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martes, 1 de junio de 2010

In tribulatione


Lunes 31 de mayo de 2010


JESUS MIRA ROMA CON PERFECTO AMOR…


por Francesco Colafemmina

En estos días me estoy preguntando incesantemente cuál es la calle por la que se encamina la Iglesia Católica… Una reflexión que nace de la consternación por la miseria que emerge lentamente y que se refiere a la condición de profunda corrupción de la jerarquía. Pido ayuda a los Padres de la Iglesia, reviso manuales del siglo XVIII, busco y rebusco en Santo Tomás y Santo Domingo, pero no puedo encontrar respuestas definitivas. ¿Es o no un misterio profundo la iniquidad que nos circunda? ¿Cómo pudo ocurrir que la Iglesia Católica se convirtiese en un círculo de negocios, poder, arrogancia, depravación y traición?

Parece haber terminado, Dios quiera. Pero no podemos recurrir al paso del tiempo para disminuir la entidad de los escándalos. Se habla durante meses sólo de la cuestión pedófila. Pero sin embargo, es sólo la punta de un iceberg. El verdadero problema es el dinero, el poder, el hacer carrera. Estos elementos suelen ir acompañados de un séquito de perversiones sexuales. ¿Puede, entonces, la Iglesia ser rehén de una banda de mercenarios travestidos de sacerdotes, obispos y compañía? Porque, si bien, es obvio que al final en cualquier lado el bien y el mal conviven, es innegable que la preponderancia del mal, especialmente aquella que se ve enfatizada por los medios, termina recayendo de manera uniforme sobre todo el tejido eclesial. Y cuanto más elevados están los artífices del mal, tanto más extendida es su recaía sobre los pequeños.

Si, por ejemplo, los fieles suspendemos de una vez por todas el pago del 8 por mil a la Conferencia Episcopal Italiana. Si, indignados por el uso totalmente inadecuado de su dinero para alimentar una estructura de poder que no tiene nada que ver con la Iglesia de Cristo, si los fieles que dejasen de dar parte de su sueldo a la Iglesia, ¿quiénes se verían perjudicados? ¿Los prelados y monseñores que viven en penthouses romanos? ¿Los ricos en sotana que viajan en Audi o Mercedes? ¿Los ocultos manipuladores de dinero, propiedad inmobiliaria y acciones? ¡Por supuesto que no! Al final se verían afectados los buenos sacerdotes que pasan su existencia ayudando al prójimo y que lo hacen administrando, sin tener más ayuda de sus superiores que algo de dinero, como si la sola erogación bastase para satisfacer las exigencias espirituales de los fieles. ¡Figurémonos qué pasaría si hasta el dinero se acabase!

Mientras que tantos hombres corruptos y perversos travestidos como sacerdotes, obispos y cardenales continúan viviendo en su depravación y nadie logra despegarlos de sus cómodas poltronas, existe una Iglesia que sufre, que es atormentada por el dolor, el miedo y la consternación. Y no sabe más que aferrarse a Cristo y al Papa, sabiendo que la esperanza no sustituye el dolor, sólo lo alivia. Esta Iglesia está compuesta de muchos laicos y pocos eclesiásticos. Entre estos últimos, está con seguridad el Santo Padre, pero como un auténtico coloso en medio de una platea de enanos (…y bailarinas)!

De los muchos laicos, son pocos los que logran darse cuenta de la traición de una parte del clero. No quieren aceptarlo y a veces se comportan como las mujeres que no quieren aceptar la traición de sus maridos. Terminan por encontrar las excusas más absurdas para justificar a su cónyuge. Sólo con pruebas evidentes se convencen de haber vivido con traidores de la peor especie. Y allí nace la rabia, la indignación. Sólo en rara vez el perdón, la más de las veces la indiferencia. Entonces: ¿terminará así? Espero que no. Porque la fe que se ve hoy amenazada es la de los pequeños, los fieles puros de corazón, la de la gente simple, la de los trabajadores humildes que aman verdaderamente a la Iglesia y al Señor. No la fe de los poderosos, aquélla hecha de departamentos en la Via della Conciliazione o de casas que valen un milloncito de euros. Ésta no es la fe. ¡Ésta es la maldita hipocresía!

En cualquier caso, no deseo hacerla más larga de lo debido. Por ello dejo para vuestra meditación esta oración de fray Girolamo Savonarola. Un gran hombre que la Iglesia quemó en la Piazza della Signoria, sólo porque acusaba a la jerarquía de ese tiempo usando el siguiente tono: “nosotros conducimos los hombres a la simplicidad y las mujeres al vivir honesto, vosotros los conducís a la lujuria, la pompa y la soberbia, le habéis fallado al mundo y habéis corrompido a los hombres con la libídine, a las mujeres con la deshonestidad, a los niños los habéis conducido a la sodomía y a la miseria y a comportarse como prostitutas”. Un profeta, ¿no?

Jesús, dulce consuelo y sumo bien

de todo angustiado corazón,

mira Roma con perfecto amor.

¡Anda! mira con piedad en qué tormenta

se encuentra tu Esposa,

y cuánta sangre, ¡ay!, se espera,

si tu mano piadosa,

que en perdonar siempre se deleita,

no la retorna a aquella

paz, que tuvo cuando era menesterosa.

Mira la bondad que te movió antaño

a tomar humana carne,

y por nosotros hacerte como un gusano en tierra:

socorre a la Romana

santa Iglesia tuya, que el demonio aterra,

rompiendo los nervios y los huesos,

si no atiendes sus crueles golpes.

¿Dónde está, Señor, tu antigua piedad,

y la Sangre en tierra derramada,

y la memoria eterna de tu Hijo?

Ahora extinguido parece y arrasado

todo buen espíritu y todo buen consejo:

no veo sino espadas.

Jesús, perdona nuestras iniquidades.

Abre ya, Señor, tu costado,

y deja penetrar

de tus devotos siervos la plegaria:

Jesús, no te enojes;

socorre pronto a tanta destrucción:

renueva nuestro estado,

pues el gran Pastor nos ha sido quitado.

Tú nuestro Redentor y nuestro Padre,

Tú eres nuestro refugio,

nuestra fuerza y nuestra reciedumbre,

en este frágil claustro,

donde bien ciego está quien no alza el lamento

ante estas armadas escuadras

contra nuestra sacrosanta Madre.

Si esta vez tu fuerte mano

no toma por Ella las armas,

habiéndose apagado toda luz,

sin duda alguna me parece

que todo culto y hábito bueno

se perderá para nuestro daño,

o quedará Roma en gran congoja.

Convierte, Señor mío, estas terrenas

almas nuestras al reino

donde haya paz para tu santa Esposa:

por aquel piadoso leño

que en tierra y cielo la hizo gloriosa,

a Ti piedad corresponde:

huérfanos somos, y Tú nuestra esperanza.

Jesús, dulce consuelo y sumo bien,

de todo angustiado corazón,

Mira Roma con perfecto amor.





Detalle del retrato de Girolamo Savonarola obra de Fra Bartolomeo (Bartolomeo Baccio della Porta, 1473-1517) - Museo del convento dominico de San Marcos de Florencia.


 

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