lunes, 3 de mayo de 2010

Acerca de Reescribir la Biblia: Los estudios bíblicos católicos en los ’60


Padre BRIAN W. HARRISON, O.S.

Existe un viejo refrán que dice que la historia la escriben los que ganan. La idea es que, tras que se ha peleado una guerra, aquéllos que, al emerger como ganadores logran controlar el presente, pueden, de cierta forma, controlar también el pasado. Pueden asegurarse que los medios de comunicación principales presenten la historia de un conflicto reciente desde su propio punto de vista, mostrándose a sí mismos, naturalmente, como los héroes y a sus opositores vencidos como los villanos. De hecho, con frecuencia ha resultado deliciosamente fácil para ganadores todopoderosos reescribir la historia de modo que parezca no sólo que su triunfo fue justo y correcto, sino también inevitable: pueden representarse a sí mismos como si simplemente se hubiesen mantenido en la cresta de las inmensas olas marinas del destino que supuestamente está constantemente empujando la historia humana hacia su progreso inexorable en dirección a mayores niveles de madurez, libertad, prosperidad e ilustración científica. Este reescribir la historia, en síntesis, puede ser una poderosa arma de la “guerra cultural” contra el secularismo racionalista en el cual los católicos se han visto involucrados cada vez más durante el siglo pasado.

El Dr. E. Michael Jones, en un conjunto de escritos y conferencias recientes, ha expuesto la manera en que las fuerzas que se alinean contra los principios morales cristianos han penetrado en forma devastadora en el catolicismo – y así en toda la cultura occidental – especialmente desde mediados de los ’60. Leyendo y escuchando a Jones, me ha chocado el curioso paralelo cronológico que ha salido a la luz en mi investigación sobre la historia reciente de los estudios bíblicos católicos. Pues fue durante los mismos años cruciales – desde alrededor de 1962 hasta 1967 – que lo que podríamos llamar revolución racionalista obtuvo una serie de victorias demoledoras que le dieron el control efectivo sobre las principales instituciones católicas que promueven los estudios escriturísticos, comenzando desde la cima: el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Las convicciones católicas se refieren básicamente a “la fe y la moral”; y parece que la estrategia de la ilustración cultural desde mediados de los ’60 ha sido atacar esos dos polos. Jones ha documentado el asalto sobre la moral, pero el simultáneo asalto a la fe en esos mismos años, mayormente mediante el minado de la credibilidad de las Sagradas Escrituras como fuente de la fe, es una historia que aún no ha sido contada. Durante ese asalto y después, la técnica de reescribir la historia, especialmente por la vía de la manipulación y la citación fuera de contexto de documentos magisteriales católicos, representó un papel protagónico para ganar y mantener la aceptación de facto de esta revolución por parte de los pastores de la Iglesia.

Estos eventos de los ’60 no fueron los primeros en cuales los estudios bíblicos tendrían que cumplir un rol en la guerra cultural. En otro artículo publicado en Culture Wars, en diciembre de 1996, Beaumont y Walsh delimitaron la manera en que las tendencias antipapales del estudio del Evangelio de Mateo eran fomentadas por las universidades alemanas como parte del Kulturkampf de Bismark hace más de un siglo atrás. Pero, la situación actual es, creo, aún más crítica; éste es la primera hipótesis que pretendo demostrar en este artículo. En verdad creo que es difícil exagerar la gravedad de la situación con la que nos enfrentamos. La premisa sobre la que se basa mi estudio es que durante los últimos cuarenta años el estudio católico ortodoxo de la Escritura no sólo ha perdido una importante batalla; ha perdido una guerra. Se ha visto devastado y casi completamente borrado del mapa. Los estudios disidentes, racionalistas y neo-modernistas de la Biblia han estado en control desde los ’60 en casi todas las principales instituciones católicas universitarias, y claramente se insinúa (aunque no se diga en público con todas las letras) incluso en documentos recientes de la Pontificia Comisión Bíblica, aquel augusto cuerpo de unos veinte exégetas notorios de todo el mundo que asesora al magisterio de la Iglesia en cuestiones bíblicas. No malgastaré tiempo ni espacio aquí para dar evidencia documental para justificar el diagnóstico oscuro del estado presente de las cosas; es, como dije, una premisa que sostiene el resto de lo que tengo para decir. Mi argumento principal es que estos progresistas triunfalmente victoriosos son los que han estado escribiendo – o reescribiendo – casi todos los registros históricos disponibles de los desarrollos recientes en los estudios bíblicos católicos. Y deseo ofrecer algunas reflexiones críticas sobre la lectura convencional de la historia.

Antes de avanzar, sin embargo, definiré mis términos en forma un poco más precisa. Cuando hablo de “estudios escriturísticos católicos ortodoxos”, quiero decir estudios conducidos estrictamente por el cuerpo coherente de enseñanzas magisteriales que ha sido desarrollado por las grandes encíclicas bíblicas del último siglo, y por la constitución Dei Verbum, sobre la Revelación Divina del Vaticano II – interpretada, como debe ser, en armonía con aquellas otras encíclicas. Entre los puntos principales sobre los que insiste la enseñanza papal y conciliar están los siguientes:

Primero, la Sagrada Escritura está libre de error en todo aquello que los escritores sagrados afirman, sin importar el tema. Una y otra vez, el Magisterio ha insistido que ningún intérprete católico puede atreverse a restringir la inerrancia bíblica a la clase de afirmaciones que él cree tienen algún valor religioso o “salvífico”, al mismo tiempo que admite la posibilidad de errores bíblicos en otras materias supuestamente “profanas”; pues, como lo dice el Vaticano II [1], todo lo afirmado por los escritores humanos de la Biblia es afirmado por el mismo Espíritu Santo. Eso es precisamente lo que significa inspiración divina de la Escritura.

Segundo, la Escritura debe ser interpretada de acuerdo con la Sagrada Tradición, en particular, el consenso unánime de los primeros Padres y las declaraciones del Magisterio de la Iglesia; y

Tercero, aunque la identificación de géneros literarios precisos de algunas partes de la Biblia puede ser un debate legítimo, los cuatro Evangelios, del comienzo al final, definitivamente pertenecen al género literario de la historia en el sentido fuerte y total de la palabra. Como lo dice el Vaticano II, los Evangelios “siempre” (semper) nos cuenta “la verdad honesta” acerca de Jesús, entregando a los “fieles” lo que “realmente hizo y dijo Nuestro Salvador hasta el día en que fue ascendido”. [2]

Cuando digo que los estudiosos católicos ortodoxos de la Escritura han perdido toda una guerra desde el Vaticano II, lo que quiero decir es que uno encontrará muy pocas facultades de teología católicas en todo el mundo donde los profesores de Sagrada Escritura sostengan estos tres puntos de manera clara, consistente y sin ambigüedades.

Llego aquí al principal tema de mi ensayo, que he intitulado “Desmitologizando la leyenda áurea”. Aquí también es necesaria una pequeña explicación de los términos. Probablemente no existe una sola palabra que apunte más directamente al problema central de los estudios bíblicos del siglo XX que la palabra “desmitologizar”. Es una palabra que primero se puso de moda en círculos protestantes progresistas, especialmente como resultado de la lectura existencialista radical de la Escritura promovida por el exégeta alemán Rudolf Bultmann.

La idea central es que el hombre moderno “científico” no puede ya aceptar literalmente la cosmovisión de la Biblia – una cosmovisión que incluye la creencia en intervenciones sobrenaturales y preternaturales en el mundo de nuestra existencia: las visiones, los milagros, las profecías cumplidas, las posesiones demoníacas y los exorcismos, las apariciones de ángeles portando mensajes del Cielo, y lo demás. Si encontramos que tales fenómenos son increíbles, ¿abandonaremos entonces la fe en la Biblia como Palabra de Dios? Tal podría verse como el camino honesto y lógico – uno que muchos ateos y escépticos han tomado a lo largo de los siglos. Sin embargo, el teólogo desmitificador no ve esa necesidad de una respuesta tan drástica ante las revelaciones (o supuestas revelaciones) de la ciencia moderna. La solución propuesta es que más que negar la verdad de la Escritura, simplemente debemos reinterpretar la Escritura. Por un lado, dice, deberíamos reconocer que los relatos bíblicos de intervenciones sobrenaturales en el cosmos son realmente míticas puesto que la ciencia moderna las desautoriza. Por otro lado, estos mismos relatos deberían ser valuados y apreciados por su profundo significado espiritual: deben entenderse como expresiones de verdades profundas acerca de las realidades divina y humana, como una especie de ropaje literario apropiado para la cultura ingenua y pre-científica. El “lenguaje” milagroso y sobrenatural, de acuerdo con los desmitologizadores, es simplemente un caparazón o envoltura externa, que necesita romperse y ser penetrado por los cristianos modernos para poder extraer la sustancia de la fruta que reside escondida en ella.

I. INTRODUCCION DE LA LEYENDA AUREA.

Es bastante lo que puede decirse – y se ha dicho repetidamente – criticando este tipo de exégesis bíblica, pero mi propósito aquí no es concentrarme en las cuestiones científicas de la interpretación bíblica, sino más bien, demostrar que aquellos académicos de la Iglesia Católica que promueven las interpretaciones desmitologizadas de la Biblia en realidad han estado ocupados en construir su propio mito – un mito que se enmascara como historia de los estudios bíblicos católicos y especialmente de la enseñanza pontificia sobre la Escritura, a lo largo del último siglo. Dado que este mito es un cuento empalagoso – un cuento de iluminación y progreso siempre creciente que culminan en un deseado final feliz – he decidido llamarlo “La Leyenda Áurea”. Pero a pesar de toda su dulzura y luz, me parece que distorsiona tanto la historia como la doctrina católica. Por lo tanto, como indica el título de este trabajo, creo que lo que necesita urgentemente desmitologizarse no es la Biblia, sino más bien, esta leyenda acerca de los supuestos avances en la enseñanza magisterial sobre los estudios bíblicos. En otras palabras, necesitamos desmitologizar a los mismos desmitologizadores.

Permítaseme presentar los principales elementos de la Leyenda Áurea, al menos de la forma en que es relatada en casi todas nuestras instituciones católicas hoy. A lo largo del mundo católico actual, desde las formaciones augustas de la Pontificia Comisión Bíblica hasta el último profesor universitario o secundario, o catequista parroquial, la venerable tradición – hoy con treinta o cuarenta años de edad – es fielmente transmitida casi sin voces de disenso. Constantemente uno lee y escucha la misma saga épica de oscuridad y luz, repleta de los mismos villanos y los mismos héroes.

Elementos Principales de la Leyenda

Al principio (de acuerdo con la Leyenda), toda la Iglesia Católica se encontraba oscurecida de ignorancia y confusión acerca de sus mismos libros sagrados. Es decir, por largos dieciocho o diecinueve siglos desde la fundación de la Iglesia, nadie – ni siquiera uno de sus grandes santos, padres, doctores y papas – entendió realmente la clave para leer e interpretar la Biblia correctamente: todos ellos adoptaron incuestionablemente lo que hoy se llama enfoque “pre-crítico” o, también, “fundamentalista” [3]. Los primeros destellos de luz que comenzaron a relucir en la Alemania del siglo XIX se vieron rápidamente extinguidos por el oscurantismo de los jerarcas de la Iglesia, determinados a perpetuar la larga noche “pre-crítica”. Entonces apareció la Estrella Matutina, en la persona del papa León XIII, que anunció el amanecer de la ilustración bíblica “científica”, con su encíclica fundamental Providentissimus Deus (1893). Sin embargo, este amanecer se vio retrasado por unas horas más de oscuridad y frío por la opresión reaccionaria, gracias a la lamentable campaña anti-modernista lanzada por el papa Pío X en los primeros años del siglo XX. Exégetas adelantados para su tiempo como el Padre Joseph-Marie Lagrange, O.P., tuvieron que sufrir una especie de martirio en aquellos años represivos, durante los cuales una Pontificia Comisión Bíblica “inquisidora” – que en ese tiempo funcionaba como brazo del Magisterio – emitió una serie de decretos que reforzaban interpretaciones de la Biblia pre-críticas y fuera de moda. En 1920, el papa Benedicto XV reforzó esta atmósfera negativa y asfixiante de sospecha hacia los académicos bíblicos con su encíclica Spiritus Paraclitus. El resultado de todo esto fue que el progreso bíblico católico se vio frenado en un tiempo en que la exégesis protestante avanzaba rápidamente, libre de las exigencias de una jerarquía autoritaria y oscurantista.

Entonces, en 1943, llegó finalmente el día. El nuevo sucesor de Pedro, el papa Pío XII, trajo consigo un rayo de sol liberador al promulgar su encíclica sobre la Sagrada Escritura, Divino Afflante Spiritu, que lo mostraban como nada menos que un gran líder revolucionario, determinado valientemente a abrir las puertas de los estudios bíblicos católicos que sus predecesores habían mantenido cerrados con firmeza. En realidad, el principal propósito de la encíclica de Pío XII era advertir a los católicos ultra-conservadores sobre la necesidad de mayor apertura de mente y menos sospechas hacia los nuevos enfoques de la crítica bíblica moderna. Pronto, tras su muerte en 1958, es verdad, poderosos reaccionarios atrincherados (comandados por el cardenal Alfredo Ottaviani del Santo Oficio) lograron eclipsar el sol inexorablemente ascendente por unos pocos minutos, como un esfuerzo desesperado de último momento para devolver la Iglesia Católica hacia la oscuridad “fundamentalista” [4]. Al mismo tiempo, sin embargo, muchos exégetas intrépidos y pioneros se resistieron a estas medidas oscurantistas y se aventuraron por los nuevos caminos de estudios bíblicos abiertos por ellos tras su gran líder, de modo que obtuvieron una victoria dramática y decisiva el 18 de noviembre de 1965, en la Batalla del Vaticano II. Ese día, la promulgación de la constitución conciliar sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, condujo a la presente era a un mediodía despejado y perpetuo en que el estudio “científico” de la Biblia continuará creciendo irreversiblemente hasta el Día del Juicio (o como sea que resulte según la versión desmitologizada).

Exponentes de la Leyenda

En sus aspectos esenciales, esto es lo que yo llamo Leyenda Áurea. Por supuesto, puesto que empleo el género literario de la sátira para describirla, no se debería alguien atenerse a mis palabras con una interpretación literal y fundamentalista de ellas. Sin embargo, puedo asegurar que cualquier exageración de la que pueda ser culpable es mínima. La actitud que prevalece entre los académicos bíblicos actuales – desde los niveles más altos hasta los más bajos – es realmente emocional y polémica, viendo la historia de los estudios escriturísticos católicos del último siglos en términos de blanco y negro. Los “buenos” son los exégetas “progresistas” que promueven un potaje heterodoxo de procedimientos y supuestos racionalistas que con frecuente son agrupados bajo el título “paraguas” de “método histórico-crítico”, y que conduce a la conclusión de que muchos pasajes tradicionalmente entendidos como verdaderos son más o menos míticos. Por otro lado, los “malos” son los católicos conservadores, tradicionales o “fundamentalistas”, quienes a cada paso, en el último siglo, se han negado a aceptar la iluminación de los nuevos expertos bíblicos y que aún hoy continúan documentando su disenso respecto al consenso moderno en publicaciones como The Wanderer, This Rock y Homiletic & Pastoral Review. En los Estados Unidos, el exponente más prominente de la Leyenda Áurea en los últimos treinta años es probablemente el finado Padre Raymond E. Brown, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica y uno de los pilares del establishment postconciliar. Sarcásticamente, retrataba a los católicos “pre-críticos” como el Enemigo en términos nada inciertos, y denunciaba a sus representantes con epítetos como “vengadores derechistas”, “literalistas”, “ultra-derechistas” y “editorialistas y columnistas fundamentalistas” [5]. Acusaba a sus críticos con constituir “un peligro para el progreso continuo de los estudios bíblicos católicos en este siglo”, amenazando con “frustrar el ideal de Pío XII que, podría probarse, fue el más grande papa-teólogo del siglo” [6].

Críticas similares ha hecho otra luminaria del firmamento bíblico postconciliar, el Padre Joseph Fitzmyer, S.J., profesor emérito de Sagrada Escritura en la Universidad Católica de los Estados Unidos, que llega a criticar al papa Benedicto XV por “insistir con la inerrancia” de la Escritura [7]. En realidad, con seguridad no puede existir un síntoma más elocuente de la enfermedad que aflige a los estudios escriturísticos católicos contemporáneos que el hecho de que un miembro notorio de la Pontificia Comisión Bíblica no sólo considere que la “insistencia” en la inerrancia bíblica es digna de vergüenza y no de alabanza, sino que también pueda hacerlo sin disculpas ni mayores explicaciones, bajo el supuesto calmo de que la gran mayoría de sus lectores van a estar de acuerdo. Incluso el documento de 1993 de la misma Comisión Bíblica, al mismo tiempo que pretende abarcar todo el “estado de situación” de los estudios bíblicos católicos un siglo después de la encíclica inicial del papa León XIII sobre la Escritura, no menciona siquiera la inerrancia, excepto, lo que es significativo, en la breve pero profundamente polémica sección en que denuncia al “fundamentalismo” como la mayor amenaza actual al progreso de los estudios bíblicos [8]. Creer en la inerrancia bíblica se presenta aquí como una de las típicas características de los “fundamentalistas” [9].

II. 1960: LA LEYENDA AUREA ENCUENTRA A MONSEÑOR ANTONINO ROMEO

La caracterización del papa Pío XII como progresista o incluso innovador revolucionario en cuestiones bíblicas es probablemente el aspecto de la Leyenda Áurea que necesita más urgente desmitologización, no sólo porque distorsiona la posición de aquel gran pontífice, sino también porque es la principal explicación de la actual respetabilidad de la Leyenda toda. Para observar cómo este mito comenzó a tomar forma, necesitamos volver al año 1960 en que apareció una fiera controversia acerca de este punto en pleno corazón de la Iglesia. Aquéllos que estamos familiarizados con la literatura sobre Fátima, recordaremos que ese año se conoció una locución que la Hermana Lucía había recibido de Nuestra Señora en 1946, en conexión con el famoso “Tercer Secreto”: María dijo a la santa monja portuguesa que el secreto debía hacerse público en 1960; y cuando la Hermana Lucía le preguntó porqué debía ser ese año en particular, la Santísima Madre respondió simplemente que la situación sería “más clara” en ese momento. Dado que 1960 en realidad llegó a ser un año relativamente tranquilo en términos de eventos globales en la Iglesia y en el mundo, muchos de nosotros nos preguntamos porqué había sido elegido para esta profecía. Sugiero como una especulación puramente personal que, tal vez, una de las cosas que Nuestra Señora tenía en mente al predecir que algo de importancia crítica sería visto “más claramente” en el año 1960 fueron una serie de eventos que voy a relatar – eventos que han permanecido relativamente desconocidos para todos los católicos excepto unos pocos especialistas en la historia de los estudios bíblicos. Su importancia consiste en el hecho de que revelan (para quienes tengan ojos para ver) la grave extensión con la cual los estudios bíblicos radicales y racionalistas ya habían minado las bases de la fe católica, pavimentando así el camino para la explosión de herejía y confusión que ha devastado la Iglesia en los últimos treinta años.

Ya durante la década de 1950, los principales delineamientos de la Leyenda Áurea se habían difundido tranquilamente boca a boca en el mundo católico a través de las clases de seminarios “progresistas”, salas de reuniones de profesores y cursos escriturísticos para estudiantes “avanzados”. Para usar la terminología que aplican los críticos bíblicos al Nuevo Testamento, podemos describir este proceso diciendo que, antes de que las redacciones normalizadas por escrito de la Leyenda Áurea comenzaran a emerger, estaban tomando forma en el modo “kerigmático” de la predicación y la tradición oral. Entonces, en el mismo centro de la ciudadela – en la misma Roma – sólo dos años antes de comenzar el Concilio Vaticano II, esta tradición en desarrollo fue proclamada por escrito. Un artículo de doce páginas del Padre Luis Alonso Schoekel, S.J., un exégeta español que enseñaba en el Pontificio Instituto Bíblico, se publicó como nota editorial del número del 3 de septiembre de 1960 del prestigioso periódico jesuita romano La Civilta Cattolica. Con el título “Dove va l’esegesi cattolica?("¿Hacia dónde va la exégesis católica?"), la nota editorial del P. Alonso señalaba la difusión creciente de la nueva y “más abierta” escuela de estudios bíblicos supuestamente promovida por el papa Pío XII en Divino Afflante Spiritu, y, respondiendo la pregunta del título, profetizaba (en forma bastante precisa, como resultaron las cosas) el predominio cada vez mayor de esta escuela “abierta” sobre la escuela “cerrada” o “conservadora” que, se decía, era la prevaleciente en la exégesis católica antes de 1943.

Es notable, por supuesto, que el manifiesto del Padre Alonso a favor de la nueva era bíblica no apareciera hasta después de la muerte (en 1958) del Papa supuestamente progresista en cuya recuerdo y homenaje se publicaba. ¿Había tal vez algún mínimo temor cuando Pío XII estaba aún vivo y activo, aquel pontífice que había promulgado la encíclica Humani Generis sólo unos años después de Divino Afflante Spiritu, de que no fuese tan entusiasta acerca de que se lo retratara como campeón y principal instigador de las tendencias “más abiertas” e innovadoras de los estudios bíblicos? Después de todo, Humani Generis era todo lo contrario a una encíclica “progresista”: fue promulgada en 1950 por el papa Pío XII precisamente con el fin de denunciar las peligrosas tendencias modernistas de la teología y exégesis bíblica más reciente. En cualquier caso, toda esa precaución por parte de la élite progresista pronto se vio evaporada con los vientos que corrieron tras la muerte del Papa; y lo que podemos llamar creatividad teológica de la comunidad exegética ha continuado desarrollando el kerygma primitivo a la luz de la experiencia postconciliar, al punto de que las formas “canónicas” actuales de la Leyenda Áurea aplican a la Divino Afflante Spiritu en forma libre y abierta adjetivos que el Padre Alonso no se atrevía a poner en 1960: el Padre Fitzmyer, en los ’90, nos asegura que “la encíclica de Pío XII… fue, en realidad, revolucionaria” [10].

Crítica Ortodoxa

Sin embargo, casi tan pronto como la Leyenda Áurea salió de la imprenta en la forma original y menos desarrollada del Padre Alonso, se vio convincentemente rebatida por un formidable guardián romano de la ortodoxia bíblica que podía ver que, a pesar de la fraseología diplomática, el editorial de Alonso estaba explotando el nombre y la autoridad de Pío XII para dar por tierra con toda la tradición bimilenaria de la exégesis católica. Éste fue Monseñor Antonino Romeo, un estudioso de la Escritura que era en ese tiempo miembro de la Sagrada Congregación para los Seminarios y las Universidades [11]. En su respuesta fundada, elocuente e indignada al Padre Alonso, en el número de diciembre de 1960 de Divinitas, el periódico de teología de la Pontificia Universidad Laterana de Roma [12], Romeo no tuvo ninguna dificultad en demostrar que tan floja era la evidencia histórica aducida por el joven profesor del Instituto Bíblico para apoyar su tesis.

El argumento más provocativo del editorial de Alonso Schoekel era que en 1943, el mismo Pío XII “era conciente de estar abriendo una puerta nueva y ancha a través de la cual muchas novedades pudiesen entrar en los precintos de la exégesis católica – novedades que habrían sorprendido excesivamente a las mentes conservadoras” [13]. Para fundar su tesis, Alonso necesitaba encontrar algún académico bíblico de preguerra “excesivamente conservador” a quien pudiese señalar como ejemplo de las tendencias aprobadas y dominantes en la exégesis católica antes del tiempo de Pío XII. Pero para hacer esto, como demostró Romeo, Alonso recurrió a caricaturizar y sacar de contexto ciertos escritos de tres grandes estudiosos de la Biblia de la primera mitad del siglo XX, los padres Billot, Murillo y Fonck [14]. Y, cuando llegó el turno de encontrar casos de tesis específicamente bíblicas a las que previamente el Magisterio había “cerrado” las puertas pero que ahora se habían “abierto” en virtud de Divino Afflante Spiritu, ¡Alonso no pudo citar ni un único ejemplo! Mencionó la creencia en la última autoría del libro del Eclesiastés (esto es, siglos después de la muerte del rey Salomón [15]) como una tesis que, según él, sólo había sido gradual y cautelosamente admitida en los años de preguerra; pero, aparte del hecho de que incluso durante los años más severos del período anti-modernista, el Magisterio jamás censuró esta tesis, la erudición superior de Romeo pudo citar otros diez exégetas de períodos anteriores que abiertamente habían sostenido esa tesis, además de los dos conocía y alababa Alonso con pioneros aislados y atrevidos [16]. Alonso adelantaba también que una de las “novedades” que se permitían ahora entrar por la puerta exegética gracias a Divino Afflante Spiritu, era el permiso de cuestionar la historicidad literal y completa del libro de Judith. Pero de nuevo, Romeo señaló que el género literario de este libro ya había sido reconocido como oscuro y abierto a debate por autores católicos mucho antes del tiempo de Pío XII: ya en 1933, el renombrado académico bíblico G. Ricciotti “pudo escribir… con todas las aprobaciones eclesiásticas: ‘Los académicos actuales en cada campo acuerdan como mínimo lo siguiente, que el libro de Judith no tiene sentido si lo interpretamos literalmente’” [17].

Romeo daba también su testimonio personal, siendo alguien que estaba en el Instituto Bíblico de Roma durante el período que según Alonso (décadas después y sin ninguna experiencia similar) los exégetas católicos habían estado atrapados bajo la sumisión y el miedo a la autoridad de la Iglesia. Decía Romeo que esta denuncia carecía de pruebas: “Para que conste, este escritor fue testigo de que, en el Pontificio Instituto Bíblico, antes del 30 de septiembre de 1943, nadie fue consiente de la existencia de un clima de miedo y desaliento entre los exégetas” [18]. Recordó que en el tiempo en que Divino Afflante Spiritu fue publicada, nadie pensó que hubiese nada particularmente “liberador” o “revolucionario” en ella. (Esto no sorprende en vistas del hecho de que Pío XII repetidamente insiste en la primer parte de la encíclica que desea confirmar y reforzar todo lo que sus predecesores desde León XIII habían dicho respecto a los estudios escriturísticos [19]). Como respuesta a la versión de Alonso Schoekel de la historia reciente, Romeo escribió:

“En 1943 nadie notó ningún cambio de dirección. La iluminante encíclica Divino Afflante Spiritu continuamente se refiere a la gloriosa Tradición pasada a sobre la que la exégesis católica siempre descansó. Cuando nos alienta a progresar en la ciencia exegética, constantemente nos señala que el camino ya ha sido trazado por los exégetas previos y el ejemplo esplendente de los Padres.” [20]

Incluso académicos que más tarde convertirían su exégesis en algo más (o más abiertamente) progresista no pudieron, en el período inmediatamente posterior a la promulgación de la encíclica de Pío XII, encontrar nada que les permitiera lo que antes estaba prohibido. El Padre Jean Levie, S.J., se hizo conocido a fines de los ’50 como un académico decididamente “progresista” y fue severamente criticado por Romeo, en su artículo de 1960 que estamos considerando, por el enfoque pobre con el que valoraba la historicidad de la Biblia. Pero en su propio comentario a la Divino Afflante Spiritu publicado en 1946, Levie nunca pretendió que se estuviese abriendo ninguna puerta cerrada – menos aún que Pío XII tuviese la intensión conciente de hacerlo [21].

El argumento más poderoso de Monseñor Romeo contra el Padre Alonso Schoekel fue apelar al comentario más autorizada a la Divino Afflante Spiritu jamás publicado: un artículo del Padre (luego cardenal) Augustin Bea que apareció en La Civilta Cattolica en 1943, en el mismo número en que se publicaba la encíclica por primera vez. Bea era en ese tiempo rector del Pontificio Instituto Bíblico y tenía contacto personal frecuente con el papa Pío XII ya que era su confesor. Más aún, era un secreto a voces en Roma que Bea fue el principal experto a quien el Papa encargó el borrador de la encíclica. Nadie, por lo tanto, estaba en mejor posición que el Padre Bea para exponer el significado y las intenciones del Papa en el documento; y la publicación de su comentario junto a la encíclica claramente indicaba la gran confianza de la Santa Sede en su habilidad para explicarla correctamente. Pero, como señaló Romeo en su artículo diecisiete años después, el comentario de Bea no sugiere en ninguna medida que Pío XII tuviese alguna intención de “abrir nuevas puertas” a los académicos bíblicos que antes hubiesen estado cerradas por sus predecesores en la cátedra de Pedro. Por el contrario: Bea comenzaba su artículo insistiendo que el motivo que marcaba la ocasión para la nueva encíclica de Pío XII era el 50º aniversario de la encíclica de León XIII de 1893 Providentissimus, que “fijó para todos los tiempos las líneas fundamentales de los estudios bíblicos en la Iglesia Católica” [22]. Y al resumir su comentario, Bea describió la Divino Afflante Spiritu en términos igualmente conservadores: “su doctrina entrará ciertamente entre la serie de aquellos documentos pontificios que quedarán por siempre como guía y norma de la enseñanza bíblica” [23].

La Reacción Progresista

En respuesta a la devastadora crítica de Monseñor Romeo al Padre Alonso Schoekel, los profesores del Pontificio Instituto Bíblico cerraron filas alrededor de su abatido colega, dejando claro que consideraban que su institución en conjunto estaba bajo ataque. (En este tiempo de resurgir progresista naciente tras la muerte de Pío XII, Romeo había aprovechado la oportunidad no sólo para criticar a Alonso, sino también a otros exégetas, incluyendo a otros dos profesores del Instituto.) Rápidamente apareció un artículo en latín en el periódico del Instituto, Verbum Dei, “firmado” sólo con las iniciales de dicho instituto y que ocupaba menos de un cuarta parte del artículo de Divinitas que estaba respondiendo [24]. No pretendía refutar los argumentos sustantivos de Romeo contra la tesis central de Alonso, el intento de reescribir la historia demarcando una línea entre la encíclica de Pío XII y todos los previos documentos del Magisterio sobre la Sagrada Escritura, aunque se minimizaba la gravedad y la relevancia de las denuncias del mismo pontífice en la Humani Generis sobre el peligro de las novedades exegéticas [25]. En vez de eso, los profesores del Instituto Bíblico optaron por una respuesta que fue un golpe maestro de relaciones públicas – uno que efectivamente puso a Romeo contra las cuerdas y ayudó a asegurar para la Leyenda Áurea la versión cuasi-oficial de un supuesto progreso de los estudios bíblicos a lo largo del siglo XX. Lo que hicieron los profesores fue evitar responder los argumentos centrales de Romeo para presentarse ellos mismos como víctimas de una calumnia gratuita y oscurantista. Sacaron a la luz algunos puntos bastante secundarios del artículo de Romeo en los cuales el atacante había supuestamente malinterpretado a varios de los escritores que criticaba e insinuaron que esto había sido hecho de manera intencional y maliciosa. También se dedicaron a atacar varios pasajes en los cuales Romeo se había permitido de alguna manera mostrar su indignación, al punto de haber hecho acusaciones para las cuales no acompañaba prueba documental.

El Instituto Bíblico encontró un objetivo fácil para ridiculizar, por ejemplo, en una cita apasionada y aparentemente exagerada donde Romeo había hecho claro que consideraba el artículo de Alonso simplemente como la punta de un vasto iceberg de modernismo exegético oculto en las facultades teológicas católicas de todo el mundo. Denunciaba limpiamente toda la academia católica bíblica contemporánea como un intento de erosión desde adentro como parte de una verdadera conspiración de disenso desde los más altos cargos. Tras recordar la alarma hecha sonar en la Humani Generis contra las tendencias que Pío XII declaraba como “amenazando subvertir las bases de la doctrina católica”, continuaba Romeo:

“En Roma y en todo el mundo existe todo un sarpullido de actividad incesante por parte de termitas que trabajan fervorosamente en las sombras. Esto nos obliga a intuir la presencia activa de un plan completo de engaño para desintegrar aquellas doctrinas que forman y nutren la fe católica. Un número cada vez mayor de ‘pajas en el viento’ que vienen de distintos frentes testimonian el desarrollo gradual de un plan amplio y progresivo de manipulación, bajo el liderazgo extremadamente capaz de un hombre aparentemente devoto, calculado para desenraizar el cristianismo del modo en que éste ha conocido y vivido durante diecinueve siglos, para reemplazarlo por el cristianismo de la ‘nueva era’.” [26]

El Instituto Bíblico necesitaba citar sólo este “pasaje púrpura” con un aire de incredulidad dolorosa y sofisticada, llamándolo “visión apocalíptica” [27] de Romeo, para desacreditarlo a los ojos de muchos lectores influyentes. Después de todo, ¿no es uno de los elementos de la modernidad iluminista encontrar todo tipo de “teorías conspirativas derechistas” mostrándolas como ridículas, y de eso modo no tener que responder con la razón y contra argumentos, sino descartándolas simplemente con una sonrisa sabionda y un movimiento de la mano?

En cualquier caso, aunque el iceberg fuese o no tan peligroso y malicioso como pensaba Romeo, el hecho es que sí había un iceberg bajo la superficie que salió a flote con la respuesta de los profesores del Instituto Bíblico. Después de todo, sólo dos o tres de ellos habían sido nombrados por Romeo; pero todo el cuerpo de profesores de alrededor de veinte evidentemente se sintió desafiado y ahora se levantaba como un solo hombre para resistir. En realidad, su carta de triunfo fue presentar pruebas de que la enorme mayoría de los estudiosos católicos de la Biblia favorecían las tendencias denunciadas por Romeo – esto es, el apelar a la encíclica de Pío XII sobre la Escritura para justificar interpretaciones “más abiertas” y menos rigurosas de la inerrancia e historicidad de la Biblia – de modo que esta condena de unos pocos fue convertida por ellos en una condena de toda la exégesis católica contemporánea. Tras citar el pasaje “conspirativo” de Romeo, los profesores comentaban a sus lectores: “Os preguntaréis, finalmente, si quedaría algún exégeta contemporáneo – llevándonos por… el criterio [de Romeo] – que no se encuentran implicados en esta conspiración mortal y prácticamente diabólica” [28]. Entonces prosiguieron dando una lista aparentemente impresionante de alta autoridades eclesiásticas, instituciones católicas renombradas, respetados periódicos bíblicos y grupos de exégetas profesionales que habían apoyado abiertamente a los profesores jesuitas Maximilian Zerwick y Jean Levie, a los cuales Romeo acusaba de modernistas y heterodoxos [29].

En breve, la “teoría conspirativa” de Romeo no estaba demasiado lejos de la verdad. El tipo de exégesis resbalosa denunciado por la Humani Generis se había seguido expandiendo tranquilamente entre los académicos a lo largo de la década de 1950, pero se había mantenido más o menos fuera de los impresos y el público mientras el severo y vigilante Pío XII se encontraba a cargo del timón de la barca de Pedro. Cuando, poco después de la muerte de Pío XII, Monseñor Romeo y unos pocos [30] tocaron la punta del iceberg, la gran masa bajo la superficie comenzó a emerger. Esta nueva élite emergente, al estirarse, flexibilizando sus músculos y tomando nota de su poder latente, no podía dispensarse de la tarea difícil (sino imposible) de responder los cuidadosos argumentos de Romeo con la Escritura y el Magisterio en la mano, y se sintieron libres de “argumentar” con una simple demostración de fuerza: “¡Estamos en todos lados! ¡Te enfrentas a uno de nosotros y nos enfrentas a todos!”

III. 1961-1968: EL TRIUNFO DE LA LEYENDA AUREA

El resultado inmediato del choque en 1960 de las escuelas bíblicas tradicional y progresista en el centro de la Iglesia Católica pareció constituir una victoria para la primera; sin embargo, probó ser una victoria de muy corto plazo, como veremos.

La Intervención del Papa Pablo

El conflicto fue visto inmediatamente como una confrontación escandalosa entre dos instituciones pontificias prestigiosas – el Instituto Bíblico dirigido por los jesuitas y la Universidad Laterana. Nada de esto había ocurrido en la memoria viva de la Ciudad Eterna y el feo espectáculo de dos augustas academias romanas en estado de combate mortal pronto atrajo la atención del Papa Juan XXIII, quien, durante la primavera de 1961, instruyó al Santo Oficio (bajo el cardenal Alfredo Ottaviani) a intervenir y adjudicar la disputa. Mientras el caso era estudiado, el Santo Oficio emitió un Monitum (advertencia) el 20 de junio de 1961 contra las tendencias exegéticas que ponían en disputa la historicidad de los Evangelios [31], y unos días después el libro La Vie de Jesus del estudioso bíblico francés Jean Steinmann – considerado un ejemplo de tales tendencias – fue condenado y puesto en el Índice de Libros Prohibidos, con la aprobación expresa del Papa Juan [32]. Entonces, en septiembre del mismo año, dos de los profesores del Instituto Bíblico, a los cuales Monseñor Romeo había denunciado en su famoso artículo, Stanislaus Lyonnet y Maximilian Zerwick, fueron expulsados de sus cátedras por orden del Santo Oficio. Romeo también los había acusado de minar la historicidad de los Evangelios: Zerwick, por ejemplo, había asegurado en un seminario para profesores italianos de la Biblia que las promesas de Cristo a Pedro en Mateo 16,18-19 (“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra…”) son “la obra del evangelista, que pone en labios de Jesús una frase ficticia” [33]. (El Padre Malachi Martin, que en ese tiempo era colega de Zerwick en el Instituto Bíblico, también me contó su recuerdo de una conversación privada con Zerwick en donde éste desechaba como “míticos” los relatos de San Mateo sobre la visita de los magos, la masacre de los inocentes por orden de Herodes, etc.)

A la luz de estas advertencias magisteriales y medidas disciplinares de 1961, parecía que los “fundamentalistas” del Vaticano (como los llamaba el P. Raymond Brown) habían ganado. Sin embargo, el papa Pablo VI, poco después de su elección en junio de 1963, inició un curso de acción que – lo haya querido o no – iba a resultar en la reversión práctica de esta situación. Como cardenal Montini de Milán, se registran algunas aseveraciones anteriores al Vaticano II que, a la luz de la subsecuente explosión de disenso que iba a salir a la superficie después del Concilio, se probaron muy ingenuas. Había afirmado, por ejemplo, que toda la Iglesia Católica, en vistas del inminente concilio ecuménico, se encontraba serenamente unida en la fe y no perturbada por disputas internas o herejías de ningún tipo. Respecto a la particular controversia que hemos examinado, el papa Pablo, en línea con su mirada optimista, fue convencido de que Romeo y otro exégeta tradicional de la Universidad Laterana de Roma, Monseñor Francesco Spadafora [34], habían calumniado a los profesores del Instituto Bíblico en sus acusaciones publicadas. En consonancia con ello, durante su primera visita como Papa a la Universidad Laterana, el 31 de octubre de 1963, públicamente regañó a esos profesores conservadores, acusándolos de haberse enganchado en una “rivalidad celosa” y en “polémicas vejadoras”, y advirtiéndoles que nunca debían repetir un comportamiento como ese [35]. No poco después de eso, el Papa removió del cargo de rector de la Universidad Laterana a Monseñor Antonio Piolanti, quien, como editor de Divinitas, había apoyado las acusaciones hechas en el periódico por Romeo y Spadafora. Entonces, en marzo de 1964, Pablo VI recibió en audiencia al nuevo rector del Instituto Bíblico, el canadiense Padre Roderick MacKenzie, S.J., quien le pidió reabrir el caso de los dos profesores jesuitas que el cardenal Ottaviani había expulsado como profesores.

Con la espontánea simpatía por las aseveraciones de Mackenzie de que Lyonnet y Zerwick habían sido las víctimas inocentes del prejuicio reaccionario, Pablo VI acordó hacer reexaminar sus casos por una comisión de cardenales dirigida por el antiguo rector del Instituto Bíblico, el cardenal Bea. El resultado de esto fue que los dos profesores jesuitas fueron reinstalados en sus cargos en el otoño de 1964. Esta reinvestigación fue llevada a cabo en secreto. Del grupo selecto de cardenales que en 1964 componían la Pontificia Comisión Bíblica (que en ese tiempo era aún un organismo del Magisterio), la único miembro que aún vive es el cardenal Franz Koenig, arzobispo retirado de Viena. Me informó el año pasado que no sólo no fue consultado acerca de la reinvestigación, sino que nunca se enteró de nada hasta que leyó el resultado en el diario. Y en 1995 pregunté a Monseñor Spadafora, uno de los principales “testigos de la fiscalía” en el proceso original de 1961 contra los dos profesores, si había sido vuelto a llamar durante la reexaminación del cardenal Bea de estos casos tres años después. Me respondió que él también no supo nada de todo esto hasta que los resultados se hicieron públicos.

Restauración del Status Quo Progresista

Los efectos de esta reinstalación recomendada por Bea y autorizada por Pablo VI fueron momentáneos: con la ventaja del paso del tiempo, podemos ahora ver lo mucho que hicieron por asegurar el firme atrincheramiento en la academia católica de estudiosos bíblicos progresistas y racionalistas, junto a la Leyenda Áurea que le da respetabilidad a esa escuela de exégesis. Como me comentaba el cardenal Koenig en una carta, “el reestablecimiento de los dos jesuitas, Lyonett y Zerwick, causó mucha impresión en ese tiempo y los testigos entendieron que Pablo VI no estaba de acuerdo con las decisiones del Santo Oficio” [36]. En verdad, fue ésta una de una serie de humillaciones que su prefecto, el cardenal Ottaviani, debió sufrir durante los años del Vaticano II [37].

No se trata de que Pablo VI tuviese simpatía por la crítica radical de los Evangelios. Por el contrario, en mi tesis doctoral, aprobada el pasado enero y que está a punto de ser publicada en Roma, he demostrado que, como todos sus predecesores (y sucesores) en la Cátedra de Pedro, Pablo VI sostuve con claridad y constancia la historicidad íntegra de los Evangelios – incluyendo aquellos pasajes que con frecuencia son desmitologizados por los exégetas del “establishment” – en cientos de documentos y discursos. Realmente, mi investigación ha revelado que el Papa reafirmó no menos de 52 veces, desde el comienzo hasta su décimo quinto año de pontificado, la historicidad de las promesas de Nuestro Señor a San Pedro como las registró Mateo en 16,17-19.

¿Por qué, entonces, reinstaló al Padre Zerwick, quien públicamente había descripto tales promesas como “ficción”, siendo profesor en la institución más vital y prestigiosa de la Iglesia en cuanto a los estudios bíblicos – y sin siquiera requerir de Zerwick ninguna retractación pública? Deberemos esperar hasta mediados del próximo siglo, cuando los archivos relevantes del Santo Oficio sean finalmente abiertos a estudio [38], antes de poder poner más luz sobre esta gran pregunta. Pero en términos generales, podemos decir que este caso es una evidencia más del carácter enigmático y paradójico del pontificado de Pablo VI. De acuerdo con las mismas promesas de Pedro, cuya autenticidad estaba siendo puesta en duda, el magisterio oficial del papa Pablo siempre expresó la fe apostólica ortodoxa; pero sus decisiones prácticas y administrativas – y a veces, su indecisión – con frecuencia parece haber tenido el efecto de permitir que la fe se vea comprometida. Como he dicho en una de las conclusiones de mi tesis doctoral: “Uno podría decir… que la estrategia concientemente elegida por Pablo VI para tratar con la amenaza de la falsa doctrina – tanto en los estudios bíblicos como en las otras ciencias sagradas – era prácticamente el opuesto del famoso dicho del presidente estadounidense Theodore Roosevelt sobre las relaciones exteriores, ‘hablar suavemente, pero portar un gran palo’. Por el contrario, el papa Pablo daba la impresión de intentar compensar la negligencia en tomar acciones disciplinarias con la redoblada frecuencia y urgencia en los discursos.”

Pareciera que, de facto, se establecieron ciertas condiciones para el regreso de estos dos profesores jesuitas a sus posiciones de enseñanza: como he demostrado en mi tesis, de allí en más no volvieron a enseñar o publicar material que tratara áreas de estudios bíblicos donde sus ideas chocaran con el juicio del Santo Oficio. Sin embargo, nada de esto fue dado jamás a publicidad; y el mensaje de facto enviado a los estudiosos bíblicos católicos de todo el mundo en el verano de 1964 era simplemente que las acciones resuenan más que las palabras. Se entendió que, de allí en más, más allá de lo que dijese el Magisterio en el papel respecto a la interpretación bíblica, los exégetas católicos pueden en la práctica sentirse libres de promover cualquier teoría exegética crítica que les guste sin temor a acciones disciplinarias. Después de treinta años estas situación aún prevalece: al mismo tiempo que varios teólogos dogmáticos y morales han recibido advertencias y/o han sido disciplinados por Roma en las décadas recientes (Hans Kung, Edward Schillebeeckx, Charles Curran, Leonardo Boff, Tissa Balasuriya, por ejemplo), ni un solo exégeta profesional, hasta donde sé, ha sido expulsado de su cátedra, incluso aunque la exégesis bíblica radical casi siempre ha provisto las premisas más importantes de las conclusiones expuestas por los teólogos disidentes de Moral o Dogma.

Catástrofe Conciliar

Otro factor que ayudó al triunfo de la Leyenda Áurea fue la derrota aún más catastrófica sufrida por el cardenal Ottaviani y el Santo Oficio en noviembre de 1962, cuando el esquema conciliar inicial sobre “Las fuentes de la Revelación” (la Escritura y la Tradición), que había sido preparado bajo la supervisión de Ottaviani, fue rechazado decisivamente por los Padres del Concilio Vaticano II. Entre otras cosas, el esquema explícitamente afirmaba la completa inerrancia de la Escritura y la verdad histórica de las narraciones de la Infancia y la Resurrección en los Evangelios, reprimiendo severamente a cualquier que “se atreviera” a minimizar la historicidad de las palabras y acciones de Jesús tal cual fueron reportada en cualquier parte de los cuatro Evangelios. Más de 60% de los Padres Conciliares votaron contra estos documentos luego de escuchar durante varios días a algunos de los prelados más prestigiosos de la Iglesia – sobre todos el cardenal Bea – que hicieron excoriar el esquema por su supuesta negatividad y por la sospecha que tendía sobre la exégesis moderna, su tono excesivamente “escolástico” y “no pastoral”, su insensibilidad ecuménica y, por supuesto, su incapacidad de incorporar los enfoques nuevos y liberadores supuestamente contenidos en la encíclica Divino Afflante Spiritu de Pío XII. Esto, a pesar del hecho de que el esquema no sólo contenía frecuentes referencias a la DAS, sino que incluso citaba precisamente los pasajes supuestamente “liberadores” y “revolucionarios” de dicha encíclica que habían sido el principal pretexto para aquéllos que había tejido la Leyenda Áurea: esto es, el pasaje donde Pío XII habla de la importancia de identificar correctamente las respectivas formas literarias de las diferentes partes de la Escritura [39]. Luego del rechazo del borrador original sobre la Divina Revelación, el esquema que lo reemplazó sufrió varias revisiones durante los siguientes tres años del Concilio Vaticano II y, gracias a la vigilancia y la insistencia durante ese proceso de algunos de los Padres más fuertemente tradicionales, la versión finalmente aprobada y promulgada por el Papa Pablo VI el 18 de noviembre de 1965 – la constitución dogmática Dei Verbum – reincorporó realmente los principales puntos que los progresistas rechazaron del esquema original, aunque ahora de una forma más indirecta y menos explícita. En vez de asentarla franca y prominentemente en el texto principal del documento, la inerrancia ilimitada de la Escritura y el carácter histórico de las narraciones de la Infancia y la Resurrección ahora emergen como enseñanzas reafirmadas por el Concilio Vaticano II sólo cuando uno tiene en cuenta la “letra chica”: esto es, las notas al pie y las explicaciones oficiales de los arreglos del texto entregado por los Padres Conciliares a través de los voceros de la Comisión Teológica. Estas explicaciones, en cualquier caso, son inaccesibles para el 99% de los fieles católicos: la mayoría de ellas nunca han sido traducidas a las lenguas vernáculas y los únicos lugares donde uno puede estar seguro de desenterrarlas son las bibliotecas católicas lo suficientemente grandes para contener los veintisiete grandes tomos que contienen los procedimientos completos del Concilio, todos ellos en latín.

Por lo tanto, podemos decir que en los documentos del Vaticano II el papa Pablo VI y los Padres Conciliares en efecto optaron por la política de reafirmar una cantidad de puntos doctrinales vitales aunque controvertidos, pero sólo de manera sutil y apenas audible, más que pronunciarlas fuerte y claro. Y esto, me atrevo a sugerir, ha terminado siendo un desastre de relaciones públicas para la ortodoxia católica en una era de comunicaciones masivas, cuando estamos cada vez más condicionados para asimilar información sólo cuando nos llega de las maneras más desvergonzadas y groseras – arrojada como eslóganes y ruidos pre-digeridos y repetitivos desde los titulares ricos en decibeles y colores vivos de los diarios, la televisión y las pantallas de las computadoras.

Los proveedores de la Leyenda Áurea, que, como todos los progresistas católicos, siempre pueden contar con el apoyo de los medios seculares, rápidamente pudieron tomar ventaja de la situación. Ignorando la letra chica del Concilio en la Dei Verbum, y citando en forma muy selectiva la encíclica de Pío XII, tuvieron éxito en dominar la opinión pública en cuanto a los estudios bíblicos católicos, de modo que a menos de tres años del Concilio incluso llegaron a los oídos de quienes escriben los discursos papales. En una alocución al un congreso de estudiosos sobre el Antiguo Testamento en 1968, Pabloo VI hizo exactamente la misma afirmación pseudo-histórica que el Padre Luis Alonso Schoekel había hecho ocho años atrás en la editorial que causó la reacción indignada de Monseñor Antonino Romeo. El Papa dijo: “Vosotros todos sabéis que nuestro predecesor Pío XII abrió un camino amplio para los investigadores en su encíclica Divino Afflante Spiritu del 30 de septiembre de 1943.” Evidentemente, la reseña de la enseñanza papal del siglo XX sobre la Escritura hecha por Romeo hacía tiempo que había sido arrojada al papelero. Fue una historia excelente, pero, con una distancia de más de treinta y cinco años, podemos ver ahora, en forma más clara que nunca antes, que, prácticamente antes de que la tinta estuviese seca, era la historia escrita por un derrotado.

IV. LAS FALACIAS DE LA LEYENDA AUREA

Finalmente, tras nuestros excursus histórico que intentó resumir el proceso por el cual los estudiosos bíblicos progresistas llegaron al control y dominio del escenario, concluiré, después de todo, preguntándome – y respondiendo muy brevemente – qué es lo que está mal en la Leyenda Áurea. ¿Cuáles son las falacias contenidas en esta versión de nuestra historia reciente que necesitan ser desmitologizadas? Después de todo, sostengo, con Monseñor Romeo, que la supuesta apertura que hizo Pío XII de las puertas exegéticas que habían sido cerradas por sus predecesores es puramente legendaria. Pero si esto es así, ¿por qué es que la leyenda ha logrado disfrazarse por tanto tiempo y con tanto éxito como si se tratara de un hecho histórico? ¿Seguramente el Papa debe haber dicho algo en Divino Afflante Spiritu que al menos dio un pretexto para este tipo de interpretación que critico? He tratado este asunto, entre otros, en un artículo que apareció en el número de primavera de 1997 de la revista Faith & Reason [40], y no voy a reproducir aquí todo lo que ya dije en él. Lo que sigue es un breve resumen de algunos de sus principales puntos:

El MITO Nº 1 sostiene que, desde el comienzo del siglo XX hasta 1943, el Magisterio adoptó un enfoque cerrado, negativo y suspicaz hacia todos los académicos bíblicos, de modo que los exégetas se encontraban con un miedo constante a la censura a mano de autoridades vaticanas opresivas y oscurantistas. Sin embargo, la realidad es que, de todos los miles de libros y artículos sobre la Escritura publicados en este período de cuarenta años, sólo cuatro libros y dos artículos fueron formalmente condenados por el Santo Oficio o la Comisión Bíblica. Esto parece un cómputo demasiado modesto para un supuesto reino del terror contra los estudiosos de la Biblia. Tenemos testimonios de biblistas como el nombrado Romeo que estaban en eso en ese tiempo y que afirmaron que no era verdad que los exégetas en general vivieran con temor a ser silenciados o censurados por las autoridades romanas. La realidad es que había, sin duda, una minoría de estudiosos cripto-progresistas que se sentían oprimidos y que subsecuentemente hablando de ese período extendieron sus propios miedos al sentimiento general de todos los exégetas de su tiempo.

El MITO Nº 2 asegura que el principal motivo que tuvo el papa Pío XII para publicar Divino Afflante Spiritu fue advertir a la Iglesia de la amenaza directa que significaba el rechazo la crítica bíblica (progresista) por parte de los católicos ultraconservadores que sostenían el enfoque fundamentalista. ¿Fue así realmente? El hecho es que la encíclica de Pío XII hace un único comentario diciendo que los católicos no deben rechazar automáticamente cualquier estudio bíblico nuevo por el simple hecho de ser nuevo. Ahora bien, cuando investigamos el origen de ese breve comentario, encontramos que el Papa tenía en mente a un único caso, el de un sacerdote solitario, un tal Padre Dolindo Ruotolo, prácticamente desconocido fuera de Italia, quien había causado cierta controversia en 1941, al hacer circular un panfleto “tradicionalista” que denunciaba como modernismo los estudios bíblicos actuales. Pero las ideas del P. Ruotolo eran tan extremas que no se alineaban con ninguna tradición auténtica. Por ejemplo, condenaba el estudio moderno de, y el énfasis en, las lenguas originales de la Escritura, el griego y el hebreo, porque, según su interpretación del Concilio de Trento, la edición Vulgata latina era ya las más perfecta versión posible de la Biblia. Esta posición muy extrema y bastante errónea era lo que Pío XII tenía en mente al hacer el dicho comentario. Pero en tiempos más recientes, el finado P. Raymond Brown y otros exégetas del establishment han citado la oración para condenar a quienes critican su propia exégesis sobre estas materias, en publicaciones como The Wanderer, Culture Wars, This Rock, Homiletic & Pastoral Review y Faith & Reason.

El MITO Nº 3 afirma que los Papas anteriores se habían negado a permitir a los exégetas identificar diferentes géneros literarios en la Escritura, insistiendo en que todo en la Escritura debe interpretarse literalmente, y que, por el contrario, Pío XII revirtió esta política reaccionaria e insistió en la correcta identificación de las formas literarias de la Biblia. Lo cierto es que mucho tiempo antes de Pío XII el Magisterio había permitida hacer especulaciones sobre los géneros literarios de los libros de la Biblia y que lo que Pío XII hizo fue establecer de manera más explícita ciertos principios que hacía tiempo ya habían sido reconocidos en la práctica.

El MITO Nº 4 nos cuenta que, gracias al reconocimiento por parte de Pío XII de los diferentes géneros literarios y la enseñanza del Vaticano II sobre el mismo tema, los exégetas católicos ahora están legitimados para sostener que partes de los cuatros Evangelios deben entenderse como literatura imaginaria o simbólica de alguna clase, más que como historia verdadera. El hecho es que ni Pío XII ni el Vaticano II dan ninguna justificación para este tipo de opinión, que representa un abuso, más que una aplicación legítima de la enseñanza de la Iglesia sobre los géneros literarios bíblicos.

Finalmente, el MITO Nº 5, nos quiere hacer creer que el Vaticano II restringe la inerrancia de la Escritura a algunos temas o elementos que “están puestos en la Biblia para nuestra salvación”. La verdad es que, como las explicaciones oficiales y las notas al pie – la “letra chica” – dejan claro, no existe tal restricción. He argumentado en mi tesis doctoral que las traducciones en lenguas vernáculas publicadas de la Dei Verbum en realidad son confusas y que una traducción exacta dejaría bien en claro lo que lo que el Concilio quiere decir realmente es que todo en la Biblia está allí “para nuestra salvación”, y que todo lo que los escritores afirman está necesariamente libre de error en virtud de su simultánea autoría divina. Copiaré la mejor traducción vernácula publicada de este pasaje y luego mi propia traducción, la cual explico con mucho detalle en mi tesis doctoral. La primera se encuentra en la edición Flannery y viene también, desafortunadamente, usada en el Catecismo de la Iglesia Católica (#107):

“Dado que todo lo que los autores inspirados y los escritores sacros afirman debe considerarse como afirmado por el Espíritu Santo, debemos reconocer que los libros de la Escritura, firme, fielmente y sin error, enseñan aquella verdad que Dios, para nuestra salvación, deseaba ver revelada en las Sagradas Escrituras.”

Hasta cierto punto es ambiguo: uno no sabe si toda la Biblia o sólo algo de ella está allí para nuestra salvación, y consecuentemente estamos garantizados que está libre de error. Mi sugerencia de traducción es la siguiente:

“Dado que todo lo que los autores inspirados y escritores sacros afirman debe considerarse como afirmado por el Espíritu Santo, debemos en consecuencia reconocer que los libros de la Biblia enseñan la verdad firme, fielmente y sin error – teniendo en cuenta que fue por nuestra salvación que Dios deseaba que esta verdad fuese registrada en la forma de la Sagrada Escritura.” [*]

Signos de Esperanza

Casi treinta años después del triunfo de la Leyenda Áurea, aún reina virtualmente sin desafío, a pesar de su manifiesta falsa representación de los documentos de la Iglesia. ¿Existen signos de esperanza? Sí que existen. Me parece un signo subrayable de la protección del Espíritu Santo a la Iglesia que, a pesar del racionalismo y el escepticismo prevaleciente en los estudios bíblicos, los documentos magisteriales de Juan Pablo II, como de sus predecesores, continúan sosteniendo la verdad histórica y la inerrancia de la Sagrada Escritura. Lo mismo que el Catecismo de la Iglesia Católica, en sus numerosas referencias a los Evangelios y otros libros bíblicos [41]. Muchas veces en el pasado, la fe de la Iglesia fue asaltada desde dentro. Pero la Roca de Pedro, en la cual Nuestro Señor fundó la Iglesia, siempre prevalecerá. Y, Dios mediante, veremos el día, en el nuevo milenio, cuando esa versión falsificada de la enseñanza de la Iglesia que he criticado en este ensayo, no sólo será reconocida como una leyenda, sino que también estará muerta y sepultada.

NOTAS

[1] cf. Dei Verbum,11.

[2] Dei Verbum, 19..

[3] Muchos o la mayoría de los católicos asocian la palabra “fundamentalista” con una lectura protestante conservadora y anticatólica de la Biblia. En años recientes, sin embargo, los fabricantes de la Leyenda Áurea no han dudado en aplicar este epíteto en forma peyorativa a los católicos que sostenemos la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la inspiración, la historicidad y la inerrancia de la Sagrada Escritura. Véase por ejemplo, J.A. Fitzmyer, S.J., (ed.), The Biblical Commission Document, "The Interpretation of the Bible in the Church"- Text and Commentary (Rome, Editrice Pontificio Istituto Biblico, 1993). Se refiere a la obra apologética de Karl Keating como un ejemplo de una nueva tendencia que considera turbadora y que describe como sigue: “Desafortunadamente, los católicos hemos visto en tiempos recientes el desarrollo de nuestra propia forma de lectura fundamentalista de la Biblia” (op. cit., p. 107, and cf. n. 143 to that page).

[4] En una bien conocida presentación de la Leyenda Aurea, otro conocido exégeta postconciliar, el Padre Raymond E. Brown, S.S., se refiere a “la crítica bíblica adoptada por Pío XII” y a ciertos exégetas prominentes “(por ejemplo, David Stanley y Stanislaus Lyonnet) ... quienes sufrieron a lo grande por los intentos fundamentalistas y abortistas cerca de 1960 por rechazar su crítica” (The Virginal Conception and Bodily Resurrection of Jesus, New York, Paulist Press, 1973, p. 6).

[5] ibid., P. 13.

[6] ibid., pp. 13-14.

[7] Fitzmyer, op. cit., p. 20, n. 10.

[8] ibid., pp. 101-108, con el texto y el comentario para la Sección I (F) del documento de la Pontificia Comisión Bíblica, intitulado “Interpretación Fundamentalista”.

[9] En este documento, lo más aproximado a una profesión de fe en la inerrancia bíblica por parte de la Comisión Bíblica, cuidadosamente se evita hacer evidente tal profesión. Nótese la curiosa elección de las palabras en la siguiente concesión: “El fundamentalista hace bien en insistir en la divina inspiración de la Biblia, la inerrancia de la Palabra de Dios y otras verdades bíblicas…” (ibid., p. 104, énfasis agregado). ¿Por qué no se utiliza una forma más breve y natural de expresar el asentimiento de la doctrina de que “todo lo afirmado por los autores inspirados… debe considerarse como afirmado por el Espíritu Santo”, como insiste el Vaticano II en la Dei Verbum, 11? ¿Por qué distinguir en este contexto entre “la Biblia” y “la Palabra de Dios” – especialmente si los “fundamentalistas” cuyas ideas supuestamente se están rechazando no lo harían? Esto es, ¿por qué no decir simplemente “el fundamentalista hace bien en insistir sobre la divina inspiración e inerrancia de la Biblia y otras verdades bíblicas…”? ¿Por qué no? – a menos que uno no esté dispuesto a conceder que el fundamentalista “hace bien” cuando expresa esta doctrina de esta forma. ¿Pero por qué debe existir un prurito tal, a menos que uno sostenga la idea – incompatible con la fe católica – de que no todo lo escrito en la Biblia es realmente “la Palabra de Dios”?

[10] op. cit., pp. 18-19.

[11] Desde entonces, este dicasterio ha sido rebautizado Congregación para la Educación Católica.

[12] A. Romeo, “L’Enciclica ‘Divino afflante Spiritu’ e le ‘Opiniones Novae’”, Divinitas 4 (1960), pp. 387-456.

[13] “… si rese ben conto di aprire una nuova ed ampia porta, e che attraverso di essa sarebbero entrate nel recinto dell'esegesi cattolica molte novit_, che avrebbero sorpreso gli animi eccessivamente conservatori” (L. Alonso Schoekel, “Dove Va L’Esegesi Cattolica?” [La Civilta Cattolica, III, quad. 2645, 3 September 1960] p. 456).

[14] cf. Alonso, op. cit., pp. 451-453 y Romeo, op.cit., pp. 397-404.

[15] El libro comienza (1,1) con una descripción del autor como “el Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén”. La opinión académica general ha sido durante mucho tiempo que esto debe comprenderse como un dispositivo literario para el lector a quien originalmente se dirigía el texto, y que la doctrina y el lenguaje del libro lo marcan como de origen post-exilio, esto es, al menos medio milenio posterior al tiempo de Salomón.

[16] cf. Alonso, op. cit., p. 454 y Romeo, op. cit,, p. 405, especialmente n. 45.

[17] cf. Alonso, op. cit., p. 457 y Romeo, op. cit., pp. 434-435, n. 113.

[18] Romeo, op. cit., p. 393, n. 13.

[19] cf. Enchiridion Biblicum (EB) 539-545.

[20] Romeo, op. cit., p. 409.

[21] cf. J. Levie, «L’Encyclique sur les études Bibliques», Parte I (Nouvelle Revue Théologique, Vol. 68, No.6, Oct. 1946) pp. 655-657 y Parte II (Vol. 68, No.7, Nov-Dic 1946) pp. 781-782.

[22] “. . . fissa per sempre le linee fondamentali dello studio biblico nella Chiesa cattolica” (A. Bea, “L’Enciclica ‘Divino afflante Spiritu’ [La Civiltà Cattolica, No. IV, quad. 2242, 10 Noviembre 1943] p. 212).

[23] “… entrere certamente nella serie dei quei documenti pontifici, che rimarranno per sempre guida e norma dell'insegnamento biblico” (ibid., p. 224).

[24] cf. artículo firmado con las iniciales “P.I.B.”, con el título entitled “Pontificium Institutum Biblicum et Recens Libellus R.mi D.ni A. Romeo” (Verbum Domini, 39 [1961] pp. 3-17).

[25] cf. Pius XII, encíclica Humani Generis (12 de agosto 1950), EB 612-613, 618.

[26] Romeo, op. cit.,p. 454.

[27] “… apocalypticam visionem” “PI.B.”, op. cit., p. 14. (En la p. 15 se reproduce el pasaje del artículo de Romeo citado en la n. 26.)

[28] ibid., p. 15, énfasis en el original.

[29] ibid.

[30] Notablemente estos incluían al cardenal Alfredo Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio, a los cardenales Ruffini y Pizzardo de la Pontifica Comisión Bíblica y a Monseñor Francesco Spadafora, otro professor de Escritura en la Universidad Laterana que en ese tiempo era asesor del Santo Oficio. Hasta su muerte en marzo de 1997, Spadafora nunca dejó de desafiar abierta y agresivamente el progresismo postconciliar en los estudios bíblicos católicos, especialmente en el periódico “anti-modernista” (así auto-denominado) italiano Si Si No No.

[31] cf. EB 634.

[32] cf. EB 635.

[33] “… l’opera dell’evangelista, che mette nella bocca di Gesu una frase fittizia’ (M. Zerwick, Critica letteraria del N.T. nell’esegesi cattolica dei Vangeli [Conferenze tenure al Convegno Biblico di Padova 15-17 settembre 1959], S. Giorgio Canavese, 1959, p. 5). Zerwick solo aceptaba que esta supuesta invención ficticia de Mateo (o por un redactor anónimo del Evangelio) estaba al menos en armonía con otras cosas que Jesús sí dijo en otras ocaciones.

[34] cf. más arriba, n. 30.

[35] “gelosa concorrenza ... fastidiosa polemica” (Insegnamenti di Paolo VI, 1963, p. 272).

[36] Carta a B.W Harrison, 29 de marzo de 1996.

[37] Como muchos otros clérigos de su tiempo, el cardenal Bea – de acuerdo a la información que me fue dada por dos sacerdotes que lo conocieron bien, como Monseñor Francesco Spadafora y el Padre Malachi Martin – adoptó decididamente ideas “progresistas” durante los años entre la muerte de Pío XII y la celebración del Vaticano II. Esto, según parece, se debió en parte a un sentido de solidaridad con colegas jesuitas, que estaban encaminados en una deriva ultra-progresistas, y en parte porque se sentía personalmente cautivado por la visión gozosa del Papa Juan de un “nuevo Pentecostés” que se lograría a través del Conclio por medio de la “apertura”, el aggiornamento, el diálogo con el mundo y, sobre todo, el ecumenismo. El Padre Martin estimaba que Bea, criado en la escuela tradicional jesuita de estricta obediencia ignaciana, concientemente luchó para adaptar su propia mirada con la de los sucesivos pontífices que tuvo que servir.

[38] En marzo de 1996 requerí permiso al cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe para tener acceso a los documentos del caso Lyonnet-Zerwick con el propósito de completar mi investigación doctrinal. Se me informó que esto no sería posible ya que ninguno de los registros del Santo Oficio desde el pontificado de San Pío X (esto es, desde 1914) están abiertos ni siquiera a los investigadores escolásticos.

[39] En referencia al pasaje en la nota 9, artículo 13, del esquema rechazado se afirmaba: “… lo que el autor realmente pretendía significar con lo que escribió es muy frecuentemente entendido incorrectamente a menos que se preste la debida atención a las formas locales y acostumbradas de pensar, hablar y narrar que eran corrientes en el tiempo en que vivieron los escritores sacros. (... id quod auctor scribendo reapse significare voluit, si pius non recte intellegitur, nisi rite attendatur ad suetos nativos cogitandi, dicendi vel narrandi modos, qui tempore hagiographorum vigebant)" (Acta Synodalia I, III, 18-19).

[40] “The Encyclical Spiritus Paraclitus in its Historical Context” (Living Tradition 60 [Sept. 1995] pp. 1-11 y 61 [Nov. 1995] pp. 1-18; republicado en Faith &Reason 23 [Spring 1997] pp. 23-88).

[41] Incluso, el Padre David Coffey del Catholic Institute of Sydney se ha quejado que “el uso acrítico de la Escritura en el Vaticano II, que ha sido objeto de comentarios académicos, es continuado en el Catecismo” (“Faith in the Creator God”, en A. Murray [ed.], The New Catechism: Analysis and Commentary [Sydney: Catholic Institute of Sydney, 1994], p. 14). El “comentario académico” al que se refiere el P. Coffey es el del Padre Raymond Brown, “Scripture and Dogma Today”, America, 157 (31 de octubre de 1987), p. 287. Es refrescante ver momentos de honestidad como éstos en los escritos de los teólogos del establishment: rara vez alguno admitiría ingenuamente estar en conflicto con la enseñanza del Vaticano II.

[*] Nota del traductor: La traducción del Catecismo de la Iglesia Católica al castellano según la edición que se encuentra en el sitio en Internet de la Santa Sede [vatican.va] dice así: 106 Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados. «En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (DV 11).”.

Christian Order, marzo de 2002. Artículo originalmente publicado en Culture Wars (enero de 1999). Tomado del sitio de la revista inglesa Christian Order, vía la bitácora Ite Ad Thomam.



El R.P. Brian W. Harrison, O.S., nacido en Australia en 1945 de familia presbiterana, se convirtió al catolicismo en 1972. En 1979 ingresó al Seminario Mayor de Sydney y completó sus estudios con la Licenciatura en Sagrada Teología en el Angelicum de Roma, siendo ordenado sacerdote en la basílica de San Pedro por el Papa Juan Pablo II en 1985. En 1997 obtuvo el Doctorado en Teología Sistemática, “summa cum laude”, en la Pontificia Universidad de la Santa Croce en Roma. Desde 1989 vive alternativamente en Puerto Rico, donde es presidente del Departamento de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, y St. Louis (Missouri), donde está la casa de los Oblatos de la Sabiduría, sociedad sacerdotal a la que pertenece y cuyo especial carisma es encarrilar la interpretación del Concilio Vaticano II según la Tradición bimilenaria de la Iglesia Católica de acuerdo con la “hermenéutica de la continuidad”.

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viernes, 23 de abril de 2010

¿El regreso de los Habsburgo?

Traduzco y copio abajo un interesante artículo, con algunas notas aclaratorias de mi autoría.

Karl von Habsburg mantiene vivo el carácter de sus antepasados en Lviv

por Natalia A. Feduschak*

LVIV, Ucrania – Karl von Habsburg [1] se río a carcajadas cuando se le preguntó qué sentía al caminar las calles de Lviv [2], una ciudad que alguna vez fue gobernada por sus antepasados.

“Lo observo desde un punto de vista académico”, dijo con una sonrisa. “No tiene nada que ver conmigo.”

A pesar de sus buenos modales, sin embargo, von Habsburg evidentemente no tiene intención de dejar que el pasado, en particular el papel de sus antepasados, permanezca inerte en los libros de historia. Casi un siglo después que el gobierno de la monarquía hasbúrguica finalizó en Europa, se está dedicando a asegurar que su legado reviva en Ucrania Occidental.

El Habsburgo de 49 años de edad estuvo en Lviv en marzo pasado para anunciar la creación de una fundación que porta su apellido. Con base en Ivano-Frankivsk [3], la Fundación Habsburg promoverá y preservará el legado cultural que por siglos conformó e identificó a la Europa Central y Oriental.

Junto a la traducción de libros sobre los Habsburgo, la fundación está también planeando crear el Premio Halychyna [4], un trofeo que honrará a individuos que promuevan la cultura de la región a través del arte, los libros y los medios.

Aunque la fundación está aún en la niñez, von Habsburg dice que su misión es vital.

“En esta área necesitamos hacer algo para preserva viva la herencia, la historia y la historia intelectual. Los escritores vienen aquí porque aquí encuentran su inspiración”, respondió al Kyiv Post en una entrevista.

“En Ucrania y en el resto de Europa, se olvida ver qué increíble centro fue Galitzia”, dijo von Habsburg, en referencia la región que actualmente comprende parte de Polonia y la mayoría de Ucrania Occidental. “Estaba el elemento judío, que fue destruido bajo la ocupación alemana. …La gente es sorprendentemente políglota aquí.”

A comienzos del siglo XX, el Imperio Austro-Húngaro – que dio a Europa Central y Oriental mucho de su arte, cultura y arquitectura – se extendía desde los Cárpatos ucranianos hasta el Mar Adriático en el sur. Comprendía a más de veinte pueblos europeos y su monarquía, los Habsburgo, conservaron el poder en forma ininterrumpida durante más de seis siglos.

Un libro reciente del reconocido historiador Timothy Snyder relata la vida de Wilhelm von Habsburg [5], el miembro de la familia Habsburgo que era más cercano con los ucranianos. Intitulado The Red Prince, atrajo atención renovada sobre las conexiones de la familia con la región.

Más conocido como Vasyl Vashyvaniy, Wilhelm era el hijo menor del archiduque Karl Stephan, que estuvo a punto de convertirse eventualmente en el Rey de Polonia. En una apuesta para salvar un mundo que se desmoronaba, en 1916, el emperador Francisco José, junto a su contraparte alemana, creó un Reino de Polonia como estado independiente con su monarquía hereditaria.

Wilhelm, sin embargo, tenía sus propias metas: deseaba establecer una monarquía en lo que hoy es Ucrania Occidental. Escribe Snyder que la idea tuvo buena acogida, particularmente entre algunos líderes militares ucranianos y la Iglesia.

Oficial militar de oficio, Wilhelm apoyó la lucha por la independencia de Ucrania durante la Primera Guerra Mundial. Luchó al mando de tropas ucranianas contra los rusos, y propuso y persuadió a muchísimos políticos para que apoyen sus aspiraciones monárquicas. Casi hasta su muerte a manos de los soviéticos en 1948 – fue abducido de las calles de Viena y transportado a una prisión en Kiev acusado de trabajar como agente contra la Unión Soviética – Wilhelm creía que esta tajada del imperio familiar podía ser suya.

Aunque Wilhelm sigue siendo un personaje poco nombrado en los libros de historia, von Habsburg dijo estar conciente del papel que aquél representó en su familia y la historia de Ucrania.

“Sé acerca de su existencia y conozco su importante dimensión política”, respondió von Habsburg. “Lo leí [el libro de Snyder] y a cada rato preguntaba a mi padre, ‘¿esto es cierto?’”

El padre de von Habsburg es Otto, el anterior heredero al trono imperial. En 2007 dejó su papel de jefe de su familia a su hijo. Siendo un bien conocido miembro del Parlamento Europeo y un historiador prominente, Otto ha visitado Ucrania en varias ocasiones.

La era de los Habsburgo ha visto algo así como un renacimiento en los últimos tiempos en Ucrania Occidental; la nueva fundación no es más que parte de esa tendencia. Una conferencia que tuvo lugar a fines del año pasado, atrajo a académicos de todo el país a Chernivtsi, junto con Lviv una de las ciudades más importantes de la región. En 2008 se publicó un libro en ucraniano acerca de Wilhelm, con el título El patriota ucraniano de la dinastía habsbúrguica. Delinea no sólo su biografía, sino también trae documentos de archivo y la correspondencia de Wilhelm con líderes militares y religiosos ucranianos.

Al mismo tiempo que el legado de su familia está renaciendo en Ucrania, los Habsburgo la están pasando muy mal en Austria, comentó von Habsburg. A Otto sólo se le permitió regresar a Austria a comienzos de la década de 1960 tras renunciar a su reclamo al trono.

A pesar de ello, von Habsburg y sus parientes se mantienen políticamente activos. Von Habsburg fue miembro del Parlamento Europeo, y otros Habsburgo tienen actualmente otros puestos allí. Uno de sus parientes incluso se hizo ciudadano de Georgia y es su nuevo embajador en Alemania [6].

“Es una familia que no se ha limitado a una sola parte del mundo”, dice von Habsburg.

*Natalia A. Feduschak es la corresponsal en Ucranica Occidental del Kyiv Post, el principal periódico ucraniano en inglés desde 1995.

[1] Karl Thomas Robert Maria Franziskus Georg Bahnam von Habsburg-Lothringen es el hijo primogénito del Dr. Otto Habsburg y, por lo tanto, nieto del beato Carlos de Austria. Está casado con la baronesa Francesca von Thyssen-Bornemisza, con quien tiene tres hijos.

[2] Lviv (se pronuncia Leviú) es el nombre en idioma ucraniano de la antigua Lvov, también conocida como Lemberg en alemán, antigua capital del llamado Reino de Galitzia y Lodomeria, que comprendía parte de la actual Polonia y el oeste de Ucrania; porción de la antigua Polonia que quedó bajo dominio de los Habsburgo.

[3] Ivano-Frankivsk es la antigua Stanyslaviv (ucraniano) o Stanisławów (polaco) o Stanislau (alemán), capital de una de las tres provincias en que se divide Ucrania Occidental.

[4] Halychyna es el nombre ucraniano de la antigua región de Galitzia.

[5] Wilhelm Franz Joseph Karl era el tercer hijo de Karl Stephan de la rama de los Duques de Teschen. La vida de este archiduque, tío materno de los Radziwiłł y Czartoryski que vivieron en la Argentina, es realmente de película. Nacido en Istria, siendo un jovencito, escapó de la casa familiar en Saybusch para viajar de incógnito por los Cárpatos. Se interesó mucho por la situación de pobreza de los ucranianos, al punto de llegar a ser conocido como el “Príncipe Rojo”. Durante la Primera Guerra, comandó un regimiento de rifleros “sich” (cosacos ucranianos). Aparentemente, el emperador Carlos vio con buenos ojos su proyecto de crear un reino independiente de Ucrania, a pesar de la oposición del Káiser alemán. Aunque muy querido por los ucranianos, los aliados no confiaban en este príncipe austríaco y en ese momento comenzaron sus problemas. Tras jurar lealtad al gobierno de la República Popular Ucraniana (socialdemócrata y enemiga de los proyectos bolcheviques) y trabajar en el Ministerio de Defensa, se opuso al pacto con Polonia (que, en cualquier caso, no evitó la anexión de Ucrania a la Unión Soviética) y tuvo que exiliarse. Estuvo en Viena intentando organizar a los exiliados y luego en Madrid tratando de convencer a Alfonso XIII para que le dé apoyo económico. Pero nada. Desmoralizado, se radicó en París, donde vivió una vida licenciosa plagada de escándalos. Escapó a Viena y allí volvió a la vida, dedicándose a conspirar contra la URSS. Como otros nacionalistas ucranianos, se vio engañado por la Alemania nazi y, cuando este engaño se hizo evidente, se dedicó a actividades de espionaje para el MI6 y la inteligencia francesa. En 1947 fue secuestrado por la KGB, acusado de trabajar para Francia. Duramente torturado, en los interrogatorios se negó a hablar cualquier idioma que no fuese el ucraniano. Murió poco después de tuberculosis.





[6] Se refiere a su hermana mayor Gabriela Maria Charlotte Felicitas Elisabeth Antonia von Habsburg-Lothirngen, hija del Dr. Otto Habsburg y profesora de Arte en Tbilisi (Georgia).


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martes, 13 de abril de 2010

Celebrando el sacerdocio: el P. Vincent McNabb OP

Desde que leí Nazareth or Social Chaos, hace ya una década, la figura e ideas de este dominico irlandés londinense, amigo de Chesterton y Belloc, me impresionó mucho. Desde ese entonces he leído bastante de lo que él escribió y de lo que sobre él se dijo. A pesar de diferencias evidentes, su vida no deja de presentar ciertos asombrosos paralelismos con Castellani (por ejemplo, "A veces era muy difícil convivir con él"). Claro que, Castellani no fue dominico, ni sus superiores eran ingleses... para desgracia del argentino. Los dejo con una linda semblanza que acabo de encontrar en la bitácora de los estudiantes dominicos ingleses Godzdogz.

La primera vez que escuché el nombre de Vincent McNabb fue durante mi primera reunión con el director de vocaciones dominicanas del convento de Londres. Sobre la pared había una pintura de un fraile dominico, un anciano frágil con grandes botines negros y un hábito raído, una imagen de alguien que exudaba santidad. Éste era Vincent McNabb. Me contaron varias anécdotas acerca de él – que solía dormir en el suelo, que tenía un único hábito, tejido artesanalmente con lana de una oveja criada en una granja cercana. Tenía una gran desconfianza de la tecnología moderna prefiriendo lavar su hábito en la bañera con jabón carbólico en vez de confiarlo a un lavarropas. Con frecuencia se ponía el hábito sin esperar que secara, de modo que dejaba un hilo de agua tras él mientras se paseaba por el convento.

Durante sus últimos veinte años de vida se convirtió en una figura muy conocida en las calles de Londres – sus hermanos en broma lo llamaban el Mahatma Gandhi de Kentish Town. La mayoría de los domingos caminaba cinco millas desde el convento hasta la Esquina de los Discursos en el Hyde Park convocando enormes multitudes. Con frecuencia tenía que vérselas con interrupciones persistentes. E. A. Siderman, un no católico, era una espina frecuente en el pie del Padre Vincent mientras predicaba, sin embargo, luego de su muerte en 1943, Siderman escribió un muy afectuoso recordatorio, “El Padre Vincent en Marble Arch”. Escribió que los católicos de la muchedumbre solían encenderse cuando su fe era atacada por uno de los que interrumpían, sin embargo, el Padre Vincent siempre retaba a cualquiera que interfiriese con una pregunta. “Dejenlo tranquilo”, decía. “Los que hacen preguntas son nuestros invitados, y les damos la bienvenida y queremos escuchar sus preguntas. Muchos de ustedes, católicos, aprenden más de su religión de estas preguntas y respuestas que de lo que escucharon en la escuela o la iglesia, y algunos católicos sólo recuerdan su fe cuando escuchan que está bajo ataque. He escuchado a algunos católicos declamar de que morirían por la fe, pero me gustaría más si viviesen la fe.” Y luego se volvía al cuestionador: “Lo siento. Por favor, haz nuevamente la pregunta.”

Vincent McNabb fue casi una leyenda en su tiempo. Existe una historia, que podría ser apócrifa, de una mujer que supuestamente se había vuelto muy impaciente mientras él respondía una pregunta sobre el celibato del clero. Ella gritó: “Si usted fuese mi esposo, le daría veneno.” Y el Padre parece haberle respondido: “Si usted fuese mi esposa, lo hubiese tomado.”

Vincent McNabb tenía una mente filosa y lo sabía, pero no carecía de faltas. Con su gran intelecto algunas veces estaba en peligro moral de cometer el pecado del orgullo. Ocasionalmente tenía estallidos de obstinación invencible y luego mostraría gestos extravagantes de remordimiento. A veces era muy difícil convivir con él. Tales rastros de su personalidad habrían asombrado a quienes lo creían un santo ya hecho. Tenía su buena cuota de faltas y fracasos, y como cualquier otro tenía aún necesidad del poder salvador de Cristo. Aún así, la vida dominicana realmente le ofrecía un ambiente donde poder crecer en santidad. Sabía que la vocación dominicana no era tan sólo salvar las almas de otra gente, sino también salvar su propia alma. A medida que envejecía, se hizo más consciente de sus fallas, y esto lo condujo a un mucho mayor nivel de madurez espiritual. Uno de sus superiores en Londres escribió de él:

“Nadie me dio menos trabajo como superior que el Padre Vincent. Siempre estaba ocupado, pero uno nunca debía convencerlo de hacer o no hacer algo. Sólo había que decírselo, y uno siempre sabía que haría lo que se le había dicho cualquiera fuese el esfuerzo para él. No había nada mediocre en él, y siempre podía decirle y le decía lo que quería que hiciese, sin sentirse él nunca ofendido. A veces sentía que era como intentar llevar un león con un hilo. Pero el hilo nunca se rompió.”

El Padre Vincent fue un ejemplo de cómo el amor de Cristo puede triunfar sobre las fuerzas ingobernables del alma de modo que la gloria de Cristo pueda brillar a través de ellas, y para mí, fue un sacerdote que encontré ampliamente inspirador cuando estaba considerando si unirme a los dominicos.

por Robert Verrill OP




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miércoles, 31 de marzo de 2010

Pingüino Emperador (Ernesto Day)


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martes, 23 de marzo de 2010

Cine

Como parte de los enfrentamientos que rodearon todo el asunto de la que es conocida como Carta Magna --que no fue una constitución como suele sostenerse sino un reconocimiento de libertades (fueros), algo bastante común durante toda la Edad Media-- uno de los combates más impresionantes fue el del sitio del castillo de Rochester en 1215, del que un cronista decía ”nadie vivo puede recordar un sitio más ferozmente presionado y tan hombríamente resistido”.

En este contexto histórico, está por estrenarse la película Ironclad, que tiene buena pinta, más allá de ciertas "libertades literarias" (por supuesto que no podía faltar un templario):



Avance oficial:




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viernes, 19 de marzo de 2010

Profecía

En “la hora del mal” todo está falsificado por la sobre simplificación y las falsas comparaciones. El bien y el mal son lo mismo, el éxito es el criterio del bien y cualquier medio se justifica. [315]

El “éxito”, en tanto puede ser calculado, incluido en nuestro merecimiento, y es por lo tanto un “premio” que se ha ganado, es exactamente lo contrario de la bendición de Dios, que es, en sentido absoluto, gratis. Ninguna copia mundana o demoníaca es posible, o puede siquiera aspirar a reemplazarla. Una bendición es visible, incluso naturalmente, pero aparece como si se hiciese visible a partir de lo invisible, mientras que el éxito es el resultado de algo visible. Mientras que el éxito se explica por la recompensa, una bendición siempre es un misterio. El éxito es una parte de la naturaleza, es casi el producto de la naturaleza, preparado y dispuesto por el hombre como técnica. Una bendición es divina. El menos exitoso de los hombres y de los pueblos puede ser bendecido por Dios, y el más clamoroso de los éxitos puede ser una maldición. Y la confusión de estas dos cosas y conceptos ha provocado actualmente la más terrible confusión mental. La voz “profética” de la Iglesia está enmudecida, como si su oficio profético estuviese suspendido. ¿Eso también pertenece a la hora del mal? Y cada individuo se ve abandonado a tantear su camino a lo largo de la noche. El éxito no es simplemente una bendición, ni el fracaso es simplemente una maldición. Ni lo contrario es cierto, a pesar de lo que los cristianos piensan frecuentemente. [289]

…Paciencia, paciencia, y en esta hora, leed los salmos, en esta larga hora, que se concede con tal sublime generosidad al mal, en esta hora de ansiedad. [111]

La hora del mal es la hora en la que el diablo hace “milagros” mayores que Dios. – [281]

Una maldición sobre cada deseo que nubla la vista, paraliza la lengua, acalambra la mano y evita que la verdad sea vista, dicha y escrita. [282]

La creencia en una potencia maligna, en el diablo, en el Príncipe de este Mundo, ha declinado mucho es estos últimos siglos. Es el remedio para muchas formas distorsionadas de fe, pero su uso es materia delicada, pues inevitablemente conduce a la gente a una falsa concepción del mundo. El estado de este mundo simplemente no puede comprenderse si omitimos el poder del mal. Esta concepción peligrosa se ha colado incluso entre los cristianos – como resultado de una omisión. El mal es forzado a volver a la “naturaleza”, y se convierte en “cómico” (una guerra, por ejemplo, es un evento cómico), e incluso en los poderes “demoníacos” de la naturaleza, este aspecto del bien y el mal y allí se esconde. Entonces el estado de este mundo se ve depender de la omnipotencia de un Dios que es todo amor, y del pecado original y de los pecados de la humanidad. Pero ésa no es una base adecuada; el hombre, en este caso, está sobreestimado, sobrevaluado. Simplemente él no tiene el poder para desordenar el mundo, para hacerlo como es. Un hombre al que se la ha enseñado este tipo de fe, y ciertamente no es la fe cristiana, puede con justicia sentirse traicionado al considerar esto con más cercanía y claridad, o su alma puede enfermarse. Tendrá que ver a Dios como sin poder o sin amor. El hombre no puede escapar del bien y el mal, ya sea mediante anatemas de lo más violentos o mediante el endulzamiento de todo – siempre algo queda, incluso cuando el bien y el mal son degradados en términos de lo útil e inútil. [126]

¡No nos dejes caer en la tentación! ¿Qué puede significar esta oración dado que Dios ciertamente no puede tentar con el mal a ninguna criatura? Y aún así un pedido simplemente no puede ser tan ininteligible como para no tener ningún significado para nosotros. Podemos y debemos intentar darle algún significado. Personalmente, lo interpreto de la siguiente manera: que Dios no se nos esconda completamente, o por demasiado tiempo, en el orden de las cosas públicas y privadas, de modo que el creyente pueda percibir el recubrimiento exterior del hilo, que está oculto del “mundo”. Si Dios se ocultase completamente, ¿quién podría conservar la fe? De acuerdo con su promesa, no lo hará; pero para evitar esta tentación, en la cual, a diferencia de todas las otras, Dios puede conducirnos, se recoge en la oración más grande del mundo: “¡No nos dejes caer en la tentación!” ¡Muéstrate! ¡Qué Tu molino no muela demasiado lento! Muéstranos Tu amor y Tu justicia. ¡Qué nadie dude que Tú eres el Señor, que nadie desespere! [156]

Theodor Haecker, Diario de la Noche.



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domingo, 14 de marzo de 2010

Respuesta bibliográficas

“¿Cuántos hombres han vendido sus almas
sólo para ser admirados por los tontos?”
G. K. Chesterton.




¿Lo que dijo Pablo VI sobre "el humo de Satanás" en la Iglesia, que los tradicionalistas siempre sacan a relucir, no está sacado de contexto?

Por alguna fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios; es la duda, la incertidumbre, la problemática, la inquietud, la insatisfacción, la comparación, no se fían de la Iglesia; se fían del primer profeta profano que les habla, de cualquier periódico, de cualquier movimiento social para seguirlo y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida. Ya no nos damos cuenta en nuestras conciencias y ha entrado por ventanas que no debían estar abiertas a la duda. (...) Han venido, contra lo que se esperaba, después del Concilio, días nublados de búsqueda, de incertidumbre. Practicamos el ecumenismo y nos distanciamos cada vez más, procuramos ahondar abismos en vez de llenarlos. Ha sido la intervención del poder adverso: su nombre es el demonio, ser misterioso al que alude la carta de San Pedro. El Evangelio lo alude muchas veces y en los labios de Cristo vuelve la mención de este enemigo de los hombres.” Pablo VI, Homilía de la Festividad de San Pedro y San Pablo del año 1972.

¿Hubo algún buen tiempo para el Cristianismo? ¿No fue siempre más o menos igual?

Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde, y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios, y quedará vigente en innumerables monumentos históricos, que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer.” León XIII, Carta encíclica ‘Inmortale Dei’ n. 9.

Pero, ¿no es ésta una doctrina, digamos, "pre-conciliar"?

No olvidamos los siglos durante los cuales el Papado vivió su historia, defendió sus fronteras, guardó su patrimonio cultural y espiritual, educó a sus generaciones en la civilización, en las buenas costumbres, en la virtud moral y social, y asoció su conciencia romana y sus mejores hijos a la propia misión universal.” Pablo VI, Discurso al presidente de la República Italiana 11-I-1964.

¿No ha habido siempre "malos tiempos"? ¿Cuál es la diferencia específica de éstos?

Aquéllos que, para excusar los desórdenes de nuestro tiempo, buscan en el pasado ejemplos de desorden, olvidan que entonces existía en las costumbres o en la administración, y que, en nuestros días, está en las leyes, y que jamás hay desorden (verdaderamente duradero) que temer más que el que está consagrado por la legislación. La vergüenza de nuestro tiempo es que el mal ha sido codificado e incluso se ha llevado a la práctica con método y regularidad.” Louis de Bonald.

Bueno, ¿de Bonald? Deme un texto más actual.

¿Qué época sufrió el tormento del vacío espiritual, la profunda indigencia interior más que la nuestra, a pesar de toda clase de progresos en el orden técnico y puramente civil? ¿No se le puede aplicar la palabra reveladora del Apocalipsis: ‘Dices: rico soy y opulento y de nada necesito y no sabes que eres mísero y miserable y pobre y ciego y desnudo’?.” Pío XII, Carta encíclica ‘Summi Pontificatus’ n. 2.

Un texto más actual, le pedí.

Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.” Juan Pablo II, Carta encíclica ‘Centessimus Annus’ n. 46.

¿Pero realmente tan mal está todo, como ustedes dicen? ¿No tenemos ahora la democracia, los derechos humanos, el diálogo, el deseo de inclusión, etc.?

Es todo un mundo el que hay que rehacer desde sus fundamentos, de salvaje hacerlo humano y de humano hacerlo cristiano. El hombre moderno ha caído tan bajo, la confusión de las inteligencias y el debilitamiento de la voluntad se han vuelto tan ‘normales’, que la obra regeneradora tendrá que ser de largo aliento.” Pío XII.

Bueno, está bien. Pero, ¿existe algún modelo para "rehacer el mundo"? ¿No podemos innovar, usar nuestra creatividad? ¿Podemos cristianizar el mundo moderno?

No, la civilización no está por inventarse, ni la ciudad nueva por construirse en las nubes. Ha existido, existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad.” San Pío X, Carta encíclica ‘Notre Charge Apostolique’ n. 11.

Hablando de ese Papa. Este tema de la Restauración de todas las Cosas en Cristo que siempre repiten ustedes, los tradicionalistas, ¿no fue superado tras el Concilio Vaticano II?


Es obligación de toda la Iglesia trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de instaurar rectamente el orden de los bienes temporales, ordenándolos hacia Dios por Jesucristo. [...] Pero es preciso que los laicos asuman como obligación suya propia la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, actúen directamente y en forma concreta.” Concilio Vaticano II, Constitución ‘Apostolicam Acquasitatem’ n. 7.

Cambiando de tema, ¿por qué sacan ustedes, los tradicionalistas, cualquier acontecimiento para ver un "acto de Dios¨? ¿Dios actúa en el mundo?

Dios actúa en la historia, aunque no aparezca en primer plano. Se podría decir que está detrás del telón. El es el director misterioso e invisible, que respeta la libertad de sus criaturas, pero al mismo tiempo mantiene en su mano los hilos de las vicisitudes del mundo. La certeza de la acción providencial de Dios es fuente de esperanza para el creyente, que sabe que puede contar con la presencia constante de Aquél que modeló la tierra, la fabricó y la afianzó.” Juan Pablo II, Catequesis durante la audiencia general del miércoles 31-10-01.

¿Pero cómo, nosotros simples mortales, podemos conocer cómo es que actúa?

Para nosotros, que conocemos toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ninguna etapa de este camino puede constituir una sorpresa.” Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Signo de Contradicción (1979).

¿Por qué tienen que venir tiempos peores aún? ¿No puede ser que vayamos progresando?

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la Tierra desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un pseudo-mesianismo en el que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne.” Catecismo de la Iglesia Católica, n. 675.

La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su Muerte y su Resurrección. El Reino no se realizará mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente.” Catecismo de la Iglesia Católica, n. 677.

Bueno, pero eso puede suceder dentro de mil años.

Estamos en la hora de la tentación, que ha de tentar a todos los habitantes de la Tierra, como no la ha habido antes nunca ni la habrá después.” Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Signo de Contradicción (1979).

¿No es una visión un tanto apocalíptica? ¿No ha predicado la Iglesia siempre estas cuestiones?

Nos encontramos hoy en los umbrales de una nueva escatología. (...) El Concilio Vaticano II ha dedicado un capítulo especial de la Constitución sobre la Iglesia a la escatología, pero no se trata solamente de la escatología del hombre que constituye el tema de nuestros tratados De Novissimis; el Concilio habla de la índole escatológica de la Iglesia peregrinante y de su unión con la Iglesia celestial. Esta escatología de la Iglesia es, por tanto, sui generis.” Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Signo de Contradicción (1979).

¿Por qué se preocupa por esto?

La Iglesia no teme la sabiduría de sus adversarios, sino la ignorancia de sus hijos.” Discurso del Pbro. José Fuchs en la inauguración de los Cursos de Cultura Católica.

De vuelta usted con citas pre-conciliares.

La causa, y por así decirlo, la raíz de todos los males que atacan a modo de veneno a los individuos, a los pueblos y a las naciones y que con gran frecuencia agitan los espíritus es la ignorancia de la verdad.” Beato Juan XXIII, Carta encíclica ‘Ad Petri Cathedram’.

¿Algo más?

El reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado con gran poder y gloria con el Advenimiento del Reino a la Tierra. (...) Por esta razón, los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía, que se apresure el retorno de Cristo cuando suplican: 'Ven, Señor Jesús'.” Catecismo de la Iglesia Católica, n. 671.




Mosaico del ábside de la básilica de Sant'Apollinare in Classe (Rávena),
construida en la primera mitad del siglo VI. Un mensaje para todos los tiempos.

[Gentileza Gregorio Parvus]

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lunes, 1 de marzo de 2010

Ellos sí que saben lo que festejan

Recibido por correo electrónico reenviado por el Centro de Graduados de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires el pasado viernes.


Asunto: Concurso de Ensayos Revolución de Mayo
Fecha: Viernes, 26 Feb 2010 18:02:55 -0300

Jornada Masoneria en Argentina y América Latina

22 de Mayo de 2010 / Sede de la Masonería Argentina. Pte. Perón 1242. CABA

CONVOCATORIA CONCURSO DE ESCRITOS

Categorías para la presentación en los Talleres (Tenidas Blancas)

· Ponencias: Orientado al ámbito académico. Se esperan trabajos de investigación que analicen la Revolución de Mayo en general, y especialmente sobre el rol de la masonería en el proceso emancipatorio.

· Ensayos: Orientado al público en general. Se esperan escritos que puedan reflexionar sobre el rol histórico de la revolución de Mayo y su influencia en la actualidad.

· Artículos: Orientado a quienes tienen como temática el estudio tanto histórico como conceptual de la masonería. Se esperan exposiciones sobre el rol histórico de la masonería, especialmente en la Revolución de Mayo.

Requisitos

* Hoja A4 / Times New Roman 12 / Título / Nombre/s autor/es / Contacto / Profesión / Organización


Resúmenes (200 palabras)

* Desde el 15 de Diciembre de 2009

Escritos Finales (Máximo 5 (cinco) páginas

* Hasta el 30 de Marzo de 2010


Aclaración Importante: La extensión máxima del Escrito Final está establecida por el Consejo Académico, con el propósito de ser publicada en una Publicación editada por el Centro de Estudios para la Gran Reunión Americana. No se aceptarán escritos que superen dicha extensión. Muchas gracias.

Enviar resumen y ponencia a:

centrogranreunionamericana@yahoo.com.ar




Emblema de un club revolucionario francés que servía de salvoconducto a los miembros de la Asamblea Nacional entre 1790 y 1793
(la similitud con el escudo nacional argentino es por demás evidente)
[Gentileza: diario La Nación, domingo 15 de octubre de 2006, interesante nota de Carlos Ortiz de Rozas.]

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Un respuesta a alguien que no debería opinar sobre lo que no sabe

El terremoto portugués de 1755 fue considerado en ese momento, tanto por los teólogos como por la gente sencilla, como un castigo de Dios por las reformas de José I, continuadas y profundizadas por el Marqués de Pombal (premier desde unos años antes), o -incluso- por las cláusulas secretas del Tratado de Methuen. Tanto impacto tuvo en la Europa del tiempo que Voltaire y otros ilustrados dedicaron bastantes páginas a "interpretarlo" y calmar las conciencias de sus seguidores.

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jueves, 25 de febrero de 2010

Nuevas y viejas

Somos concientes, estimados amigos, de nuestra deuda anunciada como "Ayudamemoria" en nuestros Partes del Frente. Ya vendrán, Dios mediante, la semana que viene.

Mientras tanto, nos permitimos hacerles algunas recomendaciones que, creemos, no podemos dejar de leer en estos tiempos:

  • My Radical Proposal for Saving Catholic Education del Padre Aidan Nichols O.P. El fraile Nichols es un dominico inglés que demuestra estar a la altura de lo mejor que su Orden ha dado al mundo. Formado en Oxford y en el Angelicum, se ha convertido en una autoridad en Teología rusa, en Estética, en Liturgia y en von Balthasar. Su Redeeming Beauty es un libro que nos ha encantado. A propósito de un debate surgido en una de las bitácoras de Natalio, vienen muy bien unas palabras que dice el fraile en un reportaje para la revista lewisiana Touchstone, "Si la función de la Liturgia es simplemente confirmar las identidades mundanas de la gente o aquellos aspectos del vivir decente que están disponibles en las oficinas públicas, entonces no veo que la Liturgia tenga ninguna fuerza evangélica especial. Ella debe elevar a la gente hacia algo más allá de su conciencia mundana." Actualmente, está lanzando un libro que promete: Rome and the Eastern Churches. El artículo que recomendamos en esta oportunidad propone algo que nuestros obispos harían bien en plantearse seriamente, tan preocupados como están por perder las subvenciones a las numerosísimas escuelas supuestamente católicas que de ellos dependen.
  • La Noche está por Llegar del Padre Anselmo Alvarez O.S.B. El monje Alvarez es abad del Valle de los Caídos, en España. En 2006 publicó en la célebre revista Cristiandad el texto que ha rescatado del olvido el diario español YA. "... No podemos creer que las cosas puedan seguir por mucho tiempo como están, ni que puedan empeorar indefinidamente, aunque sí que puedan agravarse de una manera inusitada. Hemos entrado en la «noche oscura»; que cada uno encienda o avive su luz para impedir que las sombras nos sumerjan. No sólo se ha enfriado la caridad de muchos, como había advertido el Evangelio (cf Mt 24,12), sino que han renunciado, al menos momentáneamente, a entender y vivir su condición humana y divina. ..."


Escultura de un mensajero del siglo XIV en el patio interno del Ayuntamiento de Basilea. [Gentileza Madcrow]

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viernes, 19 de febrero de 2010

Un gentleman desde el sombrero...

Es casi una definición del gentleman decir que es alguien que nunca inflige dolor. Esta descripción es, al mismo tiempo, refinada y, hasta donde llega, precisa. Él se ocupa principalmente en remover simplemente los obstáculos que impiden la acción libre y desvergonzada de aquéllos sobre él; y sigue sus movimientos antes que él mismo tomar la iniciativa. Sus cuidados pueden considerarse como el paralelo de lo que se conoce como comodidades o mejoras en arreglos de naturaleza personal: como una silla cómoda o un buen fuego, que hacen su parte en disipar el frío y la fatiga, aunque la naturaleza provea los medios tanto de descanso como de calor animal sin ellos. El verdadero gentleman, de modo similar, cuidadosamente evita lo que pueda golpear o sacudir las mentes de aquéllos a quienes estima; – todo choque de opiniones o colisión de sentimientos, toda restricción, o suspicacia, o abatimiento, o resentimiento; siendo su mayor preocupación hacer sentir a cada uno cómodo y en casa. Tiene sus ojos puestos sobre su entera compañía; es tierno con el tímido, apacible con el distante y compasivo con el absurdo; puede recordar con quién habla; se guarda de alusiones intempestivas o de temas que puedan irritar; rara vez busca sobresalir en la conversación, y nunca es fastidioso. Desestima los favores que hace y parece recibir cuando confiere. Nunca habla de sí mismo excepto cuando es obligado, nunca se defiende con una simple réplica, no tiene oídos para la difamación o el chisme, es escrupuloso al imputar motivos a los que tratan con él, e interpreta todo para lo mejor. Nunca es malicioso o trivial en sus discusiones, nunca toma ventajas deshonestas, nunca confunde personalidades o dichos agudos con argumentos, ni insinúa maldades que no se atreve a pronunciar. Desde su prudencia visionaria, observa la máxima del antiguo sabio, que debemos comportarnos hacia nuestro enemigo como si algún día pudiese ser nuestro amigo. Tiene demasiada sensatez como para verse afrentado por los insultos, está demasiado ocupado para recordar las injurias y es demasiado indolente para tener malicia. Es paciente, dueño de sí y resignado, sobre la base de principios filosóficos; se somete al dolor, porque es inevitable, a la pérdida, porque es irreparable, y a la muerte, porque es su destino. Si se involucra en una controversia de cualquier tipo, su intelecto disciplinado lo preserva de meter la pata.

John Henry Newman, The Idea of a University (1852).




Una característica del vestuario del gentleman en tiempos del cardenal Newman fue su uso del sombrero “Bowler” o bombín. El pasado 11 de febrero fue el Día del Sombrero Bowler, vaya pues nuestro recordatorio a los gentlemen de todos los tiempos. [Fotografía gentileza de la interesante bitácora The Monarchist.]

NB: Dejamos sin traducir gentleman porque no se corresponde exactamente con “caballero” o con “gentilhombre”; menos aún en el contexto de este texto de Newman, donde no tiene nada de clasista o elitista pues dirige estas palabras a los irlandeses católicos, un pueblo colonizado al que muy recientemente se le había permitido en forma oficial practicar su religión. Adicionalmente, vale recordar que la educación del gentleman era para Newman el objetivo de una universidad católica, y no transformarla en un instrumento pastoral de evangelización.


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martes, 16 de febrero de 2010

Del tridente al nudo gordiano

En alguna ocasión nos referimos ya al concepto moderno de nación y su perniciosa influencia en el mundo actual de la mano de unos textos de don Álvaro d’Ors (aquí y aquí). Gracias a un amigo, descubrimos un excelente caso para ilustrar al respecto, con un muy lindo video que dejo a continuación:


Ciertamente, el video nos ofrece algunos reparos, pues si el Trentino no es Italia, tampoco es Austria. Al menos, si entendemos por ellas, a las naciones-estado que llevan esos nombres. En todo caso, el Trentino es culturalmente italiano y es también austríaco.

La Tridentum histórica (Trento en italiano, Trient en alemán) fue durante unos cuantos cientos de años cabecera de toda la región alpina central, junto a su “hermana” Brixia (Bressanone/Brixen), controlando desde el sur de la Baviera actual en el norte, hasta parte del valle del Po en el Véneto actual en el sur, desde los límites del Patriarcado de Aquilea al este (sur de Austria actual y parte del Friuli), hasta gran parte de Suiza al oeste. Los llamados “príncipes-obispos”, tenían inmediata soberanía sobre todas estas regiones que los Emperadores les habían donado. Soberanía que, claro está, no era exclusiva ni excluyente, bien al estilo medieval.

En algún momento, el obispo tridentino recibía homenaje de duques, condes, marqueses, abades y otros obispos sucedáneos. Pero la posición estratégica en que se encuentra la ciudad, provocó que, aprovechando las querellas entre el Emperador y el Papa, los revoltosos nobles alpinos socavaran progresivamente la autoridad episcopal. Los conflictos locales pronto se extendieron a Baviera, los Balcanes, el Véneto, Lombardía, Suiza y, hasta, Bohemia y Moravia, las que fueron llamadas guerras góticas o guerras rústicas, desde fines del siglo XIII hasta fines del XV.

Como consecuencia de estos conflictos, si bien el obispo tridentino evitó quedar sometido a la Casa de Austria (ex stirpe Habsburgica), gran parte de sus territorios sí quedaron en posesión de ésta y de la República Véneta. Lo que, desde el siglo XIX, se conoce como Trentino es el territorio que quedó en gran parte bajo control episcopal directo hasta las guerras napoleónicas.

Es ahí cuando se produce la rebelión de Andrés Hofer, un posadero que lucha con bastante éxito, primero contra los bávaros aliados de Napoleón y luego contra el mismo Emperador de los Franceses, levantando la bandera de Dios, la Patria y las Viejas Leyes. Hofer, que parece ser era de lengua latina (dialecto ladin, muy parecido al romansch suizo), no luchó por Austria como nación, sino por las libertades de su patria (el Tirol, al norte y al sur de los Alpes, incluyendo el Trentino) y por el Sacro Emperador Romano, que, en ese momento, era también duque soberano de Austria (entre muchos otros títulos).

Es bien sabido que el famoso Congreso de Viena de 1815 consagró muchas de las innovaciones revolucionarias, entre ellas, el mito de la nación-estado. Como consecuencia de ello, todo el Tirol, incluyendo el Trentino, fue absorbido por el nuevo Imperio Austríaco.

Pero como todos los mitos revolucionarios, el de la nación-estado contiene el germen de su autodestrucción, y es así que se daba pie a que otra “nación-estado”, en ese momento en plena ebullición, Italia, reclamara para sí todos los territorios al sur de los Alpes. Y tras que la Confederación Itálica que preparaban los Papas quedara atrás del proyecto personal de los Reyes de Cerdeña, Trento (junto a Trieste) se convirtieron en el mito de “la Italia irredenta” a la que cantaba Battisti, entre otros ideólogos… Aún hoy, poblada está Italia de plazas y calles de nombre “Trento e Trieste”.

No ayudó, claro, a lograr la paz social, el proceso de germanización sobre el “Tirol Meridional” que, iniciado desde Viena a mediados del siglo XIX, fue tan revolucionario como el proyecto del “Reino de Italia” y violaba nuevamente las leyes viejas de los antiguos príncipes-obispos. El ladin fue perseguido y el italiano sólo se permitió en comunas donde los que lo hablaban como primera lengua fuesen más de un “x” porciento.

Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Austro-Húngaro debió ceder a la Italia de los Saboya el Trentino y el Triestino. De más está decir que, luego de la famosa marcha heroica del poeta y guerrero D’Annunzio y sus Arditi sobre el Fiume, la italianización de esos territorios fue mandato del régimen de Mussolini.

Nuevamente la vieja cultura tridentina fue vejada. Otra vez, el ladin sufrió, lo mismo ahora que el alemán – al menos, en este caso, hasta la conformación del Eje. Y se sembró la semilla para que, terminada la Segunda Guerra Mundial, surgiera un movimiento autonomista que cada día toma más fuerza, pero que tampoco es la solución de nada.

En el antiguo Principado Tridentino convivían viejas familias de origen romano con otras venidas del Véneto, de Alemania o de Europa Oriental, de lengua latina o germánica, o dialectos eslavos que se han perdido… Y no había cuestiones raciales: aún hoy, por ejemplo, en pleno siglo XXI, el ladin es hablado en las Siete Comunas címbricas (rubios descendientes de una importante migración germánica medieval).

La autonomía de la Región Trentino-Alto Adigio, con sus carteles bilingües, sus pistas de ski, su turismo cosmopolita, sus bajísimas tasas de natalidad, no es suficiente, no puede evitar lo arbitrario e injusto, además de estar edificando una pared divisoria entre “italianos” y “austríacos” totalmente artificial. Lejos quedaron los tiempos en que los Thun eran también los Tòn o Tono; los von Trapp, los Trappi; los d’Appiano, von Eppan... Lamentablemente, el daño ya fue hecho.

Estos problemas irresolubles son típicos de la Revolución. Y con el paso de los años van transformándose en complicadísimos nudos gordianos a la espera de Aquél que vendrá a cortarlos. ¡Maranathá!

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jueves, 11 de febrero de 2010

Novedades




Estimados amigos,

Aproximadamente desde hace dos meses no hemos podido actualizar la Roca del Grifo con la frecuencia con que lo hacíamos anteriormente. Salvando la traducción del último capítulo de La Restauración de la Cultura Católica del profesor John Senior, somos concientes de que no hemos hechos grandes aportes. Sin embargo, sí hemos estado activos en algunas de las "aplicaciones" que pueden verse en los márgenes de la bitácora.

En primer lugar, seguimos con las Recomendaciones Diarias donde vamos dejando enlaces a notas y artículos que nos parecen de interés, aparecidos en sitios y bitácoras de lo más diversos. Pueden encontrar dichas Recomendaciones en el margen izquierdo de la Roca del Grifo.





Simultáneamente, conservamos un "perfil" en Facebook, bajo el nombre Gualterio Curzio (simplemente, "Walter E. Kurtz" -- y sus combinaciones -- ya estaba tomado). Allí aprovechamos ciertas funcionalidades del Libro de Caras para compartir noticias y curiosidades, dejar comentarios en los perfiles de "amigos" y participar en foros, páginas y grupos. Para llegarse hasta nuestro Libro de Caras, puede accederse a través de la "insignia" que aparece en el margen izquierdo o de la aplicación Networked Blogs que puede verse en el margen derecho.





Finalmente, comenzamos hace poco con los Partes desde el frente. Muy breves pensamientos que vamos dejando vía celular a propósito de las actividades de nuestra vida diaria. Además de poder leer los Partes en la parte superior de la bitácora, es posible seguirlos en Twitter.





Próximamente, pondremos a prueba otras iniciativas... todo desde la Roca del Grifo.

Y, desde ya, les agradecemos el seguimiento.

Suyo,

Walter E. Kurtz
alias Gualterio Curzio


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jueves, 28 de enero de 2010

Thomæ Aquinatis, doctoris angelici ordinis praedicatorum

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