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lunes, 19 de julio de 2010

Teología de la historia: Lo que Sam y Frodo sabían

—A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua, aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.

—Sí, es verdad —dijo Sam—. Y de haber sabido más antes de partir, .no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio, la vida era un tanto aburrida: una especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, corno dice usted. Supongo que también ellos, corno nosotros tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron hasta el fin... y no siempre terminan bien, observe usted; al menos no de modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien. Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no exactamente igual que antes... corno el viejo señor Bilbo. Pero no son ésas las historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sea las que uno prefiere vivir! Me gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.

—A mí también —dijo Frodo—. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú puedes saber, o adivinar, qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.

—No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en. que nos encontramos ahora. Pero ésa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, senor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos... ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?

—No, nunca terminan como historias —dijo Frodo—. Pero los protagonistas llegan a ellas, y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde... o quizá temprano.

—Y entonces podremos descansar y dormir un poco —dijo Sam. Soltó una risa áspera—. A eso me refiero, nada más, señor Frodo. A descansar y dormir simple y sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no esperar otra cosa por el momento. Los planes grandes e importantes no son para los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la gente dirá: “¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!”. Y dirán: “Sí, es una de mis historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?”. “Sí, hijo mío, el más famoso de los hobbits, y no es poco decir.”

—Es decir demasiado —respondió Frodo, y se echó a reír una risa larga y clara que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse—. Ah, Sam, si supieras… —dijo—, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el intrépido. “¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam, Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino, ¿verdad, papá?”

— Vamos, señor Frodo —dijo Sam—, no se burle usted. Yo hablaba en serio.

—Yo también —dijo Frodo—, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado a prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan al llegar a este punto: ‘Cierra el libro, papá, no tenemos ganas de seguir leyendo’.

—Quizá —dijo Sam—, pero no es eso lo yo diría. Las cosas hechas y terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes. Si hasta Gollum podría ser bueno en una historia, mejor que ahora a nuestro lado, al menos. Y a él también le gustaba escucharlas en otros días, por lo que nos ha dicho. Me gustaría saber si se considera el héroe o el villano…




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martes, 21 de abril de 2009

Nolite timere pusillus grex

Si bien comenzamos esta bitácora hace ya un tiempo, es evidente para quien ha seguido nuestras entradas en la misma, que recién remontó vuelo hace cosa de un mes luego de algunos cambios estéticos y funcionales, y, lo que es más significativo, luego de meses de meditar algunas cuestiones.

Desde que comenzamos a buscar altura en este viaje, y mientras tratamos de alcanzar velocidad de crucero, nos alegra el acompañamiento, lento pero constante, de lectores; a quienes, desde ya, agradecemos, al tiempo que nos entregamos a su benevolencia. La mayoría de éstos, nos esperanzamos, provienen del Argentino Reyno y de nuestra madre patria allende el Atlántico, esas Españas peninsulares por las que —al decir del Padre Castañeda— “somos gente”.

Españas plurales, “donde no se ponía el sol”, que eran como la prolongación de la Cristiandad en el Nuevo Mundo y el sostén de ésta en el Viejo. Y por eso fue atacada con el mayor de los odios, no sólo desde fuera, sino —y lo que es peor— desde dentro, por esa “damajuana de caña en una jaula de monos” (Castellani dixit) que fue (que es) el liberalismo. Liberalismo que primero nos despojó de nuestra unidad, destrozando las esperanzas de lo que pudo haber sido, y luego nos vendió barato a las fuerzas de la Revolución mundial anticristiana.

Y mientras la sombra de Mordor se extiende sobre la Tierra Media y la tormenta parece hacerse inminente, nos echamos al monte como los matiners carlistas, nos internamos en la jungla camboyana, nos fugamos a la frontera pampeana como Fierro y Cruz, nos alojamos en las catacumbas como la pequeña Severa… al menos de manera mística e interior, mientras nos preparamos para cuando debamos hacerlo de forma corpórea y exterior.

Nuestro reducto final, nuestro último baluarte, no es otro que el de los altares y los hogares, el viejo lema ciceronianopro aris et focis”. La patria, como gran hogar, tierra de los abuelos (terra patrum) y los nietos, rodeada por el mundialismo atomizante que, como moderno lecho de Procusto de formas tan elaboradas y complejas como siniestras, pretende conformar una legión de consumidores esclavos a su servicio. Por su parte, La Iglesia, sobre la que se dictó el eterno non praevalebunt, pero que, sino su altar, —como enseñaba Castellani— verá su atrio profanado, desde fuera por las turbas enardecidas en busca de su chivo expiatorio y desde dentro por los Judas contemporáneos que pretenden regalárselo. Y todos ellos —como explica René Girard— creerán estar haciendo un bien…

En fin, la familia en cuanto es la iglesia doméstica y la pequeña patria, es la Minas Tirith sitiada por el Señor Oscuro y sus secuaces desatados tras la caída del katejón. Cada vez es más evidente que la vía política nos está vedada (nos faltan completamente los medios económicos, mediáticos, propagandísticos y, hasta, humanos para alcanzar el poder). Cada vez más, la sociedad, como un todo, se está impermeabilizando ante nuestra prédica (preocupada en la satisfacción de su hedonismo material, sexual e, incluso, psicológico y espiritual). La Iglesia misma, una parte importante de ella (obispos, sacerdotes y laicos practicantes), no nos entiende, como si hablásemos una lengua desconocida; preocupada por el consenso, el diálogo, los valores, la democracia, etc. parece haber perdido de vista los principios eternos que debería predicar. Creemos que es ésta, la del hogar —no un hogar ideal, abstracto o general, sino el nuestro, éste y ahora—, la última trinchera antes del fin. Y el Enemigo lo sabe y por eso la ataca como lo hace, con todas las armas de la cultura de la muerte —aunque esto no es nuevo.

Decía, más o menos, Joseph de Maistre que, desde el hecho de la Revolución, debíamos “re-aprender” a ser tradicionales. Lo que antes era intuitivo; lo que antes sabíamos de nuestros padres y abuelos; lo que antes respirábamos en el ambiente; hoy, debemos estudiarlo, meditarlo, contemplarlo y transmitirlo. Creo que ya no nos alcanza solo con los grandes textos contrarrevolucionarios y tradicionalistas del pasado, hoy necesitamos “re-aprender” a ser buenos padres, esposos, hermanos, hijos y amigos, en Cristo y María; a la vez que astutos defensores del hogar en que Dios nos ha insertado. Y, desde allí, quizá, si Dios quiere, reconquistar algunos espacios públicos más o menos pequeños para Cristo. Necesitamos ser como los “últimos de Filipinas”, como esos soldados japoneses que a 30 años de terminada la Segunda Guerra seguían atrincherados en defensa de su emperador... En fin, como esos vietnamitas, yanquis y camboyanos de Apocapypse Now.

Creemos, como un extraordinario artículo que leímos una vez, que

Dios confió a la humanidad el cuidado de su Iglesia en este mundo hasta la Parusía. Es construyéndola en el territorio del Enemigo que participamos en la acción de la Providencia en la historia, y que nos santificamos. Dios ciertamente puede asistirnos de maneras extraordinarias; la notable vigorosidad de la Iglesia en algunos momentos sólo se puede explicar por intervención divina. Pero nada en justicia, exige a Dios darnos un nuevo grupo de santos, héroes y sabios para arreglar todas las cosas como si nada. Cuando la Iglesia necesita santos, héroes y sabios, no tiene a nadie más que a nosotros. Y la mayoría de nosotros estamos demasiado malditamente orgullosos de nuestra falsa humildad para aunque sea intentar la santidad heroica.


El estado de la vida cristiana hoy, como siempre, es el de rezar entre ruinas; de rastrillar entre los escombros de una iglesia largamente destruida en busca de pedazos que podamos reconocer; en asirnos a ellos y atesorarlos de una manera que los hombres que los disfrutaron en su esplendor nunca hicieron. Venerar estos pedazos de escombros, y estudiarlos para darnos una idea de la forma en que encajaron y el significado que alguna vez tuvieron. Inducir lo que podamos de los olvidados métodos de construcción y el lenguaje del simbolismo también olvidado, y reconstruir lo que podamos en el tiempo que se nos da. Construir algo bello para Dios, de modo que el recuerdo de la antigua fe pueda sobrevivir para la próxima generación, hasta que las fuerzas del mal destruyan, quemen y sepulten nuestras construcciones.


Y hacer esto creyendo, a pesar de toda tentación para desesperarse, que la victoria ya se ha ganado, y que la liberación está cerca. Nos ha sido dada la tarea de modo que en ella podamos encontrar nuestro propósito, nuestro gozo y nuestra santidad. Y perseverando, heredaremos un nuevo cielo y una nueva tierra, en la cual construir en forma permanente lo que hemos construido en pobre imitación en este mundo roto.*


Placa del siglo XII que representa a Hugo de Vaudemont y su esposa Ana. Cuenta la historia que el conde Hugo partió a las Cruzadas y allí fue tomado prisionero por los sarracenos. Toda su familia lo dio por muerto, excepto su esposa, Ana de Lorena quien lo esperó durante 16 devotos años. Al regreso del cruzado, su mandó realizar esta placa conmemorativa que aún puede verse en la iglesia franciscana de Nancy.



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viernes, 17 de abril de 2009

Recomendamos

El interesantísimo post de Rafael Castela Santos en A Casa de Sarto, "Momentos bajos". Me quedo también con el comentario que allí mismo deja el dueño de casa, JSarto:
A escuridão invade todo a Terra Média, enquanto os exércitos orcs espalham o seu rasto de desolação, terror e morte; mas o regresso do Rei aproxima-se! No entretanto, só nos resta aguentar Minas Tirith, mesmo numa desproporção de um para mil...
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miércoles, 15 de abril de 2009

Más avisos

El Instituto Histórico Santiago de Liniers invita al Acto de Apertura del Ciclo 2009, que se llevará a cabo el viernes 17 de abril del corriente año, en las instalaciones de la Asociación del Profesorado de la Ciudad Autónoma de Buenos Airess, sita en la calle México Nº 1865 – 1er. piso - de 19.00 a 20.30 Hs. Programa:
+ Palabras de bienvenida y resumen de las actividades programadas para el año, a cargo de la Presidente del InHSdeL.
+ Presentación oficial de la página web la Institución.
+ Disertación a cargo del Dr. Juan Agustín de Estrada: breve exposición del trabajo de investigación de su autoría “Otro da las órdenes”.
+ Vino de honor.
A las 21 Hs. cena de Camaradería en el restaurante “La Gran Taberna” - Combate de los Pozos esq. Hipólito Irigoyen – Valor de la Tarjeta : $ 75.
(Fuente: Diario Pregón.)

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FORVM invita al Curso de Extensión Cultural para Jóvenes La Reforma Protestante, a cargo del P. Carlos Biestro; Parte III: "La Reforma en Inglaterra". Jueves 16 de abril, de 19:00 a 20:45 hs., en Bartolomé Mitre 1747, C.O.R.G.N., Ciudad de Buenos Aires. Gratuito con inscripción previa. Informes e inscripción: jovenes@forvm.com.ar.
(Fuente: Diario Pregón.)

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TRADERE: Nuevo sello editorial español "al servicio de la evangelización de la cultura" que reeditará obras clásicas agotadas (además de inéditas y nuevas) en los ámbitos de la Teología, la Filosofía, la Historia, la Política, el Derecho, la Sociedad y la Literatura. Su página web, aún en construcción, está en www.TradereEditorial.com.
(Fuente: Embajador en el Infierno.)

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El Instituto de Filosofía Práctica invita a la tertulia que tendrá lugar en su sede, Viamonte 1596 piso 1º, Ciudad de Buenos Aires, el miércoles 29 de abril a las 19.00. En dicha oportunidad será presentado el libro Tiempo, Constitución y Ley Penal: Los principios de legalidad y de irretroactividad de la ley penal, de los Dres. Héctor Sabelli y Alfonso Santiago. La presentación estará a cargo del secretario del INFIP, Dr. Orlando Gallo, y del socio Dr. Héctor Hernández. Luego de escuchar a los autores, habrá un debate con participación de los presentes, que seguramente habrá de prolongarse hasta entrada la noche, como suele suceder. Para apuntalar la resistencia se convidará con empanadas y vino. Se ruega confirmar su asistencia por correo electrónico o por teléfono al (011) 4371-3315.
(Fuente: Invitación recibida por correo electrónico.)

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Recomendamos los Cuentos de Bungo Bolsón, inspirados en la obra de J.R.R. Tolkien.



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miércoles, 25 de marzo de 2009

Aviso

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