miércoles, 28 de agosto de 2013

Pseudónimos


Los otros días leía el comentario de un buen amigo donde afirmaba rotundamente —como le pasa cada tanto— que nadie que escribiese con seudónimo podía ser serio. Es un tema sobredebatido que ya me tiene bastante cansado. Porque es una afirmación falaz, dado que apela al ad hominem para otorgar seriedad a una sentencia cualquiera. Además que es contraria a la caridad cristiana al hacer acepción de personas no en razón de su mérito sino de su nombre (la recontra citada frase de Santo Tomás sobre no mirar a quién dice sino a lo qué dice, dado que si es verdad, proviene del Espíritu Santo, se ubica en una exposición sobre la caridad). Por otro lado, recordamos a cientos de autores —ensayistas, literatos, poetas, pintores, músicos, autores espirituales— que, por muy distintos motivos, escribieron bajo seudónimo (incluso, distintos seudónimos que fueron variando con el tiempo o con el tema tratado): Borges, Castellani, Martínez Zuviría, Cayetano, entre miles. Sin ir muy lejos, el libro más "serio" de la cristiandad hasta la Summa del Aquinate, De divinus nominibus, fue escrito bajo seudónimo... tan celoso guardó su identidad el autor (¿por humildad? ¿por temor?), que aún hoy no se conoce el nombre del que hoy, para abreviar, llamamos Pseudo-Dionisio Areopagita.

 

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