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jueves, 23 de abril de 2009

Con Dios en Rusia

Joseph P. Bonchonsky
Columnista invitado
New Oxford Review
Noviembre de 2007

Joseph P. Bonchonsky es Presidente del Centro de Investigación Bizantino-Católico de los Estados Unidos en Mount Shasta (Estado de California), y autor de The Other Catholics, Obedient and Faithful.
El viaje de 23 años del sacerdote estadounidense Walter Ciszek, S.J., por la Unión Soviética es un ejemplo clásico del esfuerzo de los jesuitas que respondieron al llamado del Papa Pío XI de ir en ayuda de los ortodoxos rusos en los ’30. Los soviéticos habían reducido el sacerdocio ortodoxo ruso de 57.000 en 1917 a 5000 en 1939. Un total de 146.000 religiosos (sacerdotes, monjes, diáconos y monjas) habían sido reducidos a 15.500 tras el paso por el archipiélago gulag. Las muertes de decenas de millones de ortodoxos rusos obedientes y fieles es un sacrificio más de las iglesias apostólicas particulares de Cristo.

Pío XI estableció el Russicum, el Colegio Pontificio Ruso, en Roma con el propósito de preparar a los jesuitas que irían a ayudar a Rusia. Les respuesta fue tremenda en cuanto vinieron jesuitas de Inglaterra, Bélgica, Francia, los Estados Unidos, etc. para entrenarse en el Russicum. Entre las nuevas vocaciones estaba Walter Ciszek.

Nacido en Shenandoah (Estado de Pennsylvania), en 1904, el P. Ciszek fue el único jesuita estadounidense que respondió al llamado de Pío XII y que regresó vivo de la Unión Soviética. Estuvo prisionero por casi 23 años —cinco en la infame prisión de Lubianka en Moscú y diez en un archipiélago gulag más al norte en Siberia. Unos ocho años adicionales lo econtraron al P. Ciszek restringido por el comunismo ateo a las ciudades de Norilsk, Dudinka, Krasnoyarsk y Abakan. El viaje del P. Ciszek puede leers en dos libros “With God in Russia” y “He Leadeth Me”; el primero (Con Dios en Rusia) detalla su primera travesía y posterior viaje espiritual. Los viajes del P. Ciszek son, ellos mismos, la historia de lo que un hombre hizo para asistir a miles de ortodoxos rusos en las horas más oscuras. Doce años después de la muerte en 1984 del P. Ciszek, se enviaron a Roma los papeles de la causa de canonización. Esos documentos habían sido preparados por la Universidad de Scranton y los monasterios carmelitas bizantinos de Sugarloaf y Shenandoah. Tuve el honor de hospedar al P. Ciszek durante una gira de 30 conferencias por el sur de California en 1964, dos años después de que el presidente John F. Kennedy intercambiara a un espía soviético por el P. Ciszek. Se hizo evidente porqué su causa de canonización ha alcanzado Roma.

El P. Ciszek es un ejemplo heroico del acto fraternal que la Iglesia Romana extendió hacia la Iglesia Ortodoxa. La Iglesia Ortodoxa Rusa, en menos de 800 años, se convirtió en la más grande iglesia ortodoxa del mundo. Sus 54.000 iglesias, 550 monasterios, 450 conventos, 61 seminarios y 41.000 escuelas religiosas ilustran la profundidad y aspiraciones de la Fe en la Madre Rusia antes de la revolución comunista atea. Que menos de 500 comunistas fanáticos tuvieran éxito en subvertir toda una nación profundamente cristiana, es una lección para recordar. Décadas de pobreza, desempleo, diferencias de clase y conducción nacional mal dirigida convirtieron a la nación en una fácil presa de la revolución. La historia de la Rusia del siglo XX es el estudio de todas las naciones que se posicionan por la tiranía.

El gesto de Pío XI de enviar su pelotón de marines, los jesuitas, a Rusia en los ’30 para ayudar a la Iglesia Ortodoxa Rusa a sobrevivir en su hora de mayor necesidad es significativo porque estos valerosos soldados modernos de Cristo sólo tenían un objetivo: ayudar a sus hermanos cristianos. Aunque haya sido un pequeño pelotón de sacerdotes, el gesto es invalorable.

En 1945 los soviéticos comenzaron oficialmente a poner fin a la Iglesia Bizantina Católica de Rusyn en Checoslovaquia. Los sacerdotes católicos fueron asesinados, incluyen el obispo Theodore G. Romzha que, contradiciendo las órdenes soviéticas de 1945, continuó dirigiendo y sirviendo abiertamente a su gente. Los archivos secretos de Nikita Khrushchev revelan que él personalmente ordenó el envenenamiento de este valiente líder religioso de los bizantinos católicos de Rusyn. Los obispos bizantinos católicos de Rusyn, Theodore G. Romzha, Vasil Hopko y Pavel P. Gojdich fueron declarados mártires y beatificados el 27 de junio de 2001 por el papa Juan Pablo II. Los restantes sacerdotes bizantinos católicos de Rusyn obedientes y fieles tuvieron que exiliarse. Algunos se mantuvieron activos en la clandestinidad, pero muy pocos sobrevivieron para atestiguar una de las reconstrucciones más importante de los tiempos modernos unas décadas después.

Los bizantinos católicos de Rusyn son conocidos como rutenos por la Iglesia Católica y son una de las nueve iglesias católicas bizantinas sui iuris (autárquicas) de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Los soviéticos transfirieron los edificios de la Iglesia Bizantina Católica de Rusyn a la Iglesia Ortodoxa local y el edificio del histórico seminario de Uzhorod (hoy en Podkarpatska Rus Oblast, Ucrania) fue convertido en una depósito. Hoy, en Eslovaquia, casi todas las parroquias se han recuperado, los seminarios reconstruidos están llenos y cada parroquia tiene al menos un sacerdote. De hecho, por cada seminarista en Presov, Eslovaquia (y en Uzhorod, Ucrania), hay dos candidatos esperando a ser admitidos.

Hoy, la Iglesia Ortodoxa Rusa también está atravesando por un período de renacimiento. Los edificios eclesiásticos están siendo restaurados y los seminarios, monasterios, conventos y escuelas religiosas aumentan su número constantemente. Los sacerdotes diocesanos son ordenados en grandes cantidades. La tragedia es que los rusos han perdido más de tres generaciones (70 años) de enseñanza cristiana y el camino está cruzado de obstáculos pesados—pobreza, empleo en negro, codicia empresarial e importantes diferencias de clase entre los ricos y los pobres. La vida en la Rusia de hoy está llena del aura anterior a 1917.

La esperanza real de la Madre Rusia está en la Iglesia Ortodoxa Rusa y su capacidad de enseñanza. Todo acto concebible de asistencia a la Iglesia Ortodoxa es un deber. La Iglesia Ortodoxa Rusa alcanza a las iglesias rusas de la diáspora, cuyos miembros se cuentan en millones y continúan con una fuerte alianza con las otras iglesias ortodoxas. El futuro de la Iglesia Ortodoxa Rusa es brillante en cuanto las alianzas actuales son una oportunidad de crecimiento.

Desafortunadamente, la Iglesia Católica Romana no está en posición de proveer asistencia material, amenazada como está por la falta de sacerdotes, los déficits financieros (tal como los cientos de millones de dólares perdidos en las casos de pedofilia), la tendencia decreciente de la Europa católica, etc. Muchas de las otras iglesias ortodoxas están con demasiadas dificultades financieras como para asistir. Adicionalmente, las iglesias no apostólicas invaden Rusia con ofertas de apoyo, aunque poseen sus propios planes. El cristianismo dividido es un cristianismo débil.

El principal apoyo que las otras iglesias ortodoxas y la Iglesia Romana pueden ofrecer es una alianza. Una alianza entre Roma y Constantinopla proporciona el potencial para un crecimiento mundial en fuerza que se oponga a todas las opresiones, especialmente en Medio Oriente.

Actualmente, la falta de una alianza mundial de la Iglesia es la causa raigal de la incapacidad para oponerse con fuerza a los males del hombre. La fuerza en los números es el garrote que advertiría a otros que busquen oprimir a sus fieles por la fuerza. Los católicos y ortodoxos, divididos por un milenio, han visto en ese tiempo una oposición creciente y de fanatismos variados. La fuerza de nuestra Fe cristiana es la capacidad de ser obediente y fiel para rezar juntos y cooperar entre nosotros para oponernos al mal.

La Iglesia Ortodoxa Rusa, como la más grande de las iglesias ortodoxas, está posicionada como para ser instrumental en la alianza entre los romanos y los ortodoxos. Su existencia obediente y fiel es un verdadero ejemplo heroico del seguimiento de las instrucciones de Cristo. La Madre Rusia es un vasto espacio de tierra con un desafío de increíbles proporciones, y la Iglesia Ortodoxa Rusa proveerá la fuerza y la voluntad para reconvertir la nación.

Las otras iglesias ortodoxas y la Iglesia Romana de alguna forma deben asistir a la Iglesia Ortodoxa Rusa en sus desafíos. Roma y Constantinopla están ambas al tanto de la importancia significativa de la Iglesia Ortodoxa Rusa y apoyan pacientemente la renovación desde las profundidades de la crueldad arrojada sobre Rusia por los comunistas ateos. Rusia es fuerte debido a su Iglesia Ortodoxa, y allí subyace el futuro de la Madre Rusia. Un pueblo con una gran historia de supervivencia y un pueblo con una increíble potencial voluntad de influencia al mundo por medio de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

FINIS




Bellísimo iconostasio de la
Catedral Católica de Rito Bizantino en Uzhorod (Ucrania).
[Fuente: fotos en Flickr de Grkat.net]

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