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martes, 17 de noviembre de 2009

Gratamente sorprendido (por partida doble)

El domingo pasado caímos de casualidad en el programa de Susana Giménez mientras entrevistaba a un muchacho mexicano, actor que trabaja en los Estados Unidos, de visita en la Argentina. Eduardo Verástegui es su nombre y parece ser que es bastante conocido (disculpen nuestra ignorancia). Aquí su "sitio oficial".

Lo curioso (a estas alturas del mundo) es que se la pasó hablando de su conversión, la fe, la castidad, la Misa diaria, el arrepentimiento, el Rosario, la defensa de la vida del no nacido... No sé, alguno nos dirá que es una muestra del entusiasmo del converso. Pero, más allá de que ese entusiasmo no nos parece censurable en lo más mínimo (y hasta creemos que nos haría bien imitarlo de vez en cuando), nos emocionó su valentía en presentar su fe sin complejos y, a la vez, con mucho amor, frente a una Sra. Giménez que, al menos por el momento, quedó estupefacta (como nosotros, miserables gusanillos que decía San Francisco). Aquí pueden verse fotos (no encontramos video).

En el reportaje de que hablamos, el actor invitó a la Marcha de los Escarpines, una manifestación pro-vida que se realiza, desde hace unos años, todos los meses frente al Congreso. Nos pidieron que fuésemos y, bastante desganados, lo hicimos. Hacía más de diez años que no participábamos de una marcha pro-vida luego de comprobar en numerosas oportunidades que la táctica naturalista era completamente inconducente, por no recordar ciertas actitudes vergonzosas y vergonzantes del Episcopado y los "laicos profesionales" (léase, mandatarios de los obispos).

Al llegar, nos encontramos, para nuestra sorpresa, con un nutrido grupo de gente (especialmente jóvenes) que intentaba escuchar unas palabras de este muchacho mexicano. Decimos intentaba porque lamentablemente el altavoz no era lo suficientemente potente para hacer frente al ruido del tránsito. Tras esto, siguió el rezo del Rosario. ¡Gratísima sorpresa! Aún está nítido el recuerdo de cierto vocero cardenalicio prohibiéndonos el despliegue de símbolos religiosos en una de las últimas marchas pro-vida a la que asistimos (algo de eso contamos en un comentario en Wanderer). Parece ser que, inversamente proporcional al compromiso de la Jerarquía con la causa de la familia natural y cristiana (una Jerarquía más preocupada por el "diálogo", la economía y la sociología), crece la necesidad de sus defensores de recurrir a Aquél sin quien nada podemos hacer.

No todo son rosas, obviamente. Tanto en el Congreso, como en el Anexo de enfrente, no quedaba nadie, y los colectivos y autos que pasaban nos miraban como si viesen a monitos del zoológico. Por otro lado, si bien el grupo de manifestantes era notable, no se compara a la más insignificante de las marchas políticas. Estamos demasiado lejos aún de las marchas similares en España que hemos visto por televisión o a la que hemos podido asistir casualmente en los Estados Unidos.

Pero, en fin, no son estos tiempos de "masas", sino de pequeño rebaño... Deo volens, asistiremos a las próximas marchas de los escarpines. Y, cuando y si la estrenan, veré la película Bella de Verástegui.

 

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