Lo nuevo en la Liga Distributista

viernes, 23 de octubre de 2009

Responsum est quod Angli vocarentur

Real, noble, chivalric, glorious, merry Old England survives in the English and Anglo-American Catholic alone, and there it will survive, as long as our English tongue continues to be spoken. -- Orestes A. Brownson (1854).

"Les preguntó de nuevo, ¿cuál es el nombre de esa nación? Y le respondieron que los llaman anglos", cuenta la Historia Ecclesiastica de San Beda el Venerable acerca del encuentro de San Gregorio Magno con unos niños traídos de Inglaterra que unos mercaderes pretendían vender como esclavos. Luego de lo cual, el Papa envió a San Agustín de Canterbury a evangelizar la isla.* Más allá de ciertas vicisitudes históricas que no vienen a cuento, el hecho es que en unos siglos la que era una provincia perdida del Imperio Romano se convirtió en uno de los principales reinos de la Cristiandad.

Pero el proyecto de Papa Gregorio quedó trunco debido a la Reforma y el proceso revolucionario que ella abrió. Pero al mismo tiempo que las aspiraciones políticas de los católicas se veían frustradas tras la derrota de la última rebelión jacobita en 1746, se da inicio a una serie de acontecimientos que cambiarían el panorama inglés a lo largo del siglo XIX: el surgimiento del movimiento cisalpino entre los viejos católicos, el movimiento de Oxford entre los anglicanos, la masiva inmigración irlandesa y el nuevo impulso misionero del catolicismo europeo (fundamentalmente a través de congregaciones francesas e italianas).

Sobre el Movimiento de Oxford, recomiendo leer las completísimas explicaciones de "Jack Tollers" que aquí vinculo. En cuanto a la inmigración irlandesa, fruto del endurecimiento de las leyes de tierras (fines del siglo XVIII) y la hambruna de la papa de 1840-50, se ha escrito mucho y hay bastante navegando en internet. Lo mismo podemos decir de las misiones católicas de fines del siglo XIX. En una futura entrada de esta bitácora, nos ocuparemos de la situación de los viejos católicos, la fundación del Club Cisalpino, los Libros Azules y los juramentos de fidelidad a la dinastía de los Hánover, las excomuniones y las "Gordon riots", y finalmente la emancipación de los católicos, la restauración de la jerarquía y el apartamiento de los católicos liberales como Lord Acton.

Algo que es importante aclarar es que el Movimiento de Oxford no culminó en todos los casos en un regreso a Roma. No conozco estadísticas al respecto, pero es un hecho aceptado que el Movimiento tuvo un influjo importantísimo sobre toda la Iglesia Establecida de Inglaterra (anglicana), pero limitado a la cuestión litúrgica.** La teología desarrollada por los tractarians y sus discípulos no tuvo (y no tiene al día de hoy) mayor peso. Pero entre los que sí lo ha tenido, los llamados anglo-católicos, la realidad es que las opiniones teológicas son de lo más variadas, aunque en general han buscado profundizar en la (supuesta) apostolicidad anglicana, manteniendo vínculos con ortodoxos, vétero-católicos y jansenistas cismáticos... y también, con la Iglesia Católica Romana.

Supongo que al día de hoy, especialmente entre nuestros lectores católicos, ya estarán al tanto de lo que ha sucedido con el pedido de admisión en la Iglesia de la Traditional Anglican Church (un cisma dentro del anglicanismo) realizado hace dos años y presentado al Papa junto a un catecismo firmado por todos los representantes del grupo. Es significativo el hecho de que este proyecto, enmarcado en el más global de Reforma de la Reforma del entonces Cardenal Ratzinger, fuese encargado por el Papa a la Congregación para la Doctrina de la Fe y no a los dicasterios romanos y las comisiones episcopales encargadas del diálogo ecuménico. También lo es el hecho de que unos cuantos obispos de la TAC hayan sido consagrados por obispos cismáticos (pero cuyas órdenes son válidas) de la Iglesia Nacional Polaca, ¡por recomendación informal de la Santa Sede!

Quienes hayan seguido las recomendaciones que solemos hacer diariamente en esta bitácora y aparecen en el margen izquierdo de la misma, habrán tenido oportunidad de leer bastante al respecto. En especial, sugiero la lectura de todo lo publicado en la excelente Buhardilla de Jerónimo y las últimas entradas en De Lapsis. Los que se animen con el inglés, tienen también los imperdibles The hermeneutic of continuity, What Does The Prayer Really Say?, New Liturgical Movement y la columna de Damian Thompson en el Daily Telegraph.

Quedan aún picando unos cuantos temas prácticos y no menores:
  • ¿En qué consistirán estos ordinariatos personales que creará el Papa? En un primer momento, la prensa habló de la figura de la prelatura personal, que hoy sólo existe aplicada al Opus Dei. Luego se aclaró que estos ordinariatos serían análogos a los obispados castrenses o las eparquías orientales, e incluiría a los seglares sin necesidad de una afiliación especial (como en el caso del Opus Dei); por otro lado, canónicamente quedarían "blindados" (a diferencia de una prelatura que depende de la voluntad del Papa). Para más detalles, deberemos esperar.
  • ¿En qué quedan los innumerables grupos de "ecumenismo"? De este proceso queda claro que el Papa se ha impuesto al Cardenal Kasper quien lo desaconsejó por considerar que dañaría las relaciones ecuménicas con la Comunión Anglicana. Cosa que es bastante relativa, teniendo en cuenta que, pese a la reacción del arzobispo de Canterbury posterior a la conferencia de prensa dada junto con el católico de Westminster, se sabe que los anglicanos mainstream buscan por todos los medios deshacerse de elementos indeseados y buscapleitos -- como consideran a los anglicanos que no pueden tolerar la ordenación de mujeres y los matrimonios entre personas del mismo sexo.
  • ¿Cuáles serán las consecuencias (llamémoslas) geopolíticas de este hecho?
Está aclaro que este cruce masivo del Tíber ha tomado por sorpresa a los progresistas de ambos lados -- católicos y protestantes. Sin embargo, las reacciones no se demoraron: que si ésta no es la forma que debe tomar el ecumenismo, que si se ha debilitado a la Comunión Anglicana, que si la Iglesia ha cambiado su concepción acerca del matrimonio de sacerdotes, etc., etc.

Reflexionaban en The Anchoress, cómo a medida que va tomando fuerza el secularismo y el "evangelismo ateo", veremos el regreso a la unidad en la Iglesia Católica de numerosos grupos cristianos... y, al mismo tiempo, el endurecimiento de las posiciones secularistas (significativamente, el pasado miércoles el Osservatore Romano publicaba un "rescate" de las ideas de Karl Marx, publicitado por el Times de Londres). Por algo, la reacción de la revista The Tablet, decana del catolicismo inglés (y del progresismo), ha sido de rechazo -- se advierte sobre el peso que pueden tener en la Iglesia de ese país estos ex-anglicanos que no aceptan la ordenación de mujeres ni el casamiento gay; es más, especulan con el temor de que se conviertan en refugios también de viejos católicos hartos de innovaciones litúrgicas y doctrinales (el uso de Sarum o de Walsingham matiene toda la reverancia del rito romano).

Más allá de las especulaciones de los progresistas, que en algunos casos rayan la paranoia, el hecho es que parte del proyecto de Reforma de la Reforma emprendido por el Su Santidad Benedicto XVI incluye una redefinición del ecumenismo. No tiene sentido el diálogo con cuerpos eclesiásticos moribundos que no están seguros acerca de sus realidades o posibilidades doctrinales. Al mismo tiempo, se hace urgente en este momento un diálogo serio, desde posiciones honestas sin disfraz ni lenguaje melifluo, con grupos como el sector tradicional de la Iglesia Nacional Polaca, la Iglesia Católica Nórdica, los vétero-católicos, las iglesias orientales y ortodoxas o, incluso, desprendidos de las iglesias reformadas como la Unión de la Alta Iglesia de la Confesión de Augsburgo (Alemania); lo mismo que el movimiento de renacimiento de las peregrinaciones y romerías tradicionales que se está dando en el norte europeo.

Cuando el Papa constantemente debe vérselas con la quinta columna enquistada en la misma colina Vaticana, es necesario dejar de lado los diálogos inútiles e inconducentes y volver a buscar la reunión de todos los cristianos sinceros en la barca de Pedro. Aclarando todo lo que sea necesario en cuanto a cuestiones doctrinales pero sin aguarlas ni deformarlas.

Aún cuando podamos imaginar que estas dificultades internas [doctrinales] sean superadas y que iglesias enteras se aproximen de esta manera a la Santa Sede, no debemos subestimar la probabilidad de un rápido renacimiento de la interferencia estatal actualmente dormida. Los gobernantes podrían alarmarse y trabajar contra el proyecto con toda su energía...; y esto es más cierto desde que el anticlericalismo agresivo se ha quedado con tantos gobiernos de las potencias mundiales, y lucharían incluso apelando a prejuicios raciales y alentando campañas de desinformación y opresión... Debemos repetir que pueden existir individuos que toleren tales persecusiones, pero las masas que suponemos conforman estas iglesias ansiosas de reunirse serán con toda probabilidad amedrentadas, y se quebrarán.
No debemos de hecho olvidar que estamos todos en las manos de Dios y que Dios puede en cualquier tiempo intervenir con alguna señal de la providencia para mover los obstáculos del camino de la reunión corporativa. Pero no tenemos ningún derecho a dar por sentadas intervenciones de este tipo. ... No puede ser nuestro propósito preguntarnos si... existe alguna posibilidad de una eventual restauración de la Cristiandad con la unidad que alguna vez tuvo. No existe posibilidad, ¿pero por qué debe haberla? ... No parece posible que, en este tiempo de individualismo, naciones enteras se vean atraídas a esto, ni existe ninguna promesa Divina de que lo haya. Otros tiempos podrían traer perspectivas mejores, pero si lo harán, no lo sabemos.
Sin embargo, aunque las perspectivas de una reunión corporativa parecen desalentadoras, los católicos haremos muy bien en apreciar y apoyar los esfuerzos de aquellos miembros de otras comuniones que se ven cautivados por este espléndido ideal y que piensan que de una forma u otra es una realización posible. Podemos con seguridad confiar a la Providencia Divina determinar qué curso tomará el actual movimiento de reunión en última instancia y, mientras tanto, podemos enfatizar el punto sustancial que los católicos y otros tenemos en común: el deseo mutuo de ver removidas las barreras que nos separan.
Podemos cooperar también trabajando por la buena causa de formas útiles sin abandonar nuestros principios. Podemos, por ejemplo, cultivar relaciones personales de amistad... Y podemos cooperar más aún en la remosión de estos obstáculos mediante esfuerzos positivos para comprendernos unos a otros correctamente... mostrando predisposición para dar explicaciones simples del verdadero carácter de nuestras creencias y prácticas. ... Sería, sin embargo, imprudente que los católicos esperen que sus amigos no católicos se convenzan rápidamente por las explicaciones que aquéllos les den. Las convicciones tardan en cimentarse; además no corresponde el agente humano irrumpir en el oficio que el Espíritu Santo se reserva para sí mismo.***

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* En realidad San Agustín y los suyos evangelizaron principalmente a los anglosajones que ocupaban el Oeste y el Sur de la actual Inglaterra. La población britana (romanizada o no), mayoritaria en el Este de la isla, ya había sido evangelizada por misioneros venidos antes; lo mismo que irlandeses, escoceses y pictos.

** En la misma época de mayor presitigio del Movimiento de Oxford (y la high church en general) en Gran Bretaña, en los Estados Unidos se producía un importante reflujo hacia la Iglesia Episcopal (rama estadounidense del anglicanismo) y el abandono de denominaciones "no conformistas" y sectas fundamentalistas como los puritanos, unitarios, cuáqueros, etc.

*** Sydney Smith (1912), The Catholic Encyclopedia. Nihil Obstat: October 1, 1912. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur: +John Cardinal Farley, Archbishop of New York. Resaltados propios.

Fotografías de Misas en el llamado "Uso Anglicano"







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martes, 20 de octubre de 2009

Leyendas esjatológicas: El rey que vuelve (i)

Comenzamos aquí a exponer algunas leyendas de la tradición cristiana que, aún cuando pueden tener orígenes precristianos o paganos en algunos casos, han sido como "bautizados" y dotados de un sentido esjatológico evidente.



Una de estas series de lo que llamaremos leyendas esjatológicas es la del rey que vuelve, signo éste evidente del anhelo del pueblo cristiano por aquel Rey de reyes que vendrá a hacer justicia con vivos y muertos. Análogamente, el pueblo fiel siempre ha considerado que sus más recordados monarcas y líderes (como el "criollo" que debe venir a parar la bola que pone a rodar el Martín Fierro) no han muerto realmente y que algún día volverán a hacer justicia y traer paz.



Podemos hoy burlarnos o puede parecernos una mera curiosidad histórica; pero hubo un tiempo en que esto no fue así, y aún un monarca en cuyos reinos nunca se ocultaba el sol, estuvo dispuesto a creerlo.



Los dejo pues con el primer caso.






“Sin embargo, algunos hombres dicen, en muchas partes de Inglaterra, que el rey Arturo no está muerto, sino que está, por voluntad de Nuestro Señor Jesús, en otro lugar. Y los hombres dicen que volverá, y que ganará la Santa Cruz. No digo que será así, prefiero decir que aquí en este mundo cambió su vida. Pero muchos dicen que está escrito sobre su tumba el siguiente lema: Hic iacet Arthurus. Rex quondam, Rexque futurus. (Aquí yace Arturo. El rey que fue. El rey que será en el futuro.)” – Sir Thomas Malory, Le Morte d’Arthur (cap. VII).


“…Estando viudo el católico rey nuestro don Felipe… se casó en Inglaterra…Y cierto dicen que su Majestad el Rey don Felipe, nuestro Rey, juró, que si el Rey Arturo viniese en algún tiempo, le dejaría el Reino.” – Julián del Castillo, Historia de los reyes godos que vinieron de la Scitia de Europa, contra el Imperio Romano, y a España: y la sucesión de ellos hasta el católico y potentísimo don Felipe segundo Rey de España.



Actualización: Por razones desconocidas debimos modificar la ilustración que acompañaba esta entrada el 1º de noviembre de 2009:



El Rey Arturo

(tapiz francés renacentista,


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viernes, 9 de octubre de 2009

¿El renacimiento de la arquitectura religiosa tradicional?


jueves 8 de OCTuBRe de 2009


Entrevista de NLM con Ethan Anthony, presidente del estudio de arquitectos HDB/Cram and Ferguson

Muchas veces en NLM me he referido al trabajo del arquitecto Ethan Anthony y de HDB/Cram and Ferguson, un estudio de arquitectos de las afueras de Boston, Massachusetts.

Con frecuencia me ha llamado la atención el diseño de calidad y los materiales que pone esta firma en sus obras. Por supuesto que esto no es único de ellos, pues también he mostrado varios buenos ejemplos de otros arquitectos, incluyendo el impresionante trabajo de Duncan Stroik para citar a uno de ellos. Un aspecto que sí me impresionó como algo único de este estudio es, sin embargo, lo que parece ser una práctica concienzuda del gótico. Esto, junto al uso de materiales naturales para estas mismas iglesias, picó mi curiosidad y me decidí a lograr una entrevista con el Sr. Anthony para tener una idea de los principios y la filosofía que informan sus obras.

He aquí la entrevista.

Sr. Anthony, ¿puede darnos una idea de su historia y la de su firma?

Ralph Adams Cram fundó la firma en 1889 y ha estado en el negocio desde entonces. La firma ha completado cientos de iglesias nuevas, mejoras y otros proyectos en 44 estados de los Estados Unidos, Francia, Canadá, Cuba y Panamá. La mayoría del trabajo de renovación realizado por la firma en sus comienzos fue la conversión de iglesias de distintas denominaciones desde el llamado estilo americano protestante (las iglesias católicas también fueron construidas en este estilo) a una estilo basado en la liturgia católica ortodoxa. Hasta Cram, en este país incluso las iglesias católicas parecían iglesias congregacionistas. Cram se obsesionó con la liturgia católica que vio en Italia y trabajó casi toda su vida para regresar la liturgia americana a una base católico romana.

Parte del proceso fue el renacimiento de estilos arquitectónicos católicos, incluyendo el románico y el gótico. Yo llegué a la firma en 1991. Cuando comencé, la mayoría de la práctica era arquitectura comercial, con algunos proyectos eclesiásticos. Los últimos especialistas en gótico de la firma habían sido John Doran y Alexander Hoyle, y ambos murieron en los ’60. Cuando vi su trabajo y la calidad de sus dibujos, me decidí a revigorizar la práctica de la arquitectura religiosa y ahora, 19 años después, toda la firma se dedica a la arquitectura religiosa o relacionada a la educación religiosa.

Fui educado por los jesuitas en la Escuela Secundaria Xavier de Concord (Massachusetts) y me gradué en arquitectura en la Universidad de Oregón. Pasé mis primeros tres años después de dejar la facultad, trabajando en Payette Associates, una firma de arquitectura médica de Boston. Luego trabajé en forma independiente durante 7 años y me uní a la firma cuando era conocida como Hoyle, Doran & Berry, Inc; habiendo sido antes Cram and Ferguson. No funcionaba como nombre comercial y decidí recortarlo como HDB/Cram and Ferguson, Inc.

Muchas firmas de hoy operan en un contexto de clásico o románico, aunque el de ustedes parece inclinarse por una forma medieval, o gótica, de los edificios. ¿Es esto casual o su firma se especializa en el gótico?

Cram creía que el punto más alto del desarrollo de la arquitectura católica había sido el gótico y que había sido recortado por la Reforma. Dedicó su vida a diseñar nueva arquitectura gótica porque la veía como la fuente de un renacer de la arquitectura católica que podía alcanzar nuevas cimas y podía tener un impacto positivo en la moral de nuestra civilización. Coincido con Cram en que el gótico es la forma más elevada de la arquitectura católica y que es lejos la arquitectura espiritual más bella. Tanto Cram como yo tenemos clientes que aman el románico y lo quieren, y tenemos que cumplir.

¿Quién y qué citaría usted como las influencias particulares en el diseño de su trabajo?

He estudiado a los maestros góticos clásicos, representados en sus iglesias. Los mayores son incuestionablemente los maestros franceses que comenzaron lo que fue conocido como “el estilo” y que se extendió por el mundo. En Francia mi favorita es Notre Dame, pero también amo las catedrales de Rheims, Rouen, Amiens, Chartres y Laon; en Italia, los domos de Milán y Florencia, San Miniato, San Juan de Letrán, Asís, San Marcos y San Galgano; en España, Córdoba, Sevilla, León y Santiago de Compostela; en Inglaterra, Glalstonbury, Rievaulx, Fountains, la abadía de Bath, San Jorge y Windsor, sólo por nombrar unos pocos ejemplos.

¿Cuál es su opinión sobre los revisionistas góticos como AWN Pugin, Sir Ninian Comper o G.F. Bodley?

Debemos una tremenda deuda a los Pugin. Padre e hijo fueron responsables del renacimiento de la arquitectura gótica y la preservación de la arquitectura y la liturgia católica, mucho más que ninguna otra persona. A. W. N. Pugin, nacido en 1812 (un converse del anglicanismo al catolicismo en 1834), fue el campeón de la arquitectura católica de Inglaterra tras su conversión y la Ley de Emancipación de los Católicos de 1836, inspirando a Scott, su contemporáneo, quien a su vez inspiró a Bodley (nacido en 1827) de la segunda generación, quienes inspiraron al joven Comper (nacido en 1864, un contemporáneo de Cram, aunque trabajó casi exclusivamente en Inglaterra), quien volvió a inspirarse en la senda trazada por Pugin. Todos los seguidores de Pugin eran anglicanos conservadores, incluyendo a Cram. Como Cram, yo también me he fijado en Pugin como fuente. Tengo sus libros y los uso en mi trabajo.

¿Tiene una iglesia “ideal”?

No, y esto es importante. Cada parroquia es única y el edificio debería reflejar los intereses y la liturgia de la parroquia y su tiempo. De esta forma, la parroquia da vida al edificio. Creo que es esto lo que me separa de muchos arquitectos. No llegamos a la parroquia con un prejuicio por un estilo u otro. Dudo que nos contratarían para diseñar una iglesia en forma de caja, y no tengo ningún interés en ello, pero cualquier iglesia que desea un templo interesante basado en la tradición, el precedente y valores espirituales genuinos, me interesa.

Dicho esto, si hubiesen elementos arquitectónicos que a usted le interesaría ver de nuevo en uso, ¿cuáles serían? Por ejemplo, en los últimos dos siglos, hemos visto el renacer de elementos como el antecoro y el ciborio magno en dos ocasiones. ¿Tiene algún interés particular en ello? Y si es así, ¿puede explicarnos de dónde vienen esos intereses?

Soy fanático de los altares elaborados, con baldaquinos y obras de arte, incluyendo mosaicos y frescos, y cualquier cosa que ponga el foco de atención en el altar. También me gustan los altares esculpidos y disfruto diseñando altares de piedra con paneles tallados.

Dos Iglesias en particular se destacan como producciones de su firma. Ellas son: la abadía de Syon y Nuestra Señora de Walsingham. Iglesias notables por el uso de madera en los techos, y que utiliza piedra en el exterior e incluso el interior – materiales particularmente enraizados en este estilo. ¿Existe una filosofía o un conjunto de principios tras esto?

Sí, hay un conjunto de principios. Algunos son propios de la firma, tales como el uso honesto de los materiales, la expresión fiel de la liturgia y el énfasis en la búsqueda de la belleza en la Misa y en la línea y el material. A ello agregaría un deseo de ayudar a la parroquia a lograr la belleza a un costo razonable. Es más fácil lograr la belleza cuando no se usan materiales mundanos y no hay límites en el gasto. En el mundo práctico de la arquitectura parroquial, uno debe lograr la belleza evitando el uso de materiales caros y con un diseño realista.

¿Puede hablarnos más de los principios del “uso honesto de los materiales” y la “expresión fiel de la liturgia”?

Los materiales son nuestra paleta y en el trabajo parroquial debe restringirse el uso de materiales caros. Usamos algunos materiales sustitutos y usamos la colocación estratégica de pequeñas cantidades de materiales de muy alta calidad. No nos rendimos para proveer el material que se espera. El techo es de madera, las paredes, de piedra. Los materiales elegidos se seleccionan porque pueden producirse en forma económica con métodos modernos. Por ejemplo, usamos pequeñas cantidades de piedra pulida y grandes cantidades de splits, que es mucho menos costoso.

Con “la expresión fiel de la liturgia”, me refiero a que lo importante es la liturgia y no nuestro diseño de la liturgia. Se trata de dejar nuestro ego fuera y enfocarnos en el mensaje.

Muchos se preguntarán, sin embargo, si construir con esos materiales no es sustancialmente más caro.

Es más caro que una iglesia shopping, una iglesia caja o una iglesia modernista. Como regla general, usamos materiales naturales en lugar de materiales hechos por el hombre. Evitamos los materiales que son inherentemente tóxicos o que usan intensivamente la energía, como el vinilo, los plásticos y el ladrillo. Transportamos materiales grandes distancias, pero siempre consideramos las alternativas locales disponibles.

¿Qué ven hoy como los desafíos particulares de la arquitectura para quienes intentan diseñar en espíritu de continuidad en el contexto del rito latino?

El desafía mayor está al nivel parroquial. Somos consultores y como tales servimos a la parroquia. La parroquia conduce la liturgia dentro de su iglesia y en la práctica esto se refiere al párroco. En algunos casos, puede haber un director de liturgia, pero cada iglesia tiene una situación diferente y típicamente discutimos alternativas tales como el lugar del altar y la fuente bautismal, o la colocación de una barandilla para la comunión. Trato de hacerles entender el marco histórico y litúrgico, de modo que logren autenticidad en su iglesia; pero, en última instancia, las decisiones las toma la parroquia. Creo que nuestro papel es educar al cliente de modo que pueda tomar una decisión informada. No estamos empeñados en una cruzada en pro de la Misa “ad orientem” o la comunión de rodillas o cualquier otro uso litúrgico específico. Mi cruzada es por que la parroquia ofrezca toda la posible belleza, gusto y modestia que pueda en el diseño, la construcción y la decoración que podamos al construir su iglesia.

Existen dificultades y cuestiones altamente emotivas, y esto requiere tanto de sensibilidad como de coraje de parte de la parroquia y el arquitecto para llegar a una buena solución.

En Occidente existe una preocupación expresa acerca de no ser simplemente un “continuador” – es decir, no sólo reproducir los estilos históricos anteriores. ¿Qué piensa sobre esto? Más aún, según su estimación, ¿cuáles fueron las oportunidades perdidas del siglo XX respecto a la arquitectura sagrada? ¿Dónde nos hemos destacado y dónde hemos fallado? ¿Cuáles son las lecciones que podemos sacar para seguir adelante?

Todo el debate sobre el “revival” comenzó al inicio del período modernista cuando los nuevos arquitectos y sus mecenas intentaron ridiculizar la arquitectura tradicional y los arquitectos que la practicaban, diciendo que su trabajo no era genuino por no ser original. El argumento de la originalidad fue originalmente una especie de prueba que les daba a los modernistas la relevancia que reclamaban y que la arquitectura tradicional no podía alcanzar. Fue el único momento de genio del movimiento modernista. Tomó cincuenta años, entre 1925 y 1975, para que la arquitectura tradicionalista desarrollara una respuesta efectiva contra ese argumento.

Mientras tanto, la mayoría de la arquitectura estadounidense tradicional fue demolida durante la renovación urbana. Muchos de los edificios demolidos estaban basados en la arquitectura románica cristiana, incluyendo los invalorables edificios públicos y estaciones de ferrocarril del románico de Richardson, y los edificios residenciales a escala humana y estilo románico del West End de Boston. Tan fuerte fue la tormenta anti tradicional. En su mayoría fueron reemplazados por edificios en “estilo internacional” que, con toda deliberación, arrasaron con el simbolismo cristiano.

Esta tormenta anti cristiana y anti simbólica ganó fuerza a finales de la Segunda Guerra Mundial y sólo comenzó a morir en los ’80 luego de que el post modernismo relegitimara la arquitectura “quotational” de Charles Moore y Michael Graves, entre otros. Su vinculación con la escuela arquitectónica de Princeton los hizo inasimilables para los promotores y protectores del modernismo y la conversión del edificio de AT&T realizada por Philip Johnson selló el destino del modernismo. Su trabajo no fue religioso, pero abrió la puerta a que los arquitectos religiosos comenzaran a utilizar el simbolismo religioso en los edificios nuevamente. Desde entonces, la arquitectura modernista se convirtió en un estilo distinguible con un comienzo y (al menos) un fin. Identifico toda la arquitectura modernista posterior a 1985 con el nombre de “modernesco”, pues también ella imita y copia algo. En Colombia, por ejemplo, los edificios coloniales hispánicos han virtualmente desaparecido en muchas ciudades y han sido reemplazados por copias de Corbusier y Mies.

El movimiento arquitectónico tradicionalista actual que yo llamo Tercer Revival, es en realidad producto del Post Modernismo. Los arquitectos están nuevamente liberados para usar el simbolismo, incluido el simbolismo religioso, en sus edificios. También se permite que el arte esté presente como contribución del artista y el artesano en la realización del edificio. El peligro está en los arquitectos que no han estudiado ni profundizado en el significado intrínseco de los símbolos, los usen en forma incorrecta o inapropiada. Que los símbolos de la arquitectura romana que una vez celebraron a los dioses paganos, por ejemplo, decoren un estadio de baseball.

¿Tiene algunas recomendaciones finales que usted daría a los arquitectos jóvenes para que ellos diseñaran sus iglesias?

Cinco años atrás, escribí un artículo para la revista Sacred Architecture, con el tíulo “A Long Last Look at American Sacred Architecture” (Una última mirada prolongada a la arquitectura sagrada estadounidense), en el cual me lamenté por el desprecio de la buena arquitectura religiosa y su reemplazo por platos voladores, desarmaderos y establos. Cuando escribí ese artículo, ya había diseñado y construido tres iglesias tradicionales nuevas. Cinco años después, hemos construido otra y diseñado dos iglesias más y un seminario, además de varios proyectos pequeños para remodelaciones, alteraciones y restauraciones de los interiores de iglesias tradicionales destruidos en los últimos 50 años.

Existe aún una facultad de arquitectura en este país que enseña el diseño de arquitectura religiosa tradicional, la de la Universidad de Notre Dame. Ninguna de las otras siente importante incluir la materia en sus currículas, pero eso es un reflejo de la ambivalencia del público hacia la arquitectura religiosa tradicional. Aún es cierto que las generaciones futuras nos juzgarán por los edificios que dejemos atrás, del mismo modo que juzgamos a las generaciones pasadas por la misma medida. Hemos dado un paso en dirección a una arquitectura más responsable y receptiva, pero todos los días la gente debe elegir si apoyará en este ideal.

Hemos visto proyectos de diseños religiosos tradicionales suspendidos en distintos lugares del país, debido al impacto de la recesión en las parroquias. Ésta es la reacción opuesta a la de las generaciones pasadas que siguieron adelante con sus planes desafiando a la gran depresión. Pero para que sobreviva este movimiento, los arquitectos y diseñadores que se han comprometido en la restauración de la arquitectura religiosa tradicional, necesitan trabajo. Si las parroquias que quieren construir en estilo tradicional no siguen adelante con sus proyectos a pesar de la recesión, este movimiento morirá y habrá sido la última mirada prolongada. La Universidad de Notre Dame está produciendo jóvenes arquitectos que quieren diseñar y construir nuevas iglesias bellas, nuestro país debe darles la oportunidad de construir nuevas iglesias bellas. Las parroquias deben seguir con sus planes de construcción si quieren poder cumplir sus sueños.

* * *


Para saber más acerca del trabajo de HDB/Cram and Ferguson, por favor visite su sitio en internet:
www.hdb.com.



Abadía de Syon, Copper Hill, Virginia



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miércoles, 7 de octubre de 2009

Retornar a los principios para recuperar la cultura (y la universidad)

Cuando renacen las protestas de supuestos estudiantes universitarios por temáticas completamente ajenas a la educación, me parece bueno compartir el siguiente texto del profesor John Senior:

Estoy diciendo algo muy simple y obvio: algo extraño se ha apoderado del poder cultural. Está en los tableros. Y es tiempo de que la gente lo recupere. Las universidades no son la causa de la agonía nacional, sino las víctimas. No nos dejemos engañar por los voceros estudiantiles y profesorales – la mayoría verdadera no participa de la política universitaria; están demasiado ocupados en el negocio a tiempo completo de la educación y no cuentan con el asesoramiento experto de los agitadores profesionales – o el dinero. Muchos estudiantes y miembros del profesorado piden urgentemente la intervención oficial en los asuntos universitarios para asegurar la seguridad pública y la tranquila búsqueda de la educación, libres del insulto y el acoso. En la retórica escalada, se ha creado una falsa polaridad según la cual el público general se opone a los profesores y a los estudiantes – escuchamos acerca del “pensamiento de la juventud”, “lo que piensan los jóvenes” y la “opinión universitaria”, siendo que la oposición real es entre, por un lado, muy pequeños grupos de presión maliciosos junto a un más grande número de simpatizantes y, por otro lado, todo el resto de nosotros.

Las universidades son particularmente vulnerables en esta era tecnológica. Decenas de miles de adolescentes, inmaduros y desarraigados, encerrados junto a profesores especialistas estridentes, frecuentemente neuróticos, sino espasmódicamente brillantes, en un cajón de arena de un millón de dólares – ¿qué esperamos? Necesitamos un intercambio, un gran flujo de realidad ordinaria, una aireación, una exposición al sol y al aire libre. Las universidades no pueden reformarse ellas mismas. La gente debe recuperarlas en las urnas, mediante el voto y a través de los procedimientos políticos normales – cartas a los gobernadores, senadores, consejos académicos. Tenemos más que el derecho; tenemos la obligación de ver que nuestros hijos tengan el tipo de educación que deseamos. Si eras un progresista, si realmente crees en Voltaire, John Stuart Mill, la Declaración de Derechos, los Derechos del Hombre – si crees que la justicia es la libertad y que la libertad permite a los hombres hacer lo que desean – es absolutamente necesario que veas que estas libertades sólo pueden ser mantenidas por miembros de la raza humana. Los derechos del hombre significan al menos los derechos del hombre, nada menos que eso.

¿Quién dice? ¿Quién dice qué es humano y qué no lo es? Usted, yo. Nosotros, la gente, confundida, incrédula, totalmente sorprendida y paralizada ante esta intrusión no imaginada hasta ahora. Debemos volver a nuestro sentido común y utilizarlo antes que alguien – alguien salga realmente herido. ¿Caza de brujas? ¿Inquisiciones? ¿Censura? Para nada. Todo hombre tiene derecho a hablar, a escribir, a enseñar la verdad como la ve. Eso es precisamente lo que debemos defender. Estamos como en Alemania en 1931, en Rusia en 1916. Dijo Yeats: “Los mejores carecen de toda convicción mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada… Y en todos lados la ceremonia de la inocencia es ahogada.” El soldado en una discusión en la barraca dice, “Puedes llamarme así, a mi primo, mi hermano y tal vez mi padre; pero si llamas así a mi hermana, o a mi madre, ¡te golpearé en la nariz!” Bueno, se están acercando demasiado a nuestras hermanas o madres, y si alguno no lo ve, es porque no tiene una hermana o madre, o una universidad, o una ciudad, o una nación, o un Dios.

Un sentimentalismo vicioso está envenenando los pozos. Está en las universidades, las iglesias, la industria del entretenimiento en general – las películas, la televisión, los diarios, las revistas, las canciones populares – en los pozos de los cuales extraemos nuestra bebida espiritual, de la cual toda nuestra vida cultural se irriga.

Limpiémoslos con la purificación del retorno a los principios. Toda demostración razonada comienza con algo dado – en la geometría, por ejemplo, que el todo es más que la parte – lo que en sí mismo no puede ser probado. Un principio en cualquier orden es precisamente lo que no puede probarse en ese mismo orden. La palabra principio, como la conocemos, en latín significa “comienzo”, “aquello antes de lo cual no hay nada”. Negar el comienzo vicia la materia. En la política y en la ética en general, de la cual la política es una rama, lo dado es lo que generalmente llamamos civilización o cultura, opuesto a lo cual está el salvajismo. La civilización es una telaraña compleja de supuestos en base a los cuales demostramos conclusiones prácticas en la ley y la costumbre. Todos los hilos de esta telaraña se vinculan a unos pocas fibras originales que llamamos primeros principios, que no son dados culturalmente sino auto evidentes; y el primer principio de todos en el orden ético es hacer el bien. Si un hombre niega eso, niega la misma moral. Los primeros principios son tan obvios que son difíciles de ver – lo “auto evidente” no es tan evidente siempre para todos – y especialmente son difíciles de formular y defender. Pero nadie puede negarlos sin hacer uso de ellos. Si uno niega el bien, uno tiene que probar que es algo “bueno” negar el bien.



Maestro dominico respondiendo objeciones presentadas por sus alumnos
durante una sesión de disputas quodlibetales,
en tiempos en que se iba a la Universidad a descubrir la verdad.
[Gentileza Godzdogz.OP.org]

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lunes, 5 de octubre de 2009

Los laicos sometidos a los caprichos de los clérigos


… En el momento en que se perdió todo sentido de autoridad, hemos visto renacer una especie de neo-clericalismo, tanto de los laicos como de los clérigos, más limitado, más intolerante, más entrometido de lo que jamás hemos visto.

Un ejemplo típico es el de la liturgia latina. El Concilio ha mantenido, dentro de términos explícitos, el principio de conservar esta lengua tradicional en la liturgia occidental, al mismo tiempo abriendo la puerta a las más amplias exenciones siempre que necesidades pastorales impusieran su uso, más o menos extendido, de la lengua vulgar. Pero los mismos clérigos que, hasta ese momento, no podían ni pensar en darle siquiera lugar para la proclamación de la Palabra de Dios, inmediatamente saltaron de un extremo a otro y ya no quieren que se diga ni una palabra de latín en la iglesia. “La palabra pertenece hoy a los laicos”, parece, pero sobre este punto como sobre todos los otros, a condición por supuesto de que ellos repitan dócilmente lo que se les dice. Si ellos protestan y quieren, por ejemplo, conservar en latín al menos los cantos del ordinario de la Misa, con los que están familiarizados, se les replica que su protesta carece de valor; ellos no han sido “educados”, no se tiene que tener en cuenta lo que ellos dicen. Esto es más curioso cuando ellos reclaman precisamente lo que el Concilio había recomendado. Pero el Concilio tiene una buena espalda: tres de cada cuatro veces, cuando se menciona su nombre, no se apela a sus decisiones y exhortaciones, sino a cierta declaración episcopal individual, que la asamblea no ratificó de ninguna manera, cuando no es más que a cierto teólogo o cierto notario sin mandato que habría querido ser canonizado por el Concilio, incluso como cierto “desarrollo” supuesto del Concilio, aunque cada desarrollo en cuestión haya sido objetado palabra por palabra.

Lo que es verdad del latín lo es de toda la liturgia, y esto es tanto más grave en el momento preciso en que el Concilio venía de proclamar su centralidad en la vida y la actividad entera de la Iglesia. Se destacó a las iglesias tradicionales, y a la Iglesia católica en primer lugar, por su liturgia objetiva, sustraída de las manipulaciones abusivas del clero, salvaguardando la libertad espiritual de los fieles ante la subjetividad fácilmente intrusiva y opresiva de los clérigos. Pero de ello, no subsiste nada. Los católicos contemporáneos no tienen más derecho que el de tener la religión de su cura, junto con todas sus idiosincrasias, sus limitaciones, sus tics y sus futilidades.

La princesa palatina describía a Luis XIV el protestantismo alemán con esta fórmula: “Aquí, cada uno se hace su propia pequeña religión.” Cada sacerdote, o casi, está ahora en eso, y los fieles no tienen más que decir “amén”, incluso cuando la religión bendita del sacerdote o del vicario cambia cada domingo de acuerdo con sus lecturas, las bobadas que vio hacer a otros, o su pura fantasía.

Louis Bouyer, La décomposition du catholicisme (Paris: 1968).


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