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miércoles, 21 de julio de 2010

A mí me ha sido entregada (I)



Et sustulit illum et ostendit illi omnia regna orbis terrae in momento temporis; et ait ei Diabolus: “Tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum, quia mihi tradita est, et, cui volo, do illam: tu ergo, si adoraveris coram me, erit tua omnis.” Et respondens Iesus dixit illi: “Scriptum est: ‘Dominum Deum tuum adorabis et illi soli servies’.” Lucam IV: 5-8

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: “Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya.” Jesús le respondió: “Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.’” Lucas IV: 5-8

emoi paradedotai emoi (a mí) paradedotai (me ha sido entregada) dice el texto griego. A lo largo de esta serie que aquí comienza y no sabemos cuándo ni cómo termina, iremos intentando descrifrar este misterio.

Por de pronto, dejo aquí el texto del comentario de Mons. Straubinger:

Podría decirse que Satanás “padre de la mentira” (Jn VIII: 44) habla aquí como impostor al atribuirse frente a Cristo un dominio que precisamente le está reservado a Jesús (Mt XXVIII: 18; Ps. II: 8; Ps. LXXI: 8 ss.; Dn VII: 14, etc.). Debe observarse sin embargo que aquí no se alude ni a ese reino de Jesucristo, que no tendrá fin, ni tampoco al dominio actual sobre la naturaleza, que evidentemente pertenece a Dios (cf. Ps. CIII y notas) y del cual nos enseña Jeremías que ni los mismos cielos pueden producir la lluvia sin una orden Suya (Jr XIV: 22); sino que se trata más bien del imperio de la mundanidad, con “sus glorias y sus pompas” a las cuales renunciamos en el Bautismo, es decir, al mundo actual con sus prestigios, cuyo príncipe es Satanás (Jn XII: 31; I Jn II: 15; I Jn V: 19) mediante sus agentes (cf. 22, 53; Jn XVIII: 36). Tal es el mundo que odia necesariamente a Cristo (Jn VII: 7; XV: 18 ss.), aunque a veces haga profesión de estar con Él (véase Mt VII: 21 ss.; II Cor XI: 13 ss. y nota). Sobre este mundo adquirió Satanás, con la victoria sobre Adán un dominio verdadero (cf. Sap II: 24 y nota) del cual sólo se libran los que renacen de lo alto (Jn III: 3; Col I: 13), aplicándose la Redención de Cristo mediante la fe que obra por la caridad (Gal V: 6). A éstos llama Jesús, dirigiéndose al Padre, “los que Tú me diste” (Jn XVII: 2) y dice que ellos están apartados del mundo (ibid. 6), y declara expresamente que no ruega por el mundo, sino sólo por aquellos (ibid. 9) que no son del mundo, antes bien son odiados por el mundo (ibid. 14). A v. 8: Véase Deut VI: 13; X: 20; Mt IV: 10 y nota.






Detalle del mosaico de las Tentaciones de Cristo de la Basílica de San Marcos (Venecia).

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