una curiosa pirueta teológica). Tal vez sea necesario desobedecer, aunque la perspectiva repugne a los anti-filo-lefes.
Y, efectivamente, como bien recuerda Ludovicus, tal vez esto que estamos viviendo (o recién comenzando a vivir) no sea más que el typo de otra cosa… la lista de anticristos menores del pasado que se creyó podían ser el verdadero es enorme (Dioclesiano, Atila, Saladino, Federico II, Lutero, Napoleón, Garibaldi…)
Hace bien Milkus al recordar a Tolkien y su “Señor de los Anillos”, obra que tiene mucho de “apocalíptica” aunque más no sea como el fin de una edad y el comienzo de otra. Como toda obra “eterna” debe ser alimento constante nuestro, especialmente en esta época, para no desesperar, para confiar en las profecías, para perseverar en nuestro camino, para no desfallecer, para no impacientarse, para no querer cortar el trigo y la paja…
El texto de Ratzinger es también muy valedero, aunque no sé si se aplica a este caso especifico. Por supuesto que el Apocalipsis y los demás textos “apocalípticos” en el Evangelio y las Epístolas, admiten una lectura espiritual y moral —como toda la Biblia, es cierto—. En cada uno de nosotros se repite, como “a escala”, la historia de la Salvación, con su Génesis y su Apocalipsis.
Y por esto es que una fe que mutila las profecías o que las transforma en algo hermético, cerrado, inaccesible, de imposible aplicación e interpretación, es una fe a la que le falta una pata. Una pata importante, la de la esperanza, no como algo utópico que está más allá del tiempo, sino también como algo presente aquí y ahora, y que de alguna forma se viene desenvolviendo. Casi la mitad de los Padres (como bien explicaba San Justino) creía que algunas de las promesas de Israel (especialmente las de Isaías) aun estaban por cumplirse o, mejor, por completarse. Lo mismo dice, para quien lo quiera entender, el Catecismo (nn. 674 et seq.).
Solo así, en “tensión escatológica” constante, los primeros cristianos pudieron soportar indecibles padecimientos. Solo así nosotros, creo, podremos soportar lo que se viene. Sea o no el último y final mamporro.
 


Sanctae Perpetua et Felicitas, orate pro nobis.
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viernes, 22 de octubre de 2010

INFALIBILIDAD NO ES «PAPOLATRÍA»


Por Brunero Gherardini*

A este respecto, parece muy apropiado considerar cuidadosamente las palabras del dogma: «El Romano Pontífice, cuando habla “ex cathedra”, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.»

Palabras sopesadas con extremo rigor. No sólo no divinizan a un ser humano, sino que, en el acto mismo de reconocerle un carisma que ningún otro hombre posee, ponen límites claros y condiciones estrictas en el ejercicio del mismo. El Papa, en efecto, «no por el hecho de ser papa» (simpliciter papatus ex auctoritate), es absolutamente infalible.»

Tal vez haya llegado el momento de decir con sinceridad y firmeza lo que reiteradamente se declaró en el pasado, reciente y lejano, acerca de la necesidad de liberar al papado de esa especie de «papolatría», que no contribuye a honrar al Papa y a la Iglesia. No todas las declaraciones papales son infalibles, no todas pertenecen al mismo nivel dogmático. La mayor parte de los discursos y documentos papales, aun cuando tocan el campo doctrinal, contienen enseñanzas comunes, orientaciones pastorales, exhortaciones y consejos, que en la forma y el contenido están muy lejos de la definición dogmática. Esta no existe sino cuando se presentan las condiciones establecidas por el Vaticano I.

— Es necesario que el Papa hable «ex cathedra»: la expresión toma su significado de la función ejemplar y moderadora que, desde el principio, hizo del Obispo de Roma el maestro de la Iglesia universal y de la misma Roma el «locus magisterii». En uso desde el siglo II como símbolo de la función magisterial del obispo, la cátedra devino, luego, en el símbolo de la función magisterial del Papa.

Hablar «ex cathedra» significa, por tanto, hablar con la autoridad y la responsabilidad de la persona que goza de la jurisdicción suprema, ordinaria, inmediata y plena sobre toda la Iglesia, y cada uno de sus fieles, pastores incluidos, en materia de fe y costumbres, pero no sin reflejos e incluso efectos disciplinarios.

— «Omnium Christianorum pastoris et doctoris munere fungens»: la frase hace explícito el contenido de «ex cathedra». Fuentes bíblicas neo-testamentarias y documentos de la Tradición confluyen en la definición del Vaticano I para afirmar que la infalibilidad del magisterio papal sólo surge cuando el Papa enseña la Revelación divina y hace obligatorias sus enseñanzas para todos.

— «Pro suprema sua Apostolica auctoritate »: es la razón formal de su magisterio infalible y universal. Tal razón es debida a la sucesión apostólica del Papa a Pedro, que entonces fue el primero, pero no el único, obispo de Roma, y Papa, en cuanto obispo de Roma. A todo sucesor suyo en la «cátedra romana» compete, así que, todo cuanto Cristo había dado a Pedro, «ratione office, non personae». Es por ello menos correcto decir «infalibilidad personal del Papa» en vez de «infalibilidad papal». Empero, si se quiere insistir, como hace alguno, en la «infalibilidad personal», se debe distinguir siempre, en el Papa, la «persona pública» de la «privada», recordando que la «persona pública» viene determinada por su oficio.

— «Doctrinam de fide vel moribus»: debe tratarse de una verdad que se ha de creer y cualificadas de la existencia cristiana, directamente contenidas, o no, en la Revelación divina. Un objeto diverso de la enseñanza papal no puede pretender estar cubierto por el carisma de la infalibilidad, el cual se extiende tanto como la Revelación misma.

— «Per assistentiam, divinam»: no cualquier intervención del Papa, no una simple advertencia, no una enseñanza cualquiera, poseen están asegurados por la asistencia del «Espíritu de la verdad» (Jn.14, 17; 15, 26), sino solamente aquel que, en armonía con las verdades reveladas, manifiesta el cristiano debe, en cuanto tal, creer y poner en práctica. Sólo con el pleno y absoluto respeto de las mencionadas condiciones, el Papa recibe la garantía de la infalibilidad; puede, por tanto, recurrirse a ella cuando se intenta obligar al cristiano en el ámbito de la fe y de la moral. Y también cabe agregar, de toda la intervención papal y las palabras que lo expresan, debe resultar junto al respeto de las condiciones indicadas, la voluntad de definir una verdad como directa o indirectamente revelada, o bien de definir una cuestión «de fide vel moribus», con la que toda la Iglesia deberá luego uniformar su propia enseñanza.

* Tomado de: Chiesa Viva, Octubre (2003), p. 6 y ss. Traducción de un amigo que prefiere permanecer anónimo.





Gregorio VII (Iluminación)

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viernes, 24 de septiembre de 2010

A mí me ha sido entregada (VII)

























Unánimes todos,

Confiaron la dirección de tan delicada empresa

A su gran dictador,

Cuyo primer ataque contra la humanidad había contribuido

Tan poderosamente a la pérdida de Adán:

Y que desde las profundas bóvedas de las cavernas infernales

Condujo a sus cómplices a la región de la luz,

Donde eran gobernadores, potentados, monarcas,

Y hasta dioses de muchos grandes reinos y vastas provincias.






…their great Dictator, whose attempt

At first against mankind so well had thriv'd

In Adam's overthrow, and led thir march

From Hell's deep-vaulted
Den to dwell in light

Regents and Potentates, and Kings, yea gods

Of many a pleasant Realm and Province wide.




Ellos en su soberbia pertinaces,

Otros nuevos después sustituyeron,

Sacados de las más viles pasiones,

Según que los juzgaron eficaces

Para engañar a los míseros humanos,

Hacerse tributar adoraciones,

Tener altares, y de inciensos vanos


Saciar su orgullo, cual si Dioses fueran

Y a ellos todos los cultos se debieran:

Con efecto, a los hombres pervirtieron;

Entre ellos esparciendo mil errores,

Que de Dios se olvidasen consiguieron,

Y les prostituyesen los honores


Divinos, que al Criador sólo debían,

Bajo de extraños nombres y figuras,

Ya de astros que en el cielo relucían,

Ya de monstruos, ya de hombres, de reptiles,

Y aun de plantas, y de entes los más viles,

Uniendo el culto con las más impuras


Costumbres, y delitos vergonzosos,

Gratos a aquellos ángeles odiosos;

La pompa, el esplendor y la alegría,

Que a aquel perverso culto acompañaban,

Más y más a los hombres engañaban




Through Gods high sufferance for the tryal of man,

By falsities and lyes the greatest part

Of Mankind they corrupted to forsake

God their Creator, and th'invisible

Glory of him, that made them, to transform

Oft to the Image of a Brute, adorn'd

With gay Religions full of Pomp and Gold,

And Devils to adore for Deities.



…Su figura,

Sus armas, su estatura,

Su vigor, nada tienen de mortales:

De resplandor vestidos centellean,

Como que sobre tronos celestiales

Algún día sentados estuvieron;

Mas ya sus malhadados nombres fueron

Para siempre del libro de la vida

Borrados, por la culpa cometida.

…

Moloch al frente está de los primeros,

Moloch, que de los llantos lastimeros

Maternales, gozoso se apacienta,

Y de sangre de niños se alimenta,

Cuando sobre susbárbaros altares

Los ve sacrificados a millares.




. . . Godlike shapes and forms

Excelling human; Princely Dignities,

And Powers that earst in Heaven sat on Thrones;

Though of thir Names in heav’nly Records now

Be no memorial, blotted out and ras’d

By thir Rebellion, from the Books of Life.

First Moloch, horrid King, besmeared with blood

Of human sacrifice, and parents’ tears . . .







. . . después al jefe se presenta.

Entre cuanto rebeldes malhechores

El infierno contiene, no se cuenta

Otro más acreedor a aquel castigo:

Es de todos los vicios el amigo.

Por todas partes los propaga ardiente,

Los ama, meramente

Porque lo son. De su odio es el objeto

La virtud sola, a que jamás perdona.

Nunca de los humanos el respeto,

El culto, los inciensos lisonjeros

Apreció, cual los otros compañeros;

Este impuro demonio no blasona

Sino de que en la furia y la malicia

Le ceda toda la infernal milicia.

Su mayor complacencia

Es la de penetrar lo más interno

Del templo santo, y en el escogido

Gremio de sus ministros, la licencia

Introducir del vicio, y el olvido

Fomentar, y el desprecio del Eterno.

Cuando de Helí los hijos ultrajaron

El templo augusto, con su atroz violencia,

Sus artificios solos lo causaron.

Este espíritu infame se complace

En los palacios, y en las cortes hace

Su mansión más frecuente; se recrea

En correr las ciudades más viciosas,

Sobre sus torres plácido volando,

Se cierne, cuanto pasa examinando:

Desde allí con delicia saborea

Las risas, las canciones lujuriosas,

Las riñas, las venganzas, los gemidos

De la inocencia, y la desenfrenada

Disolución, contra ella encarnizada,

Único incienso grato a sus sentidos.





. . . then whom a Spirit more lewd

Fell not from Heaven, or more gross to love

Vice for it self: To him no Temple stood

Or Altar smoak’d; yet who more oft then hee

In Temples and at

Altars, when the Priest

Turns Atheist, as did Ely’s sons, who fill’d

With lust and violence the house of God.

In Courts and

Palaces he also Reigns

And in luxurious
Cities, where the noise

Of riot ascends above thir loftiest Towr’s,

And injury and outrage: And when Night

Dark’ns the Streets, then wander forth the Sons

of Belial, flown with insolence and wine.









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lunes, 19 de julio de 2010

Teología de la historia: Lo que Sam y Frodo sabían

—A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua, aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.

—Sí, es verdad —dijo Sam—. Y de haber sabido más antes de partir, .no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio, la vida era un tanto aburrida: una especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, corno dice usted. Supongo que también ellos, corno nosotros tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron hasta el fin... y no siempre terminan bien, observe usted; al menos no de modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien. Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no exactamente igual que antes... corno el viejo señor Bilbo. Pero no son ésas las historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sea las que uno prefiere vivir! Me gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.

—A mí también —dijo Frodo—. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú puedes saber, o adivinar, qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.

—No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en. que nos encontramos ahora. Pero ésa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, senor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos... ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?

—No, nunca terminan como historias —dijo Frodo—. Pero los protagonistas llegan a ellas, y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde... o quizá temprano.

—Y entonces podremos descansar y dormir un poco —dijo Sam. Soltó una risa áspera—. A eso me refiero, nada más, señor Frodo. A descansar y dormir simple y sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no esperar otra cosa por el momento. Los planes grandes e importantes no son para los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la gente dirá: “¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!”. Y dirán: “Sí, es una de mis historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?”. “Sí, hijo mío, el más famoso de los hobbits, y no es poco decir.”

—Es decir demasiado —respondió Frodo, y se echó a reír una risa larga y clara que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse—. Ah, Sam, si supieras… —dijo—, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el intrépido. “¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam, Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino, ¿verdad, papá?”

— Vamos, señor Frodo —dijo Sam—, no se burle usted. Yo hablaba en serio.

—Yo también —dijo Frodo—, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado a prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan al llegar a este punto: ‘Cierra el libro, papá, no tenemos ganas de seguir leyendo’.

—Quizá —dijo Sam—, pero no es eso lo yo diría. Las cosas hechas y terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes. Si hasta Gollum podría ser bueno en una historia, mejor que ahora a nuestro lado, al menos. Y a él también le gustaba escucharlas en otros días, por lo que nos ha dicho. Me gustaría saber si se considera el héroe o el villano…




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miércoles, 13 de mayo de 2009

Invitación


Se invita a dos conferencias del R.P. Alfredo Sáenz S.J. La primera es el día sábado 16 de mayo a las 20.30 hs. sobre “San Pablo prototipo del apóstol”. El sábado 16 de junio también a las 20.30 hs. y acerca de “Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble” Una teología de la historia. Parroquia María Reina, calle Ceretti 2622, Ciudad de Buenos Aires, tel.: 4572-8422. [Fuente: Catapulta.]
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