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viernes, 19 de marzo de 2010

Profecía

En “la hora del mal” todo está falsificado por la sobre simplificación y las falsas comparaciones. El bien y el mal son lo mismo, el éxito es el criterio del bien y cualquier medio se justifica. [315]

El “éxito”, en tanto puede ser calculado, incluido en nuestro merecimiento, y es por lo tanto un “premio” que se ha ganado, es exactamente lo contrario de la bendición de Dios, que es, en sentido absoluto, gratis. Ninguna copia mundana o demoníaca es posible, o puede siquiera aspirar a reemplazarla. Una bendición es visible, incluso naturalmente, pero aparece como si se hiciese visible a partir de lo invisible, mientras que el éxito es el resultado de algo visible. Mientras que el éxito se explica por la recompensa, una bendición siempre es un misterio. El éxito es una parte de la naturaleza, es casi el producto de la naturaleza, preparado y dispuesto por el hombre como técnica. Una bendición es divina. El menos exitoso de los hombres y de los pueblos puede ser bendecido por Dios, y el más clamoroso de los éxitos puede ser una maldición. Y la confusión de estas dos cosas y conceptos ha provocado actualmente la más terrible confusión mental. La voz “profética” de la Iglesia está enmudecida, como si su oficio profético estuviese suspendido. ¿Eso también pertenece a la hora del mal? Y cada individuo se ve abandonado a tantear su camino a lo largo de la noche. El éxito no es simplemente una bendición, ni el fracaso es simplemente una maldición. Ni lo contrario es cierto, a pesar de lo que los cristianos piensan frecuentemente. [289]

…Paciencia, paciencia, y en esta hora, leed los salmos, en esta larga hora, que se concede con tal sublime generosidad al mal, en esta hora de ansiedad. [111]

La hora del mal es la hora en la que el diablo hace “milagros” mayores que Dios. – [281]

Una maldición sobre cada deseo que nubla la vista, paraliza la lengua, acalambra la mano y evita que la verdad sea vista, dicha y escrita. [282]

La creencia en una potencia maligna, en el diablo, en el Príncipe de este Mundo, ha declinado mucho es estos últimos siglos. Es el remedio para muchas formas distorsionadas de fe, pero su uso es materia delicada, pues inevitablemente conduce a la gente a una falsa concepción del mundo. El estado de este mundo simplemente no puede comprenderse si omitimos el poder del mal. Esta concepción peligrosa se ha colado incluso entre los cristianos – como resultado de una omisión. El mal es forzado a volver a la “naturaleza”, y se convierte en “cómico” (una guerra, por ejemplo, es un evento cómico), e incluso en los poderes “demoníacos” de la naturaleza, este aspecto del bien y el mal y allí se esconde. Entonces el estado de este mundo se ve depender de la omnipotencia de un Dios que es todo amor, y del pecado original y de los pecados de la humanidad. Pero ésa no es una base adecuada; el hombre, en este caso, está sobreestimado, sobrevaluado. Simplemente él no tiene el poder para desordenar el mundo, para hacerlo como es. Un hombre al que se la ha enseñado este tipo de fe, y ciertamente no es la fe cristiana, puede con justicia sentirse traicionado al considerar esto con más cercanía y claridad, o su alma puede enfermarse. Tendrá que ver a Dios como sin poder o sin amor. El hombre no puede escapar del bien y el mal, ya sea mediante anatemas de lo más violentos o mediante el endulzamiento de todo – siempre algo queda, incluso cuando el bien y el mal son degradados en términos de lo útil e inútil. [126]

¡No nos dejes caer en la tentación! ¿Qué puede significar esta oración dado que Dios ciertamente no puede tentar con el mal a ninguna criatura? Y aún así un pedido simplemente no puede ser tan ininteligible como para no tener ningún significado para nosotros. Podemos y debemos intentar darle algún significado. Personalmente, lo interpreto de la siguiente manera: que Dios no se nos esconda completamente, o por demasiado tiempo, en el orden de las cosas públicas y privadas, de modo que el creyente pueda percibir el recubrimiento exterior del hilo, que está oculto del “mundo”. Si Dios se ocultase completamente, ¿quién podría conservar la fe? De acuerdo con su promesa, no lo hará; pero para evitar esta tentación, en la cual, a diferencia de todas las otras, Dios puede conducirnos, se recoge en la oración más grande del mundo: “¡No nos dejes caer en la tentación!” ¡Muéstrate! ¡Qué Tu molino no muela demasiado lento! Muéstranos Tu amor y Tu justicia. ¡Qué nadie dude que Tú eres el Señor, que nadie desespere! [156]

Theodor Haecker, Diario de la Noche.



 

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