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lunes, 25 de abril de 2011

De series y procesos

Hace unas semanas terminamos de ver la serie histórica novelada “The Tudors”. En general solemos rehuir a las series por temor a “engancharnos”. Cosa que, tras caer en la tentación, sucedió en este caso.

The Tudors” no es la historia de la dinastía de ese nombre como podría parecer, sino que se limita, más bien, al reinado de Enrique VIII de Inglaterra. Por supuesto que, como suele suceder con la novela histórica, los autores se toman muchas libertades necesarias —como ciertas fusiones de personas reales en un único personaje y algunas alteraciones cronológicas— e innecesarias —como la obsesión con el sexo y la personalidad hipócrita de casi todo individuo que era “alguien”, excepto algunos “mártires” tanto protestantes como católicos que salen, en general, bien parados—.

Sin embargo, hay muchos temas históricos que están muy bien tratados: la mundanización del alto clero renacentista, las motivaciones políticas y económicas detrás de la Reforma, la recepción apática de la misma por el pueblo inglés y, al mismo tiempo, la furiosa reacción de éste ante la supresión de los monasterios, el ateísmo práctico de gran parte de los funcionarios y la nobleza, la mayoritaria confusión dogmática tanto en católicos como en anglicanos, luteranos y calvinistas, la popularidad de la reina Catalina y de su hija María y los sufrimientos a que ambas fueron sometidas, el maquiavelismo de los príncipes renacentistas dispuestos a pactar con el mismo diablo para lograr sus objetivos, el despotismo creciente de Enrique VIII derribando una tras otra las antiguas leyes medievales, la calidad moral del cripto-luterano arzobispo Cranmer y del cripto-católico obispo Gardiner, entre algunos que recordamos. Incluso, hechos que en los libros de historia sólo han merecido un párrafo, como la “Peregrinación de la Gracia”, tienen aquí su lugar.

Estéticamente es notable. La reconstrucción por computadora de la Londres renacentista está muy lograda; en algunas otras ocasiones la animación no logra pasar desapercibida (por ejemplo, las viejas murallas medievales de Boulogne-sur-Mer). Algunas panorámicas no tienen nada que envidiar a las grandes súper producciones de Hollywood. Los vestuarios son, en general, impecables, aunque se suele exagerar con lo vistoso como si la ropa de gala fuese la de todos los días. En cuanto a los actores, se ha preferido apelar a los gustos estéticos contemporáneos por sobre los de la época; pero esto es entendible en la mayoría de los casos.

En fin, para quien tenga estómago para algunas imágenes subidas de tono, ya sea por su morbo o por su erotismo, es una buena serie para adentrarse un poco más en la pérdida de la Merry Old England (como se lamenta uno de los personajes principales), eso que llamamos aquí “proceso revolucionario inglés”.



Gerard McSorley como Robert Aske, líder de la “Peregrinación de la Gracia” y uno de los mártires praetermissi de Inglaterra.
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viernes, 18 de marzo de 2011

Antes del fin

Copio a continuación un comentario enviado a Wanderer pero que nos quedó demasiado largo.



Efectivamente, no sé si los primeros cristianos nos envidiarían, como dice W., pero sí que ansiarían estar con nosotros —aunque más no sea porque cronológicamente estamos más cercas de los Últimos Tiempos—. Mientras difundían el Evangelio por todo el mundo conocido arriesgando (literalmente) la vida, anhelaban el pronto regreso del Cristo. Esto es evidentísimo en las Actas de los Mártires, especialmente en la historia de santas Perpetua y Felicitas, donde los paralelismos con el Apocalipsis son evidentes. Como bien, pronosticó Castellani el principal problema de nuestro cristianismo de hoy es pensar o vivir como si Cristo no fuera a volver. Vale decir que lo mismo (con otras palabras) pronosticaron los peritos de un reciente congreso sobre el Apocalipsis que tuvo lugar en el Vaticano.


Como ya comentamos en alguna oportunidad, y creo que en esto coincido con algunos comentaristas y (si no recuerdo mal) con el mismo W., esa inversión del orden natural de que habla W. (que incluye en primer lugar el falseamiento del principio de autoridad, empezando por la autoridad paterna que recuerda un anónimo), siendo elevada a la categoría de ley, es el katejón siendo retirado —de una forma que nuestros antepasados no pudieron prever puesto que atenta contra la misma evidencia de la razón y los sentidos—, es la destrucción de los últimos vestigios de Romanidad.
En cuanto a la persecución creo pueden darse las dos posibilidades: la de un martirio incruento en la forma de una marginación social creciente de los fieles (Castellani en algún lado [¿Cristo y los fariseos?] sostiene que ésta es la verdadera persecución), o la de un martirio cruento similar a lo ocurrido con los cristianos de los primeros tres siglos. Pero tal vez, este último sea en realidad el “typo” nomás.
En cuanto al Anticristo, es cierto, aun no lo “vemos”, pero eso no quiere decir que su espíritu no esté ya actuando en el mundo. ¿Será una persona de carne y hueso? Aun entre los teólogos de la historia de nuestro tiempo, como Castellani o Canals Vidal, para citar sólo dos, el asunto no está claro. Y si no es una persona física, tampoco es necesario que sea una nación, una etnia, un grupo… tal vez sea el espíritu de una época, un “ethos” particular. Tal vez sea todo lo anterior…
En cuanto a lo que dice Atilio, es probable que la persecución venga por ese lado. El último año, cuando se dio todo el escándalo de los curas pedófilos, numerosas voces salieron a acusar al cristianismo de ser “inhumano”, “bestial”, “anti-natural”, etc., incluso “dentro de la Iglesia”, entre curas y monjas que abogan porque se “libere” la doctrina moral. Creo que es genial lo que dice René Girard acerca de los “chivos expiatorios” y su función en la sociedad pagana, y qué es lo que puede suceder en el actual presente neopagano, donde se acusa al cristianismo justamente de aquello que ha ingresado al mundo gracias a él (la protección de los débiles, la eliminación de los linchamientos públicos, la conmiseración por las victimas, etc.). En la sociedad pagana, los sacrificios tenían como fin traer el equilibrio a la sociedad. Y vivimos en una sociedad mundial neopagana en busca de su equilibrio… y en busca de una victima que sacrificar.
También concuerdo con Atilio en que hay que observar lo que sucede en Medio Oriente. Tras la Revolución Francesa apareció un Napoleón, tras la Comunista, un Stalin. Estas supuestas revoluciones democratizadoras, al mismo tiempo, pueden que nos traigan a un nuevo Saladino (quien para los cristianos de Tierra Santa fue un verdadero anticristo menor). Estas “revoluciones” en países musulmanes, con apoyo de la ONU e, incluso, de parte de la jerarquía católica (L’Osservatore Romano, es un ejemplo no menor.), son algo para tener en cuenta. “¿Qué papel juega o jugará Israel en todo esto?” no es una pregunta menor.
En cuanto a lo que plantea Pippin, pienso que la apostasía profetizada quizás no sea un “pecado social”, sino más bien una “estructura de pecado” —al menos, si se entiende como una situación donde ya no tenemos posibilidad de elegir “el bien”, sino donde lo que predominan son opciones malas, donde quizá elegir “el bien”, conlleve el martirio social. Pienso en el ejemplo que ponen muchos. Imaginemos si criar a los hijos “a la manera tradicional”, llega a ser considerado una especie de conducta depravada (equivalente a lo que no hace mucho era no cumplir con la enseñanza primaria obligatoria) que habilita al Estado a retirar la patria potestad a los padres. ¿Qué elegiríamos? ¿Cómo actuaríamos? Quizá la jerarquía haga alguna pirueta para que los católicos nos mezclemos con “el mundo” (recordemos “Su Majestad Dulcinea” y como los obispos autorizaron el uso de la insignia que antes habían prohibido sobre la base de una curiosa pirueta teológica). Tal vez sea necesario desobedecer, aunque la perspectiva repugne a los anti-filo-lefes.
Y, efectivamente, como bien recuerda Ludovicus, tal vez esto que estamos viviendo (o recién comenzando a vivir) no sea más que el typo de otra cosa… la lista de anticristos menores del pasado que se creyó podían ser el verdadero es enorme (Dioclesiano, Atila, Saladino, Federico II, Lutero, Napoleón, Garibaldi…)
Hace bien Milkus al recordar a Tolkien y su “Señor de los Anillos”, obra que tiene mucho de “apocalíptica” aunque más no sea como el fin de una edad y el comienzo de otra. Como toda obra “eterna” debe ser alimento constante nuestro, especialmente en esta época, para no desesperar, para confiar en las profecías, para perseverar en nuestro camino, para no desfallecer, para no impacientarse, para no querer cortar el trigo y la paja…
El texto de Ratzinger es también muy valedero, aunque no sé si se aplica a este caso especifico. Por supuesto que el Apocalipsis y los demás textos “apocalípticos” en el Evangelio y las Epístolas, admiten una lectura espiritual y moral —como toda la Biblia, es cierto—. En cada uno de nosotros se repite, como “a escala”, la historia de la Salvación, con su Génesis y su Apocalipsis.
Y por esto es que una fe que mutila las profecías o que las transforma en algo hermético, cerrado, inaccesible, de imposible aplicación e interpretación, es una fe a la que le falta una pata. Una pata importante, la de la esperanza, no como algo utópico que está más allá del tiempo, sino también como algo presente aquí y ahora, y que de alguna forma se viene desenvolviendo. Casi la mitad de los Padres (como bien explicaba San Justino) creía que algunas de las promesas de Israel (especialmente las de Isaías) aun estaban por cumplirse o, mejor, por completarse. Lo mismo dice, para quien lo quiera entender, el Catecismo (nn. 674 et seq.).
Solo así, en “tensión escatológica” constante, los primeros cristianos pudieron soportar indecibles padecimientos. Solo así nosotros, creo, podremos soportar lo que se viene. Sea o no el último y final mamporro.
 


Sanctae Perpetua et Felicitas, orate pro nobis.
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miércoles, 4 de agosto de 2010

Preocupación: ¿Mártires latinoamericanos?

Leo recién en el último envío de AICA, agencia semi-oficial de los obispos, la siguiente noticia:

Memoria de los Mártires Latinoamericanos
Néuquen, 4 Ago. 10 (AICA)
Mons. Marcelo Melani

Mons. Marcelo Melani

Con sendas misas los dos obispos de Neuquén celebran hoy la memoria de los Mártires Latinoamericanos. La fecha del 4 de agosto fue elegida por coincidir con el fallecimiento del obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli. “Ante un nuevo 4 de agosto -dice una nota del Equipo Diocesano de Pastoral Social-, junto a nuestros Obispos, no solamente celebramos a nuestros mártires, sino que ante tantas expresiones de muerte, falta de valores, violencias, injusticias sociales, marginación y falta de posibilidades de vida digna para tantos, invitamos a profundizar nuestro compromiso para que cada creyente y cada ser humano de buena voluntad, nos convirtamos en luchadores por la vida, servidores de la verdad, constructores de justicia, sembradores de inclusión social, porque así seremos artesanos de verdadera paz”. El obispo diocesano, monseñor Marcelo Melani presidirá la Eucaristía en memoria de los mártires, a las 19.30 en la parroquia Nuestra Señora de Luján, de la localidad de Centenario. Por su parte el obispo coadjutor, monseñor Virginio Bressanelli SCJ, presidirá la celebración eucarística en memoria de los mártires latinoamericanos a las 19 en la catedral María Auxiliadora.+
Por supuesto que estos "mártires latinoamericanos" no son los mártires de Tlaxcala o los mártires rioplatenses, sino "todos nuestros hermanos y hermanas de nuestra Iglesia y de otros credos que han testimoniado hasta la muerte su compromiso con la vida". ¿En qué consistió ese "compromiso con la vida" que los haría acreedores de las palmas del martirio? Sería el haber sido "luchadores por la vida, servidores de la verdad, constructores de justicia, sembradores de inclusión social", según se desprende del comunicado en el fragmento citado por AICA más arriba.

Veamos quiénes son los integrantes de ese martirologio. Difícil es saberlo. Viendo fotos de las últimas celebraciones, aparecen banderas con el Che Guevara, o alusiones a Camilo Torres. Uno de los grupos que organiza estos "actos" (me niego a llamarlos "misas") son los "Servicios Koinonía", "Un punto de encuentro con la Teología y la Espiritualidad de la Liberación Latinoamericanas". Allí hay un "Martirologio Latinoamericano", donde podemos encontrar a personajes como el Cacique Coronilla (ejecutado durante las Guerras Calchaquíes por traidor a sus juramentos), el cura Mugica (reclutador de Montoneros), el cura Jorge Adur (capellán del "Ejército Montonero" [sic], que lucía con orgullo su rango de capitán), los Palotinos y, por supuesto, el "padre obispo" Angelelli.

Lo que sí sabemos es quién fue Angelelli. Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras, aquí dejamos una:


La foto, que se puede agrandar pinchando en ella, es del 8 de noviembre de 1973, y apareció en el diario El Independiente de La Rioja. Para esa fecha, los Montoneros, cuya insignia puede verse detrás del Padre-Obispo, habían secuestrado, torturado y asesinado al Gral. Aramburu, y asesinado en atentados al gremialista José Alonso, al subcomisario Sandoval, al político liberal Roberto Uzal, al comandante de Gendarmería Agarotti, al sindicalista Kloostermann, al empleado de Ford Giovanelli, el teniente 1º Cativa Tolosa y al sindicalista Rucci, además de bombas en facultades de la UBA (Derecho, Medicina, Odontología) y el Colegio Nacional de Rosario. Sin contar numerosos secuestros y robos a bancos y dependencias estatales, y la participación destacada del grupo terrorista en la llamada “masacre de Ezeiza”.

Angelelli falleció como consecuencia de un confuso incidente de tránsito ocurrido en una larga recta cuando retornaba a la ciudad capital de La Rioja desde Chamical, luego de participar del novenario de los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville. Según los testigos, como era su costumbre, Angelelli había tomado abundante vino junto al asado posterior a la celebración, hasta estar "machadito" (alegre).

Es preocupante que el obispo de Neuquén y su sucesor "celebren" a tamaño personaje. Es preocupante que el Card. Bergoglio haya mandado varias veces "recordar" en Misa a los "mártires palotinos" o que haya participado en "actos" en memoria de Mugica.

Desde que la Santa Sede admitió causas de martirio distintas al odium fidei tradicionalmente exigido (como los casos de Santa Benedicta de la Cruz y San Maximiliano María Kolbe, quienes tenían méritos suficientes para ser canonizados sin recurrir a esta triquiñuela), se abrió la caja de pandora...

Estamos viviendo en plena operación de "reconstrucción" de la memoria histórica desde dentro de la Iglesia. Preparémonos un día para ver a Camilo Torres en los altares, con su barba y su boina, fusil en mano. Preparémonos un día para ser fusilados por curas bolcheviques, cumpliendo la profecía de Bernanos...


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sábado, 14 de marzo de 2009

¿Laicismo o idolatría?

Los poderes mundiales están embriagados de la sangre de los mártires y sobre ellos ha descansado la gran ciudad. El poder político orgulloso, no cristiano, ha sido siempre anticristiano. Y ahora lo es también. Descristianiza y hace idolatrar como algo absoluto y definitivo lo humano, mediante un humanismo idolátrico y antiteístico ante el cual sucumbe —como un Molok ante el cual se hacían sacrificios humanos— la existencia reconocida de la persona individual y su libertad de albedrío. …

— Francisco Canals Vidal,
Mundo histórico y Reino de Dios
(Barcelona: Ediciones Scire, 2005).


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